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lunes, 29 de septiembre de 2014

Fronteras de la memoria.

18 DE SEPTIEMBRE.

Argelés sur Mer fue testigo de muchas de las vicisitudes que la derrota supuso para los republicanos españoles, pero no es el único sitio de esta tierra de frontera que ha dejado su huella en el recuerdo. Siempre quise visitar la playa de Argelés, por razones familiares, pero también quería aprovechar el paso por estas tierras para ser testigo de otros recuerdos.





Cuando a finales de enero de 1939 Antonio Machado hizo el camino del exilio acompañado de un grupo de escritores e intelectuales que le acompañaban dado que su estado de salud era muy malo, tuvo que hacer parada en un hotel de Collioure, la localidad costera que se descuelga desde los últimos cerros del Pirineo hasta el Mediterráneo. El 22 de febrero moría el poeta y era enterrado en el cementerio de la localidad, gracias a la generosidad de los vecinos, al igual que su madre, que moría unos días después.
Cuando llegamos a Collioure y aparcamos el coche, tomamos un camino que nos lleva al centro del pueblo y lo primero con lo que nos topamos es con el antiguo cementerio que está perfectamente integrado en el casco antiguo. La tumba del poeta está al frente de la entrada. Es una tumba sencilla pero digna, en un sitio privilegiado, si puede decirse tal cosa. La tumba siempre tiene flores y cariñosos recuerdos de España. Luego, en la oficina de turismo, comprobamos que el plano turístico de Collioure señala con mucha claridad la última morada de Antonio Machado. También en Argelés, en cuanto que pedimos información sobre el campo español nos dieron todo tipo de detalles, de manera que aún nos quedaron por ver algunos de los sