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jueves, 4 de octubre de 2012

Opinión de la prensa americana. Ahora sí.

De modo que todo el mundo habla de lo que piensa la prensa alemana por un artículo que es una mentira, un burdo montaje de manipulación y no se habla tanto de lo que piensa la prensa americana, esto sí, en un editorial que el New York Times dedica a la crisis española, según informaba el martes El País.
Su análisis no coincide con el del manipulador Roberto Centeno pero es muy interesante. Resume la causa de la crisis en la burbuja inmobiliaria y los excesos de crédito y avisa de que por el camino de la austeridad el Estado no va a recaudar los recursos necesarios y la crisis se va a agravar, como estamos viendo.  









Editorial
Protestas españolas, Recetas alemanas

Los manifestantes han estado llenando las calles de las capitales del sur de Europa, (en numero demasiado elevado para que los políticos lo ignoren), en protesta por las últimas medidas económicas de austeridad. Cientos de miles han salido en Lisboa, Madrid y Atenas, y otras manifestaciones se producirán en los próximos días.
La paciencia del público se está agotando por las políticas de austeridad exigidas por el gobierno alemán y los líderes de la Unión Europea, que han fracasado ostensiblemente en su objetivo declarado de reducir la carga de la deuda y preparar el camino para la recuperación económica. Por el contrario, es evidente que estas medidas están acelerando el hundimiento de los niveles de empleo y dañando los programas de seguridad social cuando más se necesitan.
La atención se centra ahora en España, donde el primer ministro Mariano Rajoy está tratando de hacer nuevos recortes presupuestarios, sin provocar nuevas explosiones de cólera y sin alimentar la retórica separatista en las regiones conflictivas como Cataluña, centro económico del país. Pero la mezcla de nuevos recortes en los servicios públicos, las congelaciones salariales y los aumentos de impuestos que el señor Rajoy anunció la semana pasada, con toda seguridad harán que tanto la situación política como la económica empeoren. Los expertos pronostican ahora un segundo año consecutivo de crecimiento negativo en España para 2013, con un desempleo, superior al 25 por ciento, que es más del doble de la media de la Unión Europea.
Sin embargo si no se continúa en la senda autodestructiva de la economía española, (que precisaría de un milagro para conseguir nuevos ingresos fiscales que permitieran cumplir con las metas poco realistas de los presupuestos), Alemania amenaza con retrasar la desesperadamente necesaria unión bancaria europea que ayudaría a recapitalizar los bancos españoles en bancarrota. A diferencia de Grecia y Portugal, España, hasta el momento, evitó un rescate formal por la Unión Europea. Eso le da un poco más de libertad para establecer su propio curso económico. Pero el señor Rajoy no es realmente un actor libre. Sin el permiso alemán para aprobar la unión bancaria europea, España, también, se verá pronto obligada a solicitar un acuerdo sobre el rescate de la deuda vinculante.
Los actuales problemas de deuda en España no son el resultado de los gastos excesivos del gobierno durante los años de bonanza. Proceden de la abrupta explosión de una imprudente  burbuja inmobiliaria en el sector privado, propiciada por un crédito artificialmente barato. El estallido de esa burbuja acabó con millones de puestos de trabajo en España, arrastrando hacia abajo los ingresos fiscales y el gasto del consumo. También obligó al gobierno a prometer miles de millones de euros que no tenía y de los que ya no podrá disponer para rescatar su tambaleante sistema bancario. Nuevos despidos de trabajadores que aún conservan su empleo así como recortes a su poder adquisitivo no traerán la recuperación. Solo traerán más miseria y confusión.
El Sr. Rajoy también quiere frenar el gasto de los 17 gobiernos regionales de España, que pagan una gran parte de los costes de atención a la salud y a la educación. Los gobiernos regionales despilfarraron miles de millones en inútiles proyectos de obras públicas durante los años de auge. Pero ese dinero se perdió y la salud y la educación no deben estar sujetos a grandes recortes, ni aún en tiempos difíciles.
Tampoco una profunda recesión es el momento para abordar los problemas a largo plazo de los costes de las pensiones y de la demografía descendente de una población que envejece. Con las prestaciones de desempleo acabándose para muchos de los desempleados de larga duración, los pagos de pensiones son la principal fuente de ingresos que queda para cientos de miles de familias extensas.  
Ya no le quedan muchos sitios de donde recortar fácilmente servicios o gastos sin correr el riesgo de desastre social. La historia es muy similar en Grecia y Portugal.
El tiempo se está acabando. Sólo un cambio radical en las políticas económicas puede salvar el euro. Los líderes europeos, (sobre todo la canciller de Alemania Angela Merkel), tienen que reconocer que la vuelta de la zona euro a la solvencia requerirá renovados esfuerzos para fomentar el crecimiento económico a través de metas presupuestarias menos rígidas y no continuando por la senda de la austeridad impuesta a los gobiernos que reciben las presiones de Berlín y Bruselas.  
traducción: Manuel Larios.

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