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viernes, 26 de febrero de 2010

El piso de la avenida Krämavägen.





Estábamos en casa cuando empezamos a oír un extraño ruido encima de la terraza. Las gotas de lluvia golpeaban sobre la barandilla. Enseguida nos levantamos y fuimos hacia la ventana. Entraba el invierno y por fin llovía un poco. Ese otoño no pudimos ir a buscar setas porque el campo estaba totalmente seco y hubiera sido imposible encontrar alguna. Las noticias sobre los pantanos eran muy preocupantes, de seguir así las cosas, para el verano ya no habría agua embalsada suficiente y tendríamos que sufrir restricciones. Ya sabíamos lo que era eso y nos daba pavor la perspectiva. Nos quedamos un rato en la ventana viendo caer el agua, aunque en rigor aquello era más chispear que llover. Al día siguiente volvió a suceder. Cayeron unas gotas al anochecer y, tal vez, alguna otra durante la noche pues al levantarnos la calle estaba ligeramente mojada. Al tercer día la lluvia llegó de verdad, un frente nuboso del Atlántico que había entrado por Galicia a esa hora barría ya todo el país de oeste a este. Era lluvia de verdad. Aquella semana nadie se quejó de los inconvenientes propios del tiempo, era tan necesario que todos comprendíamos que, por muchas molestias que pudiera acarrear, el hecho de que lloviera era una bendición tan grande que estábamos dispuestos a soportarlas. La segunda semana se inició con chubascos de tan poca intensidad que empezábamos a quejarnos de lo poco que iban a influir estas lluvias en el campo y en los embalses. No fue hasta la tercera semana que la persistencia de los suaves chubascos hizo que se notaran sus efectos sobre el entorno: algunos arroyos corrían discretamente, el aire parecía más limpio, había menos polvo en suspensión, y unos pequeños brotes reverdecían los campos. Al final de la tercera semana la borrasca principal había pasado y la lluvia quedó en unos chubascos aislados de poca intensidad. Llegó la navidad y seguía lloviendo, normalmente de forma moderada, pero el hecho de pasar esos días con el paraguas en la mano creaba una extraña sensación: nunca habíamos visto llover tanto en esas fiestas. El año empezó igual, pero la segunda semana de enero la cosa cambió, porque las lluvias empezaron a ser cada vez más intensas. Se empezaban a ver campos encharcados y las noticias sobre los embalses daban cuenta del incremento que empezaba a ser evidente en el agua acumulada. Solo dejó de llover para nevar y luego volvió a llover de nuevo. A finales de enero el campo estaba totalmente encharcado y todos los arroyos corrían alegremente llevando abundante agua hacia los ríos. A primeros de febrero llegaron los primeros problemas porque algunos campos no soportaban ya tanta agua y empezaban a almacenarla en charcas que nunca antes habían estado allí. Ibas caminando por el campo y te encontrabas con una laguna donde no se había visto jamás. La semana siguiente la gente empezaba a estar realmente harta de agua, pero no fue hasta finales de febrero que las consecuencias de tanta lluvia empezaron a tomar tintes dramáticos: llovía sobre mojado. Era tanta el agua caída que los ríos empezaron a desbordarse. Pero lo peor fue que uno de esos frentes, uno que entraba por el oeste pero con una componente sur-norte muy fuerte, ocasionó la caída de cantidades de agua tan inmensas y repentinas que crearon graves problemas de inundaciones, corrimientos de tierra, aludes de nieve y daños producidos por los fuertes vientos que acompañaron el temporal de lluvias. Durante todo el mes de febrero la preocupación había ido en aumento. En lugar de remitir, los temporales eran cada vez más agresivos y se contabilizaban víctimas por toda la Europa mediterránea. Para complicar más las cosas, los responsables de los embalses y de las cuencas de los ríos, que habían estado recibiendo las aguas como una bendición del Cielo, empezaron a preocuparse por las consecuencias que podrían tener unas lluvias tan importantes sin la posibilidad de regulación que habían venido ofreciendo las numerosas presas que salpicaban el discurrir de los principales ríos, de modo que empezaron a soltar agua de todos los embalses. Varias ciudades empezaron a tener problemas de inundaciones y las autoridades no daban abasto a evacuar a tanta población. En Marzo se produjeron grandes tragedias en distintos países de la zona. En España, en Portugal, Italia, Croacia, sur de Francia. Luego fue Grecia Rumanía y Albania. Para entonces toda Europa miraba hacia los meteorólogos preguntándoles si las lluvias pararían pronto, pero todos los observatorios nacionales coincidían en que las previsiones eran siempre más lluvias en lo que se podía predecir, es decir en la semana siguiente. En Abril los gobiernos de la Unión Europea se habían reunido en Irlanda, (bien protegidos del frente que en ese momento volvía a barrer el Mediterráneo un día sí y otro también), y habían prometido ayudas a los damnificados, pero no se dijo nada sobre las razones de lo que estaba pasando ni sobre si había alguna posibilidad de que dejara de llover. Mientras tanto, los campos del sur de Europa estaban sometidos a una erosión tal que se temía que se desertizaran de continuar así durante más tiempo al perder la capa de materia orgánica que enriquecía sus suelos desde tiempos inmemoriales.

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Crucé la calle con precaución porque el hielo cubría las aceras y sólo la calzada había sido cubierta de sal para que los trasportes pudieran pasar. Desde que se prohibieron los vehículos privados las calles estaban más despejadas pero los autobuses y tranvías pasaban continuamente llevando a la gente a sus trabajos o de vuelta a casa. La niebla dificultaba la visibilidad y había que tener mucho cuidado, pues con sus motores eléctricos, los transportes no se hacían oír. Era un pequeño inconveniente, pero en general, las ciudades eran más habitables ahora. Al cruzar la avenida Krämavägen divisé a Marta. Nos saludamos y volvimos juntos a casa. En el camino me dijo: “¿sabes qué día es hoy?”. De inmediato hice un barrido mental: su cumpleaños, nuestro aniversario de boda, el cumpleaños de nuestros hijos. “No lo sé”, le contesté al cabo de unos segundos. “Hoy hace un año que empezó a llover en España”, me dijo. Parecía como si hubiera pasado una década. No éramos los mismos que en diciembre de 2009. En silencio aceleramos el paso. Subimos la escalera y al entrar en casa fuimos directamente a la sala de estar para encender el televisor. El locutor hacía un resumen de todos los efectos que habían tenido las llamadas lluvias permanentes en el área mediterránea, mientras las imágenes mostraban paisajes de Italia, de Portugal o España en los que se podían ver campos anegados y despoblados de toda vegetación, (salvo algunos árboles dispersos), en los que el barro se había adueñado de todo. Cadáveres de animales destacaban aún sobre el paisaje marrón. Las frases más significativas se las iba traduciendo a Marta, porque ella aún no dominaba bien el finés, mientras que a mi, el conocimiento previo del alemán, me había ayudado a la hora de entender esta extraña lengua. La televisión finlandesa empezó a emitir entonces imágenes de las ciudades afectadas. Como quiera que el campo se había vuelto inhabitable para todo ser vivo, las ciudades aparecían tomadas por todo tipo de animales salvajes y domésticos. Vimos la plaza de la Signoria de Florencia con las garcillas revoloteando sobre los lomos de las vacas y otras ciudades conocidas. Hasta que nos sobrecogimos al ver la Alhambra de Granada. En la filmación, hecha desde un helicóptero, se veía llena de rebaños de cabras que rameaban los setos de arrayanes mientras que algunos buitres hacían su trabajo con los animales que iban quedando muertos, pues el alimento escaseaba en la ciudad y ya no había suficiente para sostener a tanto ser vivo como allí se había alojado. Luego el locutor hizo un breve resumen del Plan de Evacuación de Poblaciones de la Unión Europea con entrevistas a algunos de los refugiados que, como nosotros, habían sido llevados a Finlandia, así como de los barrios de realojo que se habían construido en las afueras de todas las ciudades del norte de Europa. Algunos de los entrevistados también eran españoles.

