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sábado, 6 de agosto de 2011

Cuaderno de ruta II

JUEVES 4 DE AGOSTO




De la villa de Isaba, en el valle del Roncal, nos pasamos a Ochagavía, donde instalamos nuestro campamento para estar más cerca de la selva de Irati.
La mejor manera de empezar la visita al inmenso bosque mixto es subir a la sierra de Abodi, que cierra Irati al sur, (lo mismo que los Pirineos lo cierran al norte). Iniciamos la ruta señalizada en el alto de Tapla, que es el punto donde la carretera pasa esta sierra. Tras un ascenso de 150 m. bastante fuerte, la ruta recorre la cuerda de la sierra como si sobrevolaras el bosque de Irati. Desde allí se observa el embalse de Irabia, los ríos y valles que bajan hacia él y, especialmente, la masa enorme de bosque de hayas y abetos que forman la selva.
Después hicimos otra ruta señalizada, que realiza el ascenso Goñiburu. Como se hacía tarde, nos conformamos con coronar el Goñiburutxikina, 60 m. más bajo, pero desde el cual también se disfruta de buenas vistas sobre el bosque. 

VIERNES 5 DE AGOSTO



Lo primero que impresiona al llegar al parking de Casas de Irati es el magnífico río Urtxuria. Un río alpino con una gran corriente de agua que baja saltando las alturas de estos montes.
Primero hicimos la senda del río Urbeltza, uno de los que confluyen en el parking y de los que bajan juntos hacia la presa. Al poco de iniciar el camino nos sorprende la presencia de unas setas: boletus edulis y níscalos. Estos últimos resultan ser los lactarius salmonicolor. Como aquí esto de la recolección está muy controlado y la zona está acotada para los hongos, no los cogemos. También vemos muchas russulas, y algunas russula cyanoxanta, que dicen que es la mejor, aunque nosotros todavía no las cogemos por no conocerlas suficientemente, ya que hay muchas variantes de la especie.
Hacemos después el ascenso hasta la presa de Koixta que recorre una gran extensión del bosque. Hay unos tramos que presentan cierta dificultad, pues se trata de una estrecha senda sobre una pendiente muy pronunciada por lo que hay que pasar con mucho cuidado, despacio. No obstante, la ascensión merece la pena. A la vuelta hay que subir un tramo más, con lo que acabamos la jornada con más de 700 m. de ascensión y 18 km. de marcha por terrenos montañosos y complicados. En mitad del descenso se pasa junto al mirador de Akerreria, de magníficas vistas sobre el valle.
Por desgracia, los níscalos de abeto no están tan buenos como los de pinar, pero los boetus sí. Solamente probarlos en carpaccio con un poco de aceite, vinagre de módena y sal, ya te regala la boca de sabores, aunque después del cansancio propio de la ruta tuvimos que entretenernos en preparar los carpóforos.


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