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viernes, 21 de septiembre de 2012

Campanadas


Puedes sentarte a pensar que la vida es poco para ti, que vas a salir fuera y te vas a comer el mundo o que nadie te va a parar porque te has propuesto arrasarlo todo; pero al final el tiempo ha pasado y no lo has hecho. Ahí, sentado. Se fue. Puede pasar. Y también puede pasar que te digas que no hay nada que perder porque no hay nada que ganar, solamente los barrenderos que pasan por tu calle arrastrando su cepillo y los gorriones que se esconden en las acacias esperando a que caiga la tarde. Mejor será que te levantes, que te quites esas zapatillas de estar por casa y que te pongas a andar. Sí, como en esa película de Buñuel, (El discreto encanto de la burguesía, creo que se llamaba), en la que la gente andaba y andaba y no podía parar, aunque no sabían por qué lo hacían. Eso es lo que tienes que hacer, bajar las escaleras y salir a la calle. Pero tu mente te traiciona, porque antes de hacerlo piensas: ¿qué haré después, cuando esté allí abajo? Ese es el tipo de cosas que no debes de pensar. Mejor actúa. Nada de teorías.
Por fin has salido. La mujer del quiosco de prensa no tenía lo que le has pedido. Nadie te da lo que le pides. ¿Será porque te falta convicción a la hora de hacerlo o que no te entienden cuando dices que quieres que se acabe todo esto y no sabes cómo? En el parque que hay detrás de casa se enfrentan generaciones de viejos y de niños. Para ellos es muy tarde o muy pronto. Los demás están en sus cubículos en las funciones de intendencia. Hay que traer un candil, una palangana y un perchero. Se necesita más leña para el fuego y algo de jabón para lavar ropa. Las niñas no tienen cuaderno todavía y la maestra ha dicho que si no lo traen mañana las va a echar del colegio. Debajo de la mesa apareció el gato muerto y alguien tiene que enterrarlo. Se acabaron los garbanzos, el arroz y haría falta algo más de pan, que a los chicos les gusta mojarlo en el café del desayuno. En el parque hay un guarda que vigila que nadie toque las rosas del rosal que hay junto a la tapia de la entrada. Se puede decir que esas rosas están ahí gracias a la presencia del guarda. Si no fuera por él el mundo sería menos florido. ¿Será por eso que lo llaman Florencio? No lo sé. ¿Quién sabe algo? Solo sé que no se ve nada. Tal vez está ahí, pero no se ve.
¿Hasta cuando este sonar de campanas cada cuarto de hora?

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