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viernes, 20 de agosto de 2010

Riadas.

De las desgracias y de los errores se debe de aprender porque si no se seguirán repitiendo. Hemos defendido en este blog que en España se gasta demasiado dinero en grandes infraestructuras que son la admiración del “mundo mundial” y que, por ese motivo, se desatienden otras que, por ser más elementales, deberían ser prioritarias. Pero claro, a nuestros políticos se les llenan los partidos de votos con estas cosas y el público español, reconozcámoslo, carece de la formación suficiente para analizar la realidad sin dejarse llevar por cuestiones de orgullo mal entendido: el país del mundo con más kilómetros de “Alta Velocidad”... Y con la peor infraestructura ferroviaria de Europa.
Viene de nuevo esta reflexión con motivo de lo que ha acaecido esta semana, me refiero a las desgraciadas riadas que se han producido en Andalucía con motivo de unas tormentas de verano. ¿Cómo es posible que hayan perdido la vida tres personas y que se hayan producido riadas como las que hemos visto atónitos en las imágenes de la TV, ocasionando tantos destrozos?
Según nuestra opinión existe una inevitabilidad de las catástrofes que debemos asumir. Siempre ha habido catástrofes y las seguirá habiendo. El hombre lo único que puede es minimizarlas o aumentarlas. Nuestra tesis es que, en este caso, las catástrofes se han producido de forma tan desmesurada por la intervención humana. Veamos.
Para conocer las circunstancias que han rodeado estos hechos hemos tomado la última localidad que nos ha presentado la TV y con los medios de que disponemos hemos observado su situación y circunstancias.

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FOTO 1. Google Earth. Algámitas (Sevilla). Cualquiera lo puede ver entrando en Google Earth.

Vemos que se trata de uno de los típicos entornos naturales del sur de España muy afectados por la pérdida de masa vegetal. Se pueden apreciar, en primer lugar, unos cultivos dispersos, que pueden ser olivos o vides. Entre planta y planta se aprecia una gran cantidad de terreno sin vegetación. El resto de las fincas son terrenos que o bien son barbechos de sembrados de cereales ya segados o bien se trata de eriales semidesérticos, un tipo de terreno que avanza cada vez más en nuestro país. Posiblemente se trate de esto último. En la foto aérea se aprecia la erosión profunda que producen las torrenteras y los arroyos que dejan su marca en el terreno. Como recordatorio de lo que fue y de lo que ya no es vemos una mancha verde en la parte inferior izquierda de la fotografía que, tal vez, nos señale lo que eran estos suelos antes de que la intervención humana los dejara en el estado en que ahora se encuentran. Un caso muy típico de estos suelos son los que quedan después del incendio de un pinar. En los años siguientes al incendio son frecuentes las inundaciones.

Destacamos estos suelos áridos porque las precipitaciones muy abundantes al caer en ellos no encuentran el freno de una vegetación que absorba parte de la precipitación. Toda el agua que cae, (mejor dicho, la mayor parte de ella), escurre y se va acumulando según desciende de los riscos hacia la parte más baja. Vemos que, además, la población de Algámitas se debe de encontrar en una de las partes bajas de estos torrentes, posiblemente fue un arroyo. En efecto, la calle central de la población se llama Calle del Arroyo.


FOTO 2. Google Maps. Algámitas. Calle El Saucejo.

Entramos por la Carretera de la Pruna, (a través del Street View de Google Maps), y observamos una carretera, que al llegar al pueblo se va encajando entre terrenos urbanizados, todo ello hormigonado. La carretera desagua vertiendo hacia las cunetas, pero al llegar a la población el agua se encajona en las calles y la única forma de evacuar es a través de un sistema de alcantarillado de aguas pluviales. Recorremos esta entrada al pueblo y no vemos ningún imbornal o rejilla que recoja las aguas durante tramos bien largos. Cuando por fin vemos alguno, se trata de sistemas que se evidencian como artesanales: rejillas construidas por herreros locales con delgados perfiles de acero negro. Se evidencia una falta total de planificación, de cálculo, de sistematización de la evacuación de pluviales. Véase en la foto tomada en la citada calle junto al consabido bar “La Parada”, en la que a la derecha de la muchacha anónima que cruza en ese momento, (a la izquieda en la imagen),  existe una rejilla, una de las pocas que encontramos, que está colocada de tal manera que no recibirá las aguas, o sólo una porción de ellas. Nótese lo que decimos del diseño artesanal del artefacto.


FOTO 3. Google Maps. Una calle cualquiera de Zurich, Suiza.

Hemos escogido esta foto por las razones que luego diremos. Véase en la parte inferior derecha el imbornal bien fabricado en fundición, el que existe en la otra acera a la izquierda de la foto, la disposición periódica de los mismos, (en el paso de cebras hay otro), la limpieza, el mantenimiento, el orden. Zurich es una de las dos ciudades en las que el famoso arquitecto e ingeniero Santiago Calatrava tiene un estudio, la otra es Valencia. Ni en Zurich ni en toda Suiza, (uno de los países más ricos del mundo), ha recibido el valenciano el encargo de un solo puente. Los puentes de Calatrava son espectaculares y se construyen sin controlar su coste. En este país prefieren que las cosas funcionen a impresionar al mundo. No lo necesitan. Uno ha visto una tormenta imponente en Basilea y ha comprobado asombrado como los generosos imbornales se tragaban toda el agua que el cielo quisiera enviar.
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De manera que el hombre interviene en la naturaleza, pero esta intervención puede ser adecuada o inadecuada. En la población de Algámitas vemos la imagen de las típicas urbanizaciones realizadas con los fondos que durante años se destinaron al P.E.R. para entretener a los parados echando hormigón en las calles, como si urbanizar fueran eso. Estas calles, antaño de barro, adsorbían parte del agua que caía. Eso no quiere decir que estuvieran mejor así. Lo que quiere decir es que cuando se hacen obras hay que hacerlas bien, porque las cosas tienen consecuencias, como las que acabamos de ver atónitos en las imágenes. También afirmamos con toda la rotundidad que nos esté permitida que la financiación pública de obras faraónicas no sólo es una horterada sino una grave irresponsabilidad pues ello impide hacer las obras que serían necesarias y no se hacen por falta de fondos.

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 Otro día hablaremos del cambio climático y sus efectos sobre las precipitaciones.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sólo tienes que visitar el enlace del plan de ordenación urbanística de Algámitas 2008 y el de impacto ambiental para darte cuenta de la ineficaz actuación de las mismas.