jueves, 25 de febrero de 2010

FOTOS: Febrero



El espectáculo de la manipulación.

Tenía preparada una entrada en este blog sobre lo que aquí llamamos “tecnologías inestables”, estas tecnologías modernas que fallan más que la escopeta de la feria. Pues bien, cuando voy a editarla resulta que la tecnología de Blogger, que es la que nos permite comunicarnos con nuestros miles de lectores había fallado por alguna causa que desconocemos, muy a propósito del comentario que queríamos hacer. Finalmente hemos podido hacerlo y aquí está la entrada.

Guy Debord después del mayo del 68 acuñó el término “sociedad del espectáculo”. Nosotros vamos más allá y hablamos de “el espectáculo de la manipulación”. Cuando te das cuenta de ello resulta divertido asistir a este juego con la certeza de que asistes a un teatro en el que la gente sobreactúa. Vamos a contar un cuento.

Cuando se produjo la revolución tecnológica que propició el desarrollo de la electrónica, uno de sus fundamentos fue el final de la precisión. El final de la precisión se hizo cultural, entró a formar parte de nuestra vida y alcanzó a todos los ámbitos de la sociedad. Ya comentamos en el blog “todas las músicas” el libro de Lyotard “la condición postmoderna”. Una de las claves del pensamiento postmoderno, según Lyotard, es el abandono de la precisión como una de las bases culturales de las sociedades modernas. La precisión era un paradigma en la cultura moderna, era lo que nos separaba de otras culturas, según nosotros, más atrasadas. En este paradigma tenía mucho peso la mentalidad germánica y la japonesa. Este eurocentrismo se ha superado, pero en el camino hemos perdido algunas cosas que eran fundamentales para nosotros. Al final de los años setenta nació el Punk, una música popular que rechazaba el virtuosismo, es decir, la precisión.

Yo recuerdo que en los años modernos si un aparato dejaba de funcionar se llevaba al técnico y te lo arreglaba o, en su caso, te lo cambiaban por otro nuevo si no tenía arreglo. Hoy día los fallos forman parte del sistema. Yo tengo un iPod de Appe, un reproductor de mp3 con pequeños altavoces de Philips, un lector de CDs y DVDs de Pioneer y un ordenador Toshiba, todos ellos de marcas conocidas y prestigiosas. Pues bien, todos y cada uno de estos aparatos me fallan continuamente. La solución la sabemos todos, apagas el aparato si puedes y vuelves a arrancar para ver qué pasa. Normalmente el problema se arregla y ya está, aunque claro, vives con el corazón en un puño porque no sabes cuándo te va a funcionar y cuando no. A veces no se arregla y tienes que entrar en los foros de internet para ver qué es lo que la gente aconseja para solucionar ese problema, porque si no nadie te lo va a arreglar: “Cómprate un disco limpiador y pásaselo al lector”. Tengo un disco limpiador que paso por el reproductor antes de escuchar un CD en el equipo de sonido. Cuando el iPod se carga en el conector USB del ordenador se me bloquea. Sí, ya sé que hay que desconectarlo con mucho cuidado y así lo hago, pero se queda encendido y sin posibilidad de que funcione ninguna tecla y, además, no tiene un botón para apagarlo. Una vez que pasa un rato vuelve a funcionar, pero claro, cuando él quiere, no cuando quiero yo. Así podría seguir contando penas durante todo el día.

A estas tecnologías las hemos llamado en este blog “tecnologías inestables”, por eso mismo, porque nunca sabes cuándo van a funcionar y cuándo van a fallar. Todo este largo preámbulo viene para explicar lo que es “el espectáculo de la manipulación”.

Estos días atrás escuché la noticia de que se había detectado un fallo en los coches de la multinacional japonesa Toyota. No le di mucha importancia porque es una noticia recurrente. Un día encuentran un fallo en los embragues de los Volkswagen, (pongamos por caso), y al día siguiente en los frenos de los Citroën, (es un suponer), y lo anuncian en la prensa diciendo que van a revisar gratuitamente todos los coches que han salido de fábrica en, por ejemplo, los dos últimos años. Mi sorpresa fue cuando, visitando por curiosidad la página web del New York Times, me encontré con que esa noticia aparecía en primera plana del prestigioso diario norteamericano. Desde entonces, la cosa no ha parado de crecer. Si el NYT publica la noticia de forma reiterada el resto del mundo se entera y la publica en parecidos términos. Aquí la hemos leído en El País, que dedica nada menos que un editorial. Me parece bien que la opinión pública conozca los fallos de los fabricantes pero de eso al espectáculo que se está montando con esta noticia hay un abismo. El propio Congreso de los Estados Unidos de América está investigando a la marca japonesa, con testimonios como el de Rhonda Smith, que sufrió un accidente con un vehículo y aparece compungida ante la Cámara de Representantes. No hay ninguna mentira en todo esto. Todo esto es cierto. ¿Entonces?....

Todo el mundo sabe que los EE.UU. tiene una poderosa industria del automóvil que lleva muchos años sufriendo el ataque comercial de los vehículos europeos, (especialmente en los vehículos de alta gama) y sobre todo de los japoneses en los utilitarios que compran la mayoría de los americanos. Aunque en sus películas los personajes conducen un Ford o un Chrysler, esto no es así en la realidad, la mayoría de los americanos conducen un coche japonés. Lo de Hollywood es parte del espectáculo, hasta ahí es normal, pero lo asombroso es que también lo sea la prensa e incluso el Congreso. Todos sobreactúan.

En esto, la verdad es que son unos maestros y ahí nos ganan a todos, a los japoneses, a los europeos y a quien se ponga por delante.



P.D. Tengo un Toyota con más de una docena de años y nunca me ha fallado.

viernes, 19 de febrero de 2010

Presidente.

