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martes, 10 de agosto de 2010

El Birdwatching y la ropa tendida.


El otro día hablaba mi amigo Enrique Falcó en su blog de las palomas y las sucias consecuencias de su proliferación en las ciudades. Como siempre, me gustó su comentario y quise contestarle. No puede hacerlo por lo que fuera y esperé a tener tiempo. Ahora se me ocurre dedicar un rato a contestarle y me enrollaré como las persianas. Yo soy así, qué le voy a hacer.

Una de mis aficiones no tiene nombre. Vamos a ver, no quiero decir que sea una actividad inconfesable, lo que quiero decir es que esto que me gusta a mí es tan poco habitual en este país que ni siquiera hay en castellano una palabra para definirlo. Me estoy refiriendo al birdwatching, que le llaman en Inglaterra, o birding, según se conoce en los EE.UU. En Latinoamérica traducen birding por pajareo y así aparece en la entrada en español de la wikipedia sobre esta afición. A mí pajareo no me gusta, lo siento, parece como si tuviera otras connotaciones. Pajarero aparece en nuestra tradición cultural referido a Papageno, (el personaje de “La flauta mágica” de Mozart),en alemán Vogelfänger, que quiere decir, además de pajarero, el que caza los pájaros. Así que no encuentro palabras, como digo. Alguien podría decir: en español se dice ornitólogo. Pues no señor, ornitología es una disciplina científica, una cosa seria, una rama de la biología que se dedica al estudio de las aves y yo estoy hablando de una afición, que consiste más en salir al campo a pasear que en otra cosa. Las herramientas que utiliza el birdwatching son fundamentalmente prismáticos binoculares, telescopios colocados sobre un trípode y esas guías de campo que se llaman: aves de Europa y España. Nada que ver con la erudición del estudioso en la materia. Lo dejaremos así. Lo que quiero decir es que el que a mí me interese en un momento dado una cosa no significa que sea un experto en esa materia. Doctores tiene la Iglesia. No obstante, de tanto observar y observar, uno saca sus conclusiones sobre el mundo de las aves.

Las palomas que actualmente llenan nuestras ciudades son palomas domésticas que han triunfado en su tarea reproductiva por dos cosas: no tienen depredadores y encuentran comida por doquier. Las palomas salvajes, las que se encuentran en la naturaleza, son las palomas torcaces, las tórtolas y las palomas zuritas. Hace pocos años, en Badajoz existían ya muchas de estas palomas domésticas por la zona de San Roque, barrio periférico, casi suburbano, en el que mucha gente vive en casas unifamiliares que tienen en su parte alta una terraza que cubre el edificio. Una vez que la gente culmina la construcción de estas casas se queda con una sensación de vacío, como de no saber qué hacer con su vida después de años de autoconstrucción, en los que el trabajo de la edificación se había convertido en un hobby. Pues bien, en estos casos, la gente suele construir nuevas edificaciones sobre las ya existentes y construye sobre las terrazas más trasteros, almacenes pequeños y cualquier tipo de construcción menor que le permita seguir disfrutando del vicio de la construcción. Entre estos habitáculos y a falta de otras necesidades, mucha gente construyó en esta zona de San Roque sus palomares, donde criaban estas aves domésticas. Desde estas casas de la periferia y, por las razones expuestas, las palomas se fueron extendiendo por la ciudad (y seguirán haciéndolo hasta acabar llenándolo todo de sus excrementos).

En su comentario, Enrique llamaba ratas del aire a las palomas. Está muy bien llamado, porque las palomas (domésticas) son como las ratas. Fundamentalmente porque son animales con un comportamiento que los expertos califican de oportunista. Esto no quiere decir que sean como los políticos, los rateros o los amigos que van dando sablazos, simplemente quiere decir que su alimentación es muy variada y que se adaptan a las circunstancias, lo cual es un síntoma de inteligencia. Los animales que no son oportunistas son especialistas, es decir sólo se alimentan de una determinada manera. Éstos últimos, dependen de que determinado hábitat se mantenga, lo cual, en los tiempos que corren, es difícil. Por ejemplo, uno de los problemas para la supervivencia del lince ibérico, aparte de otros muchos, es que se alimenta casi exclusivamente de conejos y cuando éstos empezaron a escasear por la mixomatosis aumentaron las dificultades para la supervivencia de los linces. El problema es que cuando se degradan los hábitats naturales por la acción del hombre empiezan a desaparecer especies, se pierde la diversidad biológica (biodiversidad) y, al final, sólo quedan los oportunistas. Entre las aves son oportunistas: los gorriones, las cigüeñas y las palomas. Es significativo que cuando en el campo se ven proliferar los córvidos, (que son en general oportunistas), como las urracas, las grajillas, las grajas y otrtos, podemos suponer que en la zona hay poca biodiversidad, como sucede en muchas regiones de Europa con ecosistemas más degradados en su diversidad que los nuestros. Así que la proliferación de los oportunistas es un síntoma de esta degradación.

Con esto de las palomas uno ha constado un hecho curioso que viene a demostrar lo anterior. Desde que me fui a vivir al bloque donde ahora resido existían en la cubierta del edificio una o varias parejas de cernícalos primilla. Estas aves son unas pequeñas rapaces que en ocasiones hacen sus nidos en los pueblos y ciudades y se hacen urbanas. Hay muchas en Badajoz, pero he visto muchas más en pueblos como Alburquerque donde son muy numerosas. Todas las primaveras volvían y criaban en la cubierta de mi edificio. Un año dejamos de verlos. Seguramente alguien los detectó y le pareció que debía echarlos de allí, que eran unos usurpadores de espacios que pertenecían exclusivamente a la Comunidad de Propietarios. Pues bien, desde que no vienen los cernícalos vienen las palomas. Esas pequeñas rapaces debían de ser suficientes para ahuyentarlas. Los cernícalos no ocasionaban ningún perjuicio y eran sólo una pareja con sus crías. Ahora tenemos cientos de palomas que cagan encima de la ropa tendida, que se posan en los vierteaguas de las ventanas y que con sus ronroneos no nos dejan dormir la siesta. Así que, o tenemos biodiversidad o tenemos proliferación de oportunistas. Y oportunistas son las ratas, las cucarachas y las palomas.

Aunque el oportunista más grande que ha dado la naturaleza, con diferencia, es el ser humano.







1 comentario:

Enrique Falcó dijo...

Genial Manolo!!!! Yo no sé si serán oportunistas o no las palomas, pero lo que es a mi...me dan un asco que pa qué!!!