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miércoles, 17 de febrero de 2010

Miércoles de ceniza postmoderno.

Por alguna razón que desconozco y que mi equipo siquiátrico habitual está investigando siento una aversión especial por la trampa, el engaño y la mentira. Que nadie de los que me conocen y me tratan tenga la debilidad de bajar la guardia: el que tenga esa aversión no quiere decir que yo no practique esos vicios. Pero eso es otra cuestión.

Quiero decir esto porque de forma intrínseca nuestra cultura actual, la de las sociedades post-industriales, la del mundo post-moderno, está fundamentada en la trampa, el engaño y la mentira. Esto tiene una razón, hoy día los medios de comunicación se han convertido en un arma poderosa para ganar una guerra, ya que se ha demostrado que es más eficaz luchar con los medios que a tiros por las calles. La guerra a la que me refiero es la que mantienen los poderosos con la gente normal y corriente.

Desde los años setenta del siglo pasado estamos sufriendo una trampa histórica que es quizás la forma de engaño y mentira más grande que haya montado el poder contra sus enemigos, es decir contra el común de los mortales. Hacia esa época se instaura en nuestra cultura el triunfo del concepto de postmodernidad. Las propuestas postmodernas son acertadas, véase la reseña sobre Lyotard en este mismo blog. En síntesis el pensamiento postmoderno viene a decir que igual que las fábulas y la poesía épica, (los poemas de Homero sobre la fundación de Atenas), son anteriores a la historia como ciencia, de igual manera, lo que Lyotard llama las “grandes narraciones” son anteriores a la nueva ciencia postmoderna. Las grandes narraciones serían las que nos hablan de la liberación del ser humano y de la emancipación de la sociedad, léase el cristianismo, el liberalismo o el marxismo, que fueron dominantes durante la modernidad ya superada. Uno entiende que esto está bien, (nunca ha creído en ninguna de esas narraciones), pero uno sospecha que pueda esconder alguna trampa. En efecto, se trata de desmontar sistemas de análisis que han sido muy poderosos científicamente contra la dominación, para imponer un pensamiento fragmentario y contradictoriamente unitario fácilmente manipulable. Los únicos creadores de ideología que quedarían ahora, según nuestra tesis, serían los medios de comunicación: el medio es el mensaje.

Ya hemos contado aquí la fábula de la gripe A. Ya todos sabemos en qué ha acabado, incluso los poderes fácticos están preguntándole a la OMS qué demonios era esto de la nueva gripe. Esto ha sido un episodio de manipulación de un determinado sector industrial, pero los hay más gordos.

¿Alguien recuerda ahora que cuando surgió la última crisis económica todos los analistas, liberales y conservadores, (según el criterio americano), coincidieron en que había sido una crisis creada en exclusiva por los especuladores sin escrúpulos, (Madoff), y que había puesto de manifiesto que el sistema monetario, económico y bancario estaba equivocado y había que cambiarlo, que el capitalismo salvaje había llegado a su extremo y había que sustituirlo por otro sistema, no menos capitalista pero más racional y basado en el esfuerzo y la innovación y no en las manipulaciones tramposas? Yo eso lo leí en los editoriales de El País, pero también en los de El Mundo o el ABC. Era un análisis unánime. Alguno llegó a decir que era el final del capitalismo.

Ha pasado poco más de un año y ahora la situación es totalmente distinta. Resulta ahora que, después de haber destinado miles de millones a sacar del atolladero a los bancos, después de que alguno de los más importantes haya distribuido más beneficios que nunca, la crisis la han de resolver los que menos tienen. Los trabajadores tienen que ver sus sueldos congelados, (se está hablando de bajar los sueldos), el gasto social y la inversión pública, (es decir el dinero que el Estado gasta en beneficio de todos por igual), tienen que disminuir drásticamente y, en el colmo de los malabarismos, esto hay que hacerlo bajando los impuestos como ha hecho Alemania. Esto es totalmente alucinante, por mucho doctor en economía que quiera venir a explicárnoslo. De hecho los doctores en economía no han tenido el valor de venir a explicárnoslo. Estas cosas se dan por hechas y a callar. Cómo es posible que para crear empleo tengamos que trabajar más y jubilarnos más tarde. Esto genera paro, no hay que ser un doctor en Harvard. ¿Alguien lo entiende? En medio de este sinsentido ya vale todo. El enemigo está tumbado en el suelo con sus manos en la cabeza y lo único que nos queda es patearle y pisotearle sin piedad: lo último que vienen a decirnos es que, además, no podemos jubilarnos hasta que no lleguemos a la edad de morirnos. Nos razonan que esto es debido al aumento de la esperanza de vida que impide que cuadren las cuentas, pero, por qué no nos lo dijeron cuando la economía estaba boyante, nos hubiera costado menos sacrificios. Porque no estábamos tumbados en el suelo con las manos en la cabeza y a merced de los grandes especuladores, como ahora. No se puede llamar crisis a algo que está siempre ahí. De Los últimos 35 años he vivido unos treinta en crisis. Esto no es de recibo. La crisis es otra trampa. Dice el pensamiento imperante, postmoderno naturalmente, que esto que estoy contando es una “narración” como las que contaban los marxistas. ¿La Biblia que fue a leer Zapatero a la sede imperial no es una narración?

Lo más grave es que no se está haciendo nada por superar la crisis, al contrario, lo que se está haciendo es lo que siempre han hecho: aprovechar que la gente está asustada para darle golpes por todos lados. Lo que están haciendo es beneficiarse del reparto del pastel a nuestra costa.

Dice un artículo de El País que la crisis no ha llegado aún, que llegará a mitad de este año. Es muy probable que así sea, porque además, no se está haciendo nada por evitarla, lo único que están haciendo es “hacer caja” a nuestra costa. Las medidas que se adoptan no van encaminadas a sacarnos del hoyo.

Y nosotros aquí llorando en este valle de lágrimas. Esto sí que es una narración… y un cuento.

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