En España tenemos un problema con el pasado. La Historia es una herramienta muy importante para evitar repetir errores, que nos permite analizar mejor las circunstancias del presente y nos previene ante el futuro, pero la Historia es un asunto científico y no visceral. Una condición previa para analizarla es hacerlo sin apasionamiento, como el químico que analiza sustancias en una probeta. Esto frecuentemente es difícil porque este análisis siempre tiene un sentido dialéctico o, como se suele decir, cada uno cuenta la feria según le va en ella. En nuestro país la Historia actual, (y en Historia lo actual es aún todo el siglo XX), tiene un peso enorme en nuestra vida cotidiana del presente, unos y otros discutimos sobre el pasado continuamente, pero lo que es peor, adoptamos posturas de un dogmatismo intolerante en base a nuestro posicionamiento histórico. Suelo decir, acudiendo a un humor negro que reconozco es de dudoso gusto, que en España la gente se posiciona en la derecha o en la izquierda según el bando que te mató al abuelo. Por eso aquí hay tantos empresarios de izquierda y tantos obreros de derechas, porque la gente se define políticamente en función del pasado más que en función de sus intereses actuales. Pero hay una consecuencia mucho más peligrosa que es la inmensa separación que se produce entre españoles hasta el extremo de consolidar el concepto manido de las dos Españas irreconciliables.

Cuando uno viaja fuera, lee la prensa extranjera o tiene algún contacto con la realidad de otros países, se da cuenta de que fuera de España la cosa no es así. Un francés, por ejemplo, es un francés sea de izquierda o de derechas. La bandera española, sin embargo, es de derechas. A mí personalmente me dan igual todas las banderas, pero conozco mucha gente que hacen ostentación del escudo del Real Madrid pero que jamás llevarían una rojigualda. Esto se debe a que, en tiempos, la izquierda tuvo otra bandera con más colores que la actual, pero de eso hace ya más de setenta años.

En la práctica, España funciona como una confederación formada por dos países de una forma muy parecida a Bélgica. Bélgica está formada por valones, que hablan francés, y por flamencos, que hablan una lengua germánica que es un dialecto del holandés y la mayoría de los belgas no conocen la lengua de los otros y sólo conviven dentro del mismo Estado por razones históricas, sin compartir una cultura común y padeciendo frecuentes enfrentamientos. España es como una confederación de dos países, uno de derechas, con una bandera rojigualda, que acepta la democracia porque no le queda más remedio pero que le gustaría vivir en una prolongación del franquismo y que preferirían como Jefe de Estado al general Armada antes que al Rey; y otro de izquierdas, sin bandera, firmemente republicano pero que acepta sin condiciones al Rey desde la noche del 24 de febrero de 1981.

Este planteamiento no es serio. Yo estoy seguro de que si a un francés de izquierdas le dices algo ofensivo sobre Sarkozy, o a un británico de derechas sobre Brown, se sentirían molestos por cuanto que entenderían que estás ofendiendo a la máxima autoridad política de su país. Aquí, por el contrario, los propios congresistas se tratan entre sí de una forma que es mucho más ofensiva que la que utilizaron los aliados contra los nazis, por poner un ejemplo histórico.

El tema no deja de ser curioso por cuanto que, a la hora de la verdad, ni los españoles entre nosotros, ni los partidos políticos entre sí, nos diferenciamos mucho por estar en un bando o en otro. La inmensa mayoría de los intereses son bien defendidos esté un gobierno de un signo o de otro. Una gran parte de la culpa de este absurdo la tienen los propios dirigentes por adoptar medidas importantes sin acudir a un cierto consenso entre ellos. Hace mucho tiempo que esto se ve en las políticas educativas y parece que el clamor de la calle ha llegado a la Cámara y están en fase de consensuar una política educativa que no sea ni socialista ni popular sino española. El partido popular no debió meternos en la guerra de Irak, que era una guerra que no querían ni los suyos, ni el partido socialista debería aprobar leyes que no comprende la Iglesia Católica sin haber convencido antes a la derecha de que debe ser así, lo que no es impedimento para que la derecha se entere de que ya no estamos en el nacional-catolicismo.

En España cuando los presidentes del gobierno terminan su mandato no son retirados son literalmente aplastados. En EE.UU. a los expresidentes se les suele encargar trabajos de mediador de prestigio, hemos visto a Carter, a Bush y a Clinton en estas funciones, incluso trabajando para gobiernos de signo contrario al que ellos presidieron. Aún recuerdo los años terminales de Adolfo Suárez que Javier Cercas nos ha recordado en su último libro. Calvo Sotelo fue un hombre discreto que pasó sin pena ni gloria, pero Felipe González quedó para la derecha como un criminal. Aznar fue el hombre más denostado por la izquierda después de Franco, pero Zapatero pronto le superará a la hora de recibir odio, en su caso de la derecha.

Uno podrá estar en contra de la política seguida por un partido y su líder, pero de eso al insulto hay un paso que no se debe dar y menos aún siendo representante de la voluntad popular. Rajoy está obligado a criticar al Gobierno, que para eso le pagan, pero no debería referirse al presidente como bombero, insinuar que es un mentiroso o que es el hazmerreir de nadie. Todas las críticas a la política del Gobierno son posibles, pero no decir frases como: ”déjese de mesas y cambie su política”. Esas frases son demagogia.

Pero lo que es absolutamente increíble es que un hombre de la categoría de un Presidente del Gobierno de España, entre al trapo de sus críticos y tenga gestos con sus saboteadores como el que tuvo ayer Aznar en la Universidad. Alguien debería decirle que tenga más cuidado, pero ¿quién le dice al Rey que está desnudo?

miércoles, 17 de febrero de 2010

Miércoles de ceniza postmoderno.

Por alguna razón que desconozco y que mi equipo siquiátrico habitual está investigando siento una aversión especial por la trampa, el engaño y la mentira. Que nadie de los que me conocen y me tratan tenga la debilidad de bajar la guardia: el que tenga esa aversión no quiere decir que yo no practique esos vicios. Pero eso es otra cuestión.

Quiero decir esto porque de forma intrínseca nuestra cultura actual, la de las sociedades post-industriales, la del mundo post-moderno, está fundamentada en la trampa, el engaño y la mentira. Esto tiene una razón, hoy día los medios de comunicación se han convertido en un arma poderosa para ganar una guerra, ya que se ha demostrado que es más eficaz luchar con los medios que a tiros por las calles. La guerra a la que me refiero es la que mantienen los poderosos con la gente normal y corriente.

