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martes, 16 de octubre de 2012

Poblado Dirigido de Fuencarral II


Aquel era un buen barrio. No porque fuera mejor o peor que otros de viviendas sociales que se construyeron por aquella época y aún después, sino porque se había hecho con una gran calidad urbanística y un diseño innovador para la época. Desgraciadamente, con el tiempo se fue desfigurando por la intervención de los vecinos que en cuanto mejoró su nivel económico empezaron a invertir en obras que no hacían más que modificar la fisonomía de los edificios y  romper la uniformidad, creando un amasijo de nuevas ventanas, nuevas mamparas de aluminio de diversos colores, cerrando huecos o abriendo otros nuevos. 
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Antes de eso, recuerdo los primeros años, allá por los sesenta, como los años en que se produjo el acceso a una modernidad que hasta entonces no habíamos conocido. Una vez que se terminaron las obras de urbanización, varios años después de empezar a vivir en él, y después de que se ajardinara y se plantaran árboles por todas las calles, el barrio llegó a ser un sitio donde se podía vivir con una cierta calidad de vida. Recuerdo la primera vez que divisé desde allí la línea lejana de luces de la carretera de La Coruña que acababa de ser iluminada. En aquellos años se construyó al otro lado de la vía la urbanización de Mirasierra dónde, por aquel entonces, en sus caros chalets sólo podían vivir los americanos que estaban destacados en la base de Torrejón. Conocimos la forma de vida de aquella gente, el mismo american-way-of-live que se podía observar en las películas y series americanas.
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De alguna manera era un oasis en medio de una ciudad en la que la vida era tan gris como los edificios del centro que siempre recuerdo de un color tirando a negro, tiznados de los humos de los coches, de la humedad y de la escasez de pintura en las fachadas. Negras sotanas de curas vestían nuestros profesores de bachillerato y grises policías nos perseguían después por la universidad. Cuando íbamos al centro decíamos que íbamos a Madrid, como si el barrio estuviera en otra provincia. 
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Me gustaban especialmente los centros comerciales que habían creado. Tres centros se construyeron por todo el barrio. Eran como los "plaza" que se construyen en los Estados Unidos. Con una cubierta ligera, muy abierto en los frentes y con cristales en el techo, daba una gran sensación de aire libre y al tiempo protección. Cuando se ponía a llover nos refugiábamos en ellos para no mojarnos.


Fotos tomadas de la red.

1 comentario:

Mari dijo...

Me gustaban mucho los mercados. Cuando era pequeña me parecía enormes. Siempre llenos de gente, fundamentalmente mujeres y niños; los hombres en esa época no iban a la compra.