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martes, 24 de agosto de 2010

Potencias menguantes

Cuando acabe este huracán de la vieja derecha se habrán roto tantas cosas en Europa que no sé si podremos reconstruirla de nuevo, como se hizo cuando hubo terminado el de los años treinta. Y digo vieja derecha aunque alguien sucumba a los encantos de la primera dama francesa y piense que la nueva república que se está construyendo pueda tener algo de glamur y de novedoso, porque en realidad es un tema muy viejo. Es una derecha de mercadillo de antigüedades, es un “brocante” que vende lo de siempre: el mismo producto repugnante. Se empieza defendiendo la comodidad burguesa; Se gana el aprecio de la pequeña burguesía que se une por emulación a la causa; por último, cuando sectores de la clase obrera más próximos al lumpen marginal que a otra cosa se vuelcan en defenderles, para entonces, la guerra está ganada. Un viejo fantasma recorre Europa de nuevo: el fantasma de la barbarie.

En el anterior, se decía que la culpa de todo la tenían los judíos. En este temporal que nos arrasa la culpa de todo la tienen los inmigrantes. Da igual. Consiste en convertir en culpables a los más débiles, en criminalizar a las razas. Todos despreciamos a los delincuentes y nos sentimos agredidos por sus actos. Cuando sabemos que alguien entró en una casa para robarla y que cometió todo tipo de atropellos sentimos que la próxima puede ser la nuestra. Si el delincuente es uno de los nuestros no pasa nada. Siempre hay ovejas negras en todas las familias. Pero, si el delincuente resulta ser extranjero y más aún, de alguna raza en especial, entonces el tema está muy claro: son ellos los culpables de “esta situación”. Y el concepto de “esta situación” es muy ambiguo, muy amplio. Todo, al final, es culpa de ellos: la crisis económica, la relajación de las costumbres civilizadas, todo. Hay un paso entre despreciar a los delincuentes y despreciar a una raza a la que se le atribuyen cualidades denostables. Ese paso es el prejuicio, que da por sentado el hecho de que “todos” los integrantes de esa raza son delincuentes.

Todos los que leemos periódicos sabemos que Berlusconi es el mayor delincuente de Italia y uno de los más grandes de Europa, aunque no entre en nuestras casas a robarnos. Por eso es presidente del gobierno, porque de lo contrario ya lo habrían metido en la cárcel y así lo evita. Pero el caso de Francia es distinto. En Francia se inventó el estado moderno, el estado civilizado, más allá de los reinos y de los súbditos. La República Francesa se fundó para establecer el triunfo de la racionalidad por encima de los mitos del pasado. Sabemos las muchas traiciones que los franceses hicieron después a ese espíritu fundacional republicano, pero lo que ha hecho ahora el presidente del gobierno francés le convierte en un ser de naturaleza política menguante (1). El caso de Sarkozy con los inmigrantes es más llamativo. Nicolas Paul Stéphane Sarkozy de Nagy-Bocsa, hijo de un exiliado húngaro de nombre Nagybócsai Sárközy Pál, que por su origen nobiliario huye de los comunistas, y de una burguesa judía, no parece el más indicado para centrar sus odios en los que tienen sus orígenes familiares lejanos a la República Francesa, pero el interés político está por encima de todo. ¡Qué le vamos a hacer! Lo primero es lo primero.

Tenemos experiencia histórica, de modo que ya sabemos cómo acaban estos huracanes. Por otro lado, la decadencia europea parece imparable, porque tiene su base en una decadencia económica, así que solo nos falta conocer los detalles.

¿Serán los chinos los que ahora vengan a liberar a Europa de sus fantasmas? Son la potencia emergente, como en los años cuarenta lo eran los EE.UU.

Me imagino un futuro de chop suey y de bazares todo a 2 €. Claro que para entonces habrá subido a 10 ó 20 €.

¡Qué pena de Europa! ¡Qué pequeña se está quedando!

(1) Ahora que lo pienso, tal vez Sarkozy sea el amante menguante de la película “hable con ella” de Almodóvar, el que pasea por el cuerpo de su amada como si se tratara de un paisaje. He tenido una visión en ese sentido.

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