Desde los años setenta del siglo pasado estamos sufriendo una trampa histórica que es quizás la forma de engaño y mentira más grande que haya montado el poder contra sus enemigos, es decir contra el común de los mortales. Hacia esa época se instaura en nuestra cultura el triunfo del concepto de postmodernidad. Las propuestas postmodernas son acertadas, véase la reseña sobre Lyotard en este mismo blog. En síntesis el pensamiento postmoderno viene a decir que igual que las fábulas y la poesía épica, (los poemas de Homero sobre la fundación de Atenas), son anteriores a la historia como ciencia, de igual manera, lo que Lyotard llama las “grandes narraciones” son anteriores a la nueva ciencia postmoderna. Las grandes narraciones serían las que nos hablan de la liberación del ser humano y de la emancipación de la sociedad, léase el cristianismo, el liberalismo o el marxismo, que fueron dominantes durante la modernidad ya superada. Uno entiende que esto está bien, (nunca ha creído en ninguna de esas narraciones), pero uno sospecha que pueda esconder alguna trampa. En efecto, se trata de desmontar sistemas de análisis que han sido muy poderosos científicamente contra la dominación, para imponer un pensamiento fragmentario y contradictoriamente unitario fácilmente manipulable. Los únicos creadores de ideología que quedarían ahora, según nuestra tesis, serían los medios de comunicación: el medio es el mensaje.

Ya hemos contado aquí la fábula de la gripe A. Ya todos sabemos en qué ha acabado, incluso los poderes fácticos están preguntándole a la OMS qué demonios era esto de la nueva gripe. Esto ha sido un episodio de manipulación de un determinado sector industrial, pero los hay más gordos.

¿Alguien recuerda ahora que cuando surgió la última crisis económica todos los analistas, liberales y conservadores, (según el criterio americano), coincidieron en que había sido una crisis creada en exclusiva por los especuladores sin escrúpulos, (Madoff), y que había puesto de manifiesto que el sistema monetario, económico y bancario estaba equivocado y había que cambiarlo, que el capitalismo salvaje había llegado a su extremo y había que sustituirlo por otro sistema, no menos capitalista pero más racional y basado en el esfuerzo y la innovación y no en las manipulaciones tramposas? Yo eso lo leí en los editoriales de El País, pero también en los de El Mundo o el ABC. Era un análisis unánime. Alguno llegó a decir que era el final del capitalismo.

Ha pasado poco más de un año y ahora la situación es totalmente distinta. Resulta ahora que, después de haber destinado miles de millones a sacar del atolladero a los bancos, después de que alguno de los más importantes haya distribuido más beneficios que nunca, la crisis la han de resolver los que menos tienen. Los trabajadores tienen que ver sus sueldos congelados, (se está hablando de bajar los sueldos), el gasto social y la inversión pública, (es decir el dinero que el Estado gasta en beneficio de todos por igual), tienen que disminuir drásticamente y, en el colmo de los malabarismos, esto hay que hacerlo bajando los impuestos como ha hecho Alemania. Esto es totalmente alucinante, por mucho doctor en economía que quiera venir a explicárnoslo. De hecho los doctores en economía no han tenido el valor de venir a explicárnoslo. Estas cosas se dan por hechas y a callar. Cómo es posible que para crear empleo tengamos que trabajar más y jubilarnos más tarde. Esto genera paro, no hay que ser un doctor en Harvard. ¿Alguien lo entiende? En medio de este sinsentido ya vale todo. El enemigo está tumbado en el suelo con sus manos en la cabeza y lo único que nos queda es patearle y pisotearle sin piedad: lo último que vienen a decirnos es que, además, no podemos jubilarnos hasta que no lleguemos a la edad de morirnos. Nos razonan que esto es debido al aumento de la esperanza de vida que impide que cuadren las cuentas, pero, por qué no nos lo dijeron cuando la economía estaba boyante, nos hubiera costado menos sacrificios. Porque no estábamos tumbados en el suelo con las manos en la cabeza y a merced de los grandes especuladores, como ahora. No se puede llamar crisis a algo que está siempre ahí. De Los últimos 35 años he vivido unos treinta en crisis. Esto no es de recibo. La crisis es otra trampa. Dice el pensamiento imperante, postmoderno naturalmente, que esto que estoy contando es una “narración” como las que contaban los marxistas. ¿La Biblia que fue a leer Zapatero a la sede imperial no es una narración?

Lo más grave es que no se está haciendo nada por superar la crisis, al contrario, lo que se está haciendo es lo que siempre han hecho: aprovechar que la gente está asustada para darle golpes por todos lados. Lo que están haciendo es beneficiarse del reparto del pastel a nuestra costa.

Dice un artículo de El País que la crisis no ha llegado aún, que llegará a mitad de este año. Es muy probable que así sea, porque además, no se está haciendo nada por evitarla, lo único que están haciendo es “hacer caja” a nuestra costa. Las medidas que se adoptan no van encaminadas a sacarnos del hoyo.

Y nosotros aquí llorando en este valle de lágrimas. Esto sí que es una narración… y un cuento.

lunes, 15 de febrero de 2010

Ambigüedad crimiinal.

