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jueves, 25 de febrero de 2010

El espectáculo de la manipulación.

Tenía preparada una entrada en este blog sobre lo que aquí llamamos “tecnologías inestables”, estas tecnologías modernas que fallan más que la escopeta de la feria. Pues bien, cuando voy a editarla resulta que la tecnología de Blogger, que es la que nos permite comunicarnos con nuestros miles de lectores había fallado por alguna causa que desconocemos, muy a propósito del comentario que queríamos hacer. Finalmente hemos podido hacerlo y aquí está la entrada.

Guy Debord después del mayo del 68 acuñó el término “sociedad del espectáculo”. Nosotros vamos más allá y hablamos de “el espectáculo de la manipulación”. Cuando te das cuenta de ello resulta divertido asistir a este juego con la certeza de que asistes a un teatro en el que la gente sobreactúa. Vamos a contar un cuento.

Cuando se produjo la revolución tecnológica que propició el desarrollo de la electrónica, uno de sus fundamentos fue el final de la precisión. El final de la precisión se hizo cultural, entró a formar parte de nuestra vida y alcanzó a todos los ámbitos de la sociedad. Ya comentamos en el blog “todas las músicas” el libro de Lyotard “la condición postmoderna”. Una de las claves del pensamiento postmoderno, según Lyotard, es el abandono de la precisión como una de las bases culturales de las sociedades modernas. La precisión era un paradigma en la cultura moderna, era lo que nos separaba de otras culturas, según nosotros, más atrasadas. En este paradigma tenía mucho peso la mentalidad germánica y la japonesa. Este eurocentrismo se ha superado, pero en el camino hemos perdido algunas cosas que eran fundamentales para nosotros. Al final de los años setenta nació el Punk, una música popular que rechazaba el virtuosismo, es decir, la precisión.

Yo recuerdo que en los años modernos si un aparato dejaba de funcionar se llevaba al técnico y te lo arreglaba o, en su caso, te lo cambiaban por otro nuevo si no tenía arreglo. Hoy día los fallos forman parte del sistema. Yo tengo un iPod de Appe, un reproductor de mp3 con pequeños altavoces de Philips, un lector de CDs y DVDs de Pioneer y un ordenador Toshiba, todos ellos de marcas conocidas y prestigiosas. Pues bien, todos y cada uno de estos aparatos me fallan continuamente. La solución la sabemos todos, apagas el aparato si puedes y vuelves a arrancar para ver qué pasa. Normalmente el problema se arregla y ya está, aunque claro, vives con el corazón en un puño porque no sabes cuándo te va a funcionar y cuando no. A veces no se arregla y tienes que entrar en los foros de internet para ver qué es lo que la gente aconseja para solucionar ese problema, porque si no nadie te lo va a arreglar: “Cómprate un disco limpiador y pásaselo al lector”. Tengo un disco limpiador que paso por el reproductor antes de escuchar un CD en el equipo de sonido. Cuando el iPod se carga en el conector USB del ordenador se me bloquea. Sí, ya sé que hay que desconectarlo con mucho cuidado y así lo hago, pero se queda encendido y sin posibilidad de que funcione ninguna tecla y, además, no tiene un botón para apagarlo. Una vez que pasa un rato vuelve a funcionar, pero claro, cuando él quiere, no cuando quiero yo. Así podría seguir contando penas durante todo el día.

A estas tecnologías las hemos llamado en este blog “tecnologías inestables”, por eso mismo, porque nunca sabes cuándo van a funcionar y cuándo van a fallar. Todo este largo preámbulo viene para explicar lo que es “el espectáculo de la manipulación”.

Estos días atrás escuché la noticia de que se había detectado un fallo en los coches de la multinacional japonesa Toyota. No le di mucha importancia porque es una noticia recurrente. Un día encuentran un fallo en los embragues de los Volkswagen, (pongamos por caso), y al día siguiente en los frenos de los Citroën, (es un suponer), y lo anuncian en la prensa diciendo que van a revisar gratuitamente todos los coches que han salido de fábrica en, por ejemplo, los dos últimos años. Mi sorpresa fue cuando, visitando por curiosidad la página web del New York Times, me encontré con que esa noticia aparecía en primera plana del prestigioso diario norteamericano. Desde entonces, la cosa no ha parado de crecer. Si el NYT publica la noticia de forma reiterada el resto del mundo se entera y la publica en parecidos términos. Aquí la hemos leído en El País, que dedica nada menos que un editorial. Me parece bien que la opinión pública conozca los fallos de los fabricantes pero de eso al espectáculo que se está montando con esta noticia hay un abismo. El propio Congreso de los Estados Unidos de América está investigando a la marca japonesa, con testimonios como el de Rhonda Smith, que sufrió un accidente con un vehículo y aparece compungida ante la Cámara de Representantes. No hay ninguna mentira en todo esto. Todo esto es cierto. ¿Entonces?....

Todo el mundo sabe que los EE.UU. tiene una poderosa industria del automóvil que lleva muchos años sufriendo el ataque comercial de los vehículos europeos, (especialmente en los vehículos de alta gama) y sobre todo de los japoneses en los utilitarios que compran la mayoría de los americanos. Aunque en sus películas los personajes conducen un Ford o un Chrysler, esto no es así en la realidad, la mayoría de los americanos conducen un coche japonés. Lo de Hollywood es parte del espectáculo, hasta ahí es normal, pero lo asombroso es que también lo sea la prensa e incluso el Congreso. Todos sobreactúan.

En esto, la verdad es que son unos maestros y ahí nos ganan a todos, a los japoneses, a los europeos y a quien se ponga por delante.



P.D. Tengo un Toyota con más de una docena de años y nunca me ha fallado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Soy el concesionario de Toyota. Que me dien de la central que donde te mandamos la comisión que concertaste por el anuncio publicitario del post de tu blog. Danos si no una cuenta corriente y te lo ingresamos.
Sayonara.

manuel larios dijo...

Vaya. Estas cosas no deberían pasar, pero hay veces que pasan. Que le vamos a hacer. Ese comentario no debería haber entrado ahí. Perdón.