Las leyes sirven para hacer justicia. Una perogrullada que, sin embargo, en nuestra cultura mediterránea nos negamos a aceptar. Es cierto que no siempre las leyes son justas. A menudo se dictan leyes que son injustas, pero aún en países que no están bajo el imperio del Estado de Derecho, habrá más leyes justas que injustas. Se podría decir que en un Estado de Derecho todas las leyes lo son, porque han sido aprobadas democráticamente, bien por el pueblo, o lo que es más común, por sus representantes. (Ya sabemos que esto es una limitación, frente a la democracia directa, pero en sociedades complejas y numerosas la democracia directa plantea algunos problemas para su aplicación).
Si aceptamos lo anterior habrá que aceptar que el incumplir leyes crea injusticias. Por ejemplo, por qué tengo que aceptar que me mate un coche, (o a alguien de mi familia o a un amigo mío), sólo porque un determinado ciudadano ha decidido que respetar las señales de dirección prohibida no son una obligación para él aduciendo el motivo que sea.
No sé por qué razones las culturas mediterráneas son más ambiguas a la hora de cumplir las normas, las leyes o simplemente cualquier acuerdo. En España quedar con una persona a las tres, supone un abanico de posibilidades que va desde las tres hasta las tres y media, con lo cual cada vez que quedas con alguien sabes que vas a perder, (estadísticamente), una media de un cuarto de hora esperando, que podrá ser más o menos según la puntualidad del esperado. En nuestra cultura hacer esperar es posicionarse por encima de ti, es como decirte: yo estoy más ocupado que tú, (soy una persona más importante por tanto), que estás ahí esperándome como un pasmarote sin hacer nada. En España recriminarle al moroso su tardanza es un defecto muy grande y no se debe de hacer: es una falta contra la norma que prescribe la desobediencia a las normas y que está penada con un desprecio enorme, (en este caso sí), hacia el infractor.
Por otro lado está la costumbre nacional de hacer favores. En España los favores no se hacen con el dinero de uno, el esfuerzo de uno o el sacrificio de quien hace el favor, sino con el dinero de los otros, su esfuerzo o su sacrificio. Un amigo mío elogiaba a un politiquillo local porque “era muy amigo de hacer favores”. Eso en otros países se llama prevaricación e incluso corrupción, aquí se llama “hacer favores” es una virtud, no es ningún vicio.
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Con esa base cultural funciona todo el país incluyendo la Administración de Justicia. Quiero decir que los funcionarios que trabajan ahí no son vocacionales, no están en Justicia porque tengan un elevado concepto de la misma sino porque han aprobado una oposición y se ganan así la vida. Yo he conocido un Secretario de Juzgado que decía que a él ningún ministro le iba a hacer trabajar con un ordenador. Debe de haber muchos así porque en España la Administración de Justicia es una cosa de legajos enormes cogidos con cuerdas de esparto o cintas de tela, donde la única tecnología que está admitida es la de la fotocopiadora. Bueno, no solo está admitida sino que además se usa indiscriminadamente, por varias razones: es un trabajo fácil, no requiere pensar y, además, lo hace un subalterno, “fotocópieme usted la declaración del testigo y me hace cuatro copias”.
Los políticos, cuya misión es crear las normas y aplicarlas en nuestro nombre, tampoco sienten un especial aprecio por la Justicia, lo cual es una paradoja porque viven de ello: es lo que les da de comer y paga la universidad americana de su hijo. Como el resto de los ciudadanos, aprecian la justicia si les da la razón y la desprecian sin ningún tipo de pudor si les causa algún perjuicio.
En medio de todo esto hay personas que trabajan en la administración judicial y, en parte por convencimiento, y en parte por ambición personal, creen en la justicia y están dispuestos a aplicarla sin ambigüedad, como se suele decir, caiga quien caiga.
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Toda esta larga introducción habrá causado ya sin lugar a dudas que si alguien había decidido leer esta entradas del blog, eligiéndolo en medio de la enorme maraña de posibilidades existente en la red, lo haya abandonado asqueado de tanta divagación, de tanta digresión, así que a partir de aquí hablo para mis adentros, o por mejor decir, escribo para mis adentros.
He leído este fin de semana varias noticias referentes a la Justicia que me ha creado una gran inquietud. Vayamos por partes.
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La primera de ellas se refiere a un hombre de Gijón que va a salir de la cárcel próximamente después de cumplir su condena sin que la Justicia hubiera reconocido que había cometido un error con él, a pesar de que así se demostró. El hombre, que había sido drogadicto pero que se había sometido a curas de desintoxicación hasta quedar “limpio”, fue condenado por robo a mano armada en un juicio donde la razón principal de su condena fue que unos testigos dijeron en una ronda de reconocimiento que él era el asaltante. Ingresado en la prisión, la policía vio con estupor que los robos se seguían cometiendo y que la forma de actuar del ladrón era la misma que habían seguido en los robos imputados al hombre ahora preso. Finalmente consiguieron detener al verdadero culpable y los mismos testigos que había imputado al prisionero dijeron ahora que, en efecto, el culpable era éste. Se puso entonces de manifiesto que se había cometido una gran injusticia con el pobre hombre que estaba encerrado desde hacía ya algún tiempo. Pero que no se crea nadie que esto ocasionara un gran trauma en la administración de justicia, que los jueces se tiraran de los pelos y que los funcionarios corrieran a reparar el daño ocasionado. No, los funcionarios siguieron encargando fotocopias a los subalternos, los Secretarios del Juzgado siguieron llevando sus expedientes sin ordenadores, (tal vez envolviendo los bocadillos de chorizo en papel de periódico que es una costumbre muy anterior a la difusión de la informática), y los jueces no sé qué hicieron porque nadie sabe lo que hacen los jueces que tienen una torre de marfil a la que no llegan las olas del mar proceloso ni los gritos desesperados de los condenados inocentes. Dice el periódico que incluso los funcionarios de prisiones creyeron en la inocencia de este preso e intentaron solucionar el error pero en el Juzgado que condenó al nuevo reo nadie se acordó de comunicar al otro juzgado la inocencia del que estaba preso y así siguió hasta cumplir su condena sin que se pudiera hacer nada.
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La siguiente noticia viene a echar sal en la yaga que nos dejó en el alma la anterior.
Resulta que Luis Roldán, el que fuera director de la Guardia Civil, aquel que se llevó una fortuna de los dineros que el estado destinaba a la benemérita institución, va a salir de la cárcel sin haber devuelto más de un 5% del dinero que robó. Claro, los funcionarios de justicia, cansados de hacer fotocopias, los Secretarios del Juzgado y todos los profesionales del ramo, más versados en el Derecho Romano que el uso de ficheros informáticos, aliados con la desidia general se han enfrentado a la enorme ambición de un hombre que, disponiendo de dinero y usándolo con profesionales preparados, (y bien informatizados), ha sabido crear una red compleja con paraísos fiscales y demás privilegios que la gente de dinero ha creado para engañarnos a los que no lo tenemos, hasta el punto de que, dice el periódico, que el susodicho, (que como sabemos no tiene un pelo de tonto), va a pasar a disfrutar próximamente de su fortuna en un inmerecido retiro en la Isla Reunión, que está allá en El Pacífico, en los mares del sur.
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Dejo para el final la tercera de las dolorosas noticias judiciales que nos han asaltado en la prensa en este fin de semana carnavalesco en el que parece como si la razón hubiera quedado sepultada bajo el peso de tanto vicio e irracionalidad.
Dice el escritor Juan Gelman, premio Cervantes 2007, que en América Latina y en el resto del mundo no se entiende lo que pasa con el Juez Garzón.
Se lo vamos a explicar.
Resulta que el juez se ganó el aprecio de todo el país cuando se puso al frente de la operación Nécora y llevó a prisión a la mayoría de los principales narcotraficantes gallegos. Esto creó malestar en los jueces que, hasta entonces, habían llevado la operación y se habían limitado a hacer fotocopias en sus juzgados, quiero decir que las habían ordenado a sus subalternos mientras los secretarios del juzgado desenvolvían sus bocadillos de chorizo del papel de periódico utilizado para tal fin.
Luego, entró sin miedo y con determinación a perseguir y a juzgar a los terroristas de ETA, ganándose el respeto del país y la aversión de los etarras, sus bases políticas y la de los estúpidos nacionalistas que pensaban que ETA, aunque no compartieran sus métodos, eran de los suyos.
Después persiguió a la parte contraria, a los genios que a través del GAL, crearon una red terrorista para acabar con el terrorismo. Aquí pillaron a muchos políticos socialistas y llegó a meter en la cárcel al ministro del interior Barrionuevo. A partir de ahí se ganó el aprecio de la oposición pero los socialistas no le perdonaron nunca, porque aunque Felipe González, que siempre fue un zorro viejo, quiso llevárselo a su redil, el juez no lo consintió y desertó de seguir con ellos si no se atajaba el contraterrorismo ilegal.
A estas alturas casi todos los jueces, sobre todos aquellos que desde sus torres de marfil se limitaban a dar largas a los procesos, estaban indignados con los éxitos de su colega y buscaban la forma de acabar con él.
La puntilla llegó cuando Garzón, ni corto ni perezoso, tomó las riendas de las acusaciones de corrupción que se habían descubierto en el P.P. Toda la amplia maquinaria propagandística de la derecha que había elogiado los éxitos del juez en su lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y la corrupción socialista puso el grito en el cielo y dijo que había que acabar con el altivo funcionario. Para entonces casi todo el país estaba en contra del juez, por una razón o por otra, pero fundamentalmente porque en este país tenemos dos vicios que destacan por encima de los demás:
- Somos fundamentalmente envidiosos.
- Detestamos el trabajo, a las personas trabajadoras y más aún si son funcionarios.
La ejemplar transición española dejó sin resolver una serie de problemas que no quiso enfrentar por no complicar aún más las cosas. El acuerdo al que llegaron los políticos, al margen de lo que pensaba la sociedad, era que el pasado franquista debía quedar olvidado e impune. La verdad es que en un país donde la mitad de la población era franquista era muy difícil pasar a una democracia sin que hubiera habido una guerra o algún desastre similar. El caso es que la impunidad quedó garantizada.
Ahora vivimos algo sorprendente. El juez Garzón intentó inculpar al franquismo por sus crímenes fascistas, promoviendo investigar las desapariciones producidas durante ese régimen asesino de la misma forma que lo intentó con los criminales de América Latina, estando a punto de condenar a Pinochet, que si no llega a gozar del abrazo británico, hubiera sido castigado. Pues bien, una extraña organización fascista oculta como sindicato de funcionarios, demanda al juez y la Justicia española le abre un proceso. Ahora aparece, nada menos que, Falange Española y de las J.O.N.S. y la justicia no puede evitar que participe de la acusación. Mientras tanto la derecha española no deja de jalear a la Administración de Justicia para que se investigue un supuesto uso irregular de fondos por parte de Garzón. Resulta que ahora el acusado es el juez y los falangistas los acusadores.
¿Qué va a salir de todo esto?. ¿Acaso llevamos camino de convertirnos en un país avanzado en el que los ciudadanos se ven arropados por su Justicia y dedican sus fuerzas a sobreponerse a sus problemas con el trabajo y la inteligencia? ¿Se puede tener fe en el futuro?
Personalmente he aprendido un poquito de portugués, que Portugal me queda muy cerca, y me he apuntado en la Escuela Oficial de Idiomas y estoy estudiando alemán.
Lo hago por si hay que salir corriendo.

martes, 9 de febrero de 2010

Félix de Azúa en su blog.

Félix de Azúa en su blog del Boomerang:

Decía Zaratustra que pensar, pensar seriamente, no es algo que exija una gran inteligencia, pero sí un considerable coraje. Nadie vaya a creer que Kant o Wittgenstein nacieron con una inteligencia superior a la de sus coetáneos, pero eran más valientes, de eso no cabe duda. Casi toda la gente dotada de una gran inteligencia dedica su talento a forjar una buena vida, segura y confortable. Sólo unos pocos la emplean para enterarse de algo y compartir luego con sus semejantes lo que han podido saber antes de convertirse en un puñado de polvo.

Biblioteca: Anatomía de un instante. Javier Cercas.

El suplemento cultural de El País, Babelia, decía a finales del año pasado que el libro de Javier Cercas Anatomía de un instante, (Mondadori, 2009), era el mejor libro de ese año. Decir que un libro es mejor que otro es un intento vano de poner a competir cosas que no compiten.

A parte de eso, el libro es altamente recomendable. No he leído lo que se ha escrito con anterioridad sobre el golpe de estado del 23-F, así que no sé hasta qué punto aporta nuevas claves, nuevos datos y si sus análisis son fruto de su investigación o pertenecen a la corriente principal que mantienen los historiadores actuales sobre el tema.

Lo que sí se puede decir es que el libro está muy bien escrito, cosa que, a estas alturas, no es ninguna sorpresa. Lo que fue una sorpresa fue encontrarnos con aquella novela, Soldados de Salamina, y con sus artículos en El País. Después de eso, se espera uno cualquier cosa viniendo de Javier Cercas.

Cercas es un escritor próximo que deja una gran sensación de sinceridad cuando se lee. Seguramente es sincero en lo que dice, pero lo importante es cómo lo sabe decir, la forma en que trasmite su mensaje. Es un mensaje convincente, porque se esfuerza en ser claro y no en demostrarnos lo bien que escribe, lo que es muy de agradecer.

Ha consultado durante tres años toda la documentación existente sobre el 23-F pero, aún así, se para a interrogarse sobre una imagen detenida del video del asalto, aquel que grabaron las cámaras de TVE y que se vio en días posteriores. Hace una indagación rigurosa de los hechos, de los datos, de las fuentes que maneja, pero también se pregunta por los gestos. En los gestos muchas veces está la clave de la realidad porque la mayoría de nosotros no somos tan buenos actores como para controlar nuestros gestos y éstos delatan nuestras intenciones de forma más espontanea que nuestras declaraciones. A partir de ahí se interroga por Suárez, el general Gutierrez Mellado y el diputado Santiago Carrillo, los que se quedaron de pie cuando empezó el tiroteo en el Congreso.

Después monta todo esto de una manera magistral. El montaje de la novela es como el de esas obras maestras del cine donde todo está equilibrado, donde no falta de nada. La información, los datos, las anécdotas, los gestos reveladores, las opiniones, las impresiones, las dudas, las certezas y al final de todo su propia revelación sentimental cuando habla de su padre, recién fallecido cuando termina el libro, que era un suarista porque, dice, Suarez era uno como nosotros.

No sé si es deliberado, pero el libro en realidad no trata sobre el 23-F. El libro trata más bien sobre Adolfo Suárez. No sólo porque fue el motivo inmediato que propició el golpe, sino porque su figura llena toda la transición. Suarez es él sólo la transición, y cuando ésta se acaba, su permanencia en el poder se convierte en un gran fracaso, tan grande que nadie le apoya ya cuando Tejero irrumpe en el Congreso como un émulo barato del general Pavía. En estas contradicciones y en las muchas que arrastraba el político es donde Cercas asienta el interés por el personaje.

Tal vez, de las conclusiones del libro la que más llama la atención es la participación del Rey y de los políticos, en especial del PSOE pero también de Convergencia, en lo que él llama la placenta del golpe, es decir, no su participación en la trama, pero sí en las intrigas previas que llegaron a considerar posibilidades extra-constitucionales para quitarse de encima a Suárez, intrigas que incluían situar al general Armada al frente de un Gobierno de Unidad Nacional. Afirma que el Rey cometió errores al escuchar estas propuestas y animar las intrigas, aunque la situación en aquella fecha fuera crítica por muchos factores, pero niega la participación de la Monarquía ni de los partidos en una asonada que fue obra exclusiva de los golpistas y de los manejos interesados del general Armada que jugó la baza de la Monarquía, (había sido secretario del Rey), y la baza de los golpistas hasta que los hechos destaparon su juego aquella noche de febrero.

El Rey fue quien paró el golpe, aunque de forma anti-constitucional, pues lo hizo arrogándose una autoridad de mando sobre el Ejército que legalmente ya no tenía, pero eso es lo de menos.

lunes, 8 de febrero de 2010

Advertencia

El domingo salimos a andar por el Guadiana y vimos enormes grupos de cormoranes que volaban río abajo. La hipótesis más plausible es que después de pasar el invierno al abrigo de la ciudad, (y sobre todo de su alimento), están migrando hacia el mar, que es su lugar de cría.
Por otro lado volaban por el río golondrinas.
En conclusión no debe de quedar mucho invierno, aunque aún tengamos temporales de frío ocasionales. A no ser que el cambio climático esté volviendo locas a las aves.
Espero que Atanasio Fernández García no se enfade por usar su foto. Por cierto, hay que ver su magnífico reportaje sobre la caza ilegal de aves en Malta.

Atchússss

Hacer una lista de todo lo que aquí, en “todas las cosas”, habíamos advertido y la realidad ha venido confirmando sería un tormento para nuestros sufridos lectores y una forma de meter miedo al personal con lo que nos espera si se siguen cumpliendo nuestros vaticinios, pero hay una cosa que no puedo evitar traer a colación porque ilustra muy bien un tema muy querido en este blog: nunca te fies de los expertos.

Se trata del tema de la gripe A. Ahora que ya queda poco de temporada invernal, no está demás hacer un balance de lo que ha supuesto para la población la supuesta pandemia de gripe A.

En primer lugar, en cuanto se detectaron los primeros casos de la enfermedad la OMS, (Organización Mundial de la Salud), corrió a modificar su definición de pandemia para que esta gripe pudiera entrar dentro de la misma. La gripe ha resultado tener una menor mortalidad que las otras gripes que cada año recorren el mundo y se llevan muchas más víctimas que las que ha habido este año, si bien es verdad, que ésta ha afectado a personas jóvenes y no siempre con una salud precaria.

En segundo lugar, una vez modificada la definición de pandemia, que anteriormente exigía que la enfermedad tuviese graves consecuencias para la población, todas las autoridades mundiales, a instancias de la OMS, impusieron la recomendación de la vacunación y llenaron sus arsenales de productos farmacéuticos capaces de luchar contra la misma. Recordemos cómo la oposición criticaba al gobierno porque en España no había tantas vacunas cómo habían conseguido los franceses.

Los que pensamos que todo esto era una campaña bien orquestada y a la que se le veía el plumero tuvimos la primera confirmación en las declaraciones de la famosa “monjita de Motserrat”. Que nos dio datos concretos de lo que estaba pasando.

Inmediatamente los medios salieron a decir que no era más que una monjita y que tonto sería el que se hiciera caso de estas cosas. En su día señalamos los artículos de El País en ese sentido. Aunque pronto tuvieron que matizar un poco en vista de que la monjita no era tan tonta como se pensaron y que lo que decía tenía una base en una investigación que esos medios no se habían preocupado de hacer, al menos hasta que la monjita lo sacó a la luz.

Luego llegó el invierno y trajo casos de gripe. Como todos los inviernos, aunque es verdad que algunos fueron especialmente dramáticos pues costaron la vida a algunas personas jóvenes. Todo el gremio médico, que no había dicho ni “mu” sobre las cosas que la monjita denunciaba se negaron en masa y unánimemente a ponerse la vacuna, no sin antes habernos dicho que dejáramos de besarnos y de darnos la mano, que íbamos a morir como chinches. ¿Estará el colectivo médico en manos del Opus Dei? No lo sé, pero tampoco me extrañaría nada conociendo el percal.

A partir de ahí los acontecimientos se desbocan. Ya informamos en nuestro blog que ante la falta de razones la vacunación masiva estaba siendo un fracaso y que los Gobiernos de los países “avanzados” estaban locos por venderles a los países pobres las vacunas que no gastaban. Supongo que para ello sobornarían a los gobernantes de esos países porque hubo algunos donde la población se muere por no vacunarse de las enfermedades comunes que aceptaron comprar esta vacuna que ya se sabía que no servía para nada y que además, tenía unos efectos que no estaban debidamente estudiados.

Al final, los Gobiernos de los países “avanzados” y los medios de éstos que tanto se rieron de la monjita, reconocieron que la OMS había dado un patinazo y que podría ser que se hubiera plegado a los intereses de las grandes multinacionales farmacéuticas y a algunos personajes maquiavélicos que prefiero ni nombrar aquí, porque su sola mención me revuelve las tripas y eso engrosa aún más sus ingresos, pues tengo que salir corriendo a la Farmacia más próxima a tomar algún medicamento anti-vomitivo.

 Por qué personas que parecieron tan ignorantes como la monjita y otras que no lo parecieron sino que lo eran, como nosotros, tuvimos más razón que la OMS y los medios de comunicación tan bien informados. Porque ni la monjita ni los autores de este blog tenían intereses económicos en lo que se estaba fraguando. Nótese que la célebre religiosa había sido una doctora muy cualificada que trabajó en los EE.UU. antes de abandonarlo todo y tomar los hábitos.

De todo esto deberíamos sacar conclusiones sobre la manipulación. La manipulación a la que nos someten nuestros Gobiernos y autoridades que no son más que peleles de las grandes firmas que, realmente, controlan el mundo. La manipulación a la que nos someten los medios de comunicación. ¿Qué decir de Pedro J. y Cebrián en el almuerzo de oración con Zapatero? No ya del propio Zapatero leyendo la Sagrada Biblia. Ríete tú de la monjita…

jueves, 4 de febrero de 2010

Hay que hacer sacrificios.

La economía va que es un desastre... para nosotros.
El presidente del Banco de Santander, en El País apoya las medidas del Gobierno que incluyen recortes presupuestarios.
Pero:
EL BANCO DE SANTANDER HA TENIDO SU SEGUNDO MEJOR AÑO DE LA HISTORIA EN EL 2009.
Toma ya.
Así que... los sacrificios que los haga el Botín. Por cierto vaya apellido que tiene el señor.

Desayuno de oración con churros.

Hoy voy a hacer un desayuno de oración.

Voy a comprarme unos churros en la churrería que han abierto en la calle Moreno Zancudo, que es una churrería que funciona con minusválidos físicos y síquicos, (Creo que está bien dicho así, no sea que mi hija me eche luego una bronca porque he dicho mongólico o alguna cosa incorrecta), que son unos tipos simpáticos y que hacen unos churritos crujientes que están muy buenos. Con mis churritos en la mano me voy a ir a la catedral y voy a hacer mi desayuno de oración, ¡a ver si aquí no podemos hacer estas cosas,… se habrá creído el Obama!

Mi desayuno de oración es para pedir, que para eso se habla con Dios, pues para dar se habla con las ONGs. Voy a pedir desde salud hasta trabajo para todos. No creo que todos esos empresarios que van a rezar con Obama estén allí para dar nada. Estarán para pedir. Si fuera para dar, serían gente normal, no serían empresarios. O es que te crees que Bono, el de U2, es un tipo normal.

Dice el artículo de El País: “Tras la retirada del presidente, los invitados se dedican a su verdadero objetivo: cultivar las relaciones sociales y los contactos. Sin presencia de periodistas, pues se supone que es un acto privado”. Ahí está la clave. Da pena ver lo que tiene que hacer el pobre presidente Zapatero. Claro que hay quien se gana la vida subido en un andamio ocho horas diarias, que es peor.

Ahora que hablo del Presidente Obama, me acuerdo de que sigo viendo en el administrador de los blogs que la nacionalidad que más visita el mío, después de españoles, claro, es aún la de los Estados Unidos y estoy pensando que, a lo mejor, es que la CIA y el FBI me espían. Bueno, ya sé que no soy tan importante como para que me pongan un agente que se lea todas las mañanas las chorradas que se me han ocurrido el día anterior. No, ahora el espionaje se realiza con medios tecnológicos. Puede que incluso el Google saliera de ahí. El caso es que la Agencia, como dicen en las pelis, hace una búsqueda en la red y toma nota de los sitios en que alguien nombra al diablo. Que quién es el diablo, pues, a saber:

Terrorismo, Bin Laden, Guerra Santa, Comunismo, Cuba, yanquis, subversión, muyahidín, Talibán, Al Qaeda, bomba…

De cuando en cuando me gusta escribir estas entradas para marear a la máquina que busca ataques en la red al país que controla la política mundial, (no diré imperialista que eso podría tildarme de castrista y tampoco es eso).

miércoles, 3 de febrero de 2010

Otra vez la reforma laboral.

Se habla de que hay que hacer una reforma laboral. Claro que hay que hacerla: hay que trabajar menos y ganar más.

Esto de la economía no es una ciencia como nos la quieren presentar: sesudos economistas que se reúnen en Suiza en hoteles de lujo y llegan a la conclusión de que tenemos que ganar menos y trabajar más. Todo eso es mentira. Esto es una guerra. Una guerra de intereses. Ellos, los dueños de las grandes empresas, están en un bando y el resto estamos en el otro, incluidos los pequeños empresarios, autónomos, profesionales y artistas, funcionarios, jubilados y, por supuesto, los trabajadores manuales.

Estos sesudos economistas nos trajeron la crisis con aquello que llamaban ingeniería financiera. No existe la ingeniería financiera, lo que hay es gente con muy poca vergüenza, como por ejemplo ese Madoff y muchos más como él. Ese Madoff está ahora donde siempre tuvo que estar, en la cárcel, pero sus compañeros de profesión no, aunque la gran mayoría de ellos es allí donde deberían estar. Debería estar Donald Rumsfeld, por múltiples razones, debería estar Díaz Ferrán, presidente de la Patronal Española y de Air Comet y otros tipejos de similar calaña.

Pues bien, estos tipejos andan ahora diciendo por ahí que hay que hacer una reforma laboral que en síntesis consiste en que trabajemos más y ganemos menos. En ese sentido, el Gobierno ha empezado diciendo que hay que retrasar la jubilación. Este Gobierno que ha estado meses sin reconocer que había crisis, que ha dicho que la crisis no la íbamos a pagar los de siempre y demás, ahora recula y empieza a tirar globos sonda.

El problema del empleo es endémico no es coyuntural. Por lo tanto las medidas coyunturales no lo van a solucionar. ¿Por qué decimos que no es coyuntural? Porque no depende de la coyuntura económica. Hemos tenido años de un gran crecimiento económico y teníamos un 10% de paro. Es verdad que ahora tenemos un 20%, pero el problema es el mismo. Nos prometen que si hacemos sacrificios recuperaremos tasas de crecimiento elevadas y así acabaremos con el paro. Esto es una falacia. En realidad lo que hay es un pastel que los empresarios quieren comerse ellos solos y nos cuentan estas milongas para que claudiquemos en nuestras intenciones de recibir parte de ese pastel. Crecer a niveles tan elevados como se ha hecho en los años anteriores es una situación excepcional que se basa en coyunturas excepcionales. En nuestro caso la coyuntura no sólo era excepcional sino también falaz, se basaba en un crecimiento desmedido del negocio inmobiliario, a su vez conectado, de forma secundaria, con el negocio del turismo. Pero es que crecer así es insostenible. Hay que arrasar el planeta, consumir los recursos de las generaciones futuras, se precisa aplastar la oposición de los países pobres que quieren su parte del pastel, hay que hacer guerras constantemente y devastar países. Es, en definitiva, un trabajo difícil y que no merece la pena, porque, si hacemos todo eso, lo único que conseguiremos será disminuir el índice de paro del 20 al 10% y que nuestros salarios crezcan al ritmo de la inflación.

Cuando empezó la crisis se dijo que nuestro sistema económico había sucumbido y que había que crear uno nuevo. ¿Nadie se acuerda ya de esas declaraciones que hacían hasta los expertos de la derecha? En menos de un año hemos vuelto a lo de siempre: deja que yo me haga inmensamente rico para que te aumente el sueldo 1 punto y baje el paro un 2, un 5 ó un 10%.

Lo paradójico del tema es que la solución al paro es la contraria de la que proponen. El trabajo hoy día es un bien escaso. Debido a la industrialización, al desarrollo tecnológico, (eso sí es ingeniería y no la financiera), el mundo laboral se ha transformado. Eso lo vemos todos. La cantidad de tareas que hace un ordenador requería no hace mucho de cientos de personas. Hay películas de Holywood de los años sesenta, (recuerdo ahora El Apartamento de Willy Wilder), en las que podemos ver cómo eran aquellas oficinas de no hace tanto tiempo: una planta completa de un edificio lleno de mesas con gente escribiendo en aquellas viejas máquinas, haciendo las tareas que ahora hacen unas pocas personas con sus ordenadores.

Hace ya muchos años que deberíamos habernos dado cuenta de que, con los medios de que disponemos hoy día, hay que trabajar menos horas para que todos podamos trabajar. Una solución al paro consiste en que los empresarios paguen igual por menos horas de trabajo. Lógicamente esta solución recorta los beneficios empresariales. Es verdad, pero mejora los beneficios del resto de la humanidad. Lo que no es de recibo es que nos digan que tenemos que trabajar más y cobrar menos.

En definitiva es una cuestión que habrá que negociar. Esta guerra, como la llamábamos antes, debe acabar en una negociación. Parte de la carga la debe pagar el empresario y la otra parte la debe pagar el trabajador. Pero que empiecen por no engañarnos y mentirnos como a niños con las falacias de la reforma laboral.

martes, 2 de febrero de 2010

FOTOS: Enero en la dehesa.

Pinchar en las imágnes para verlas más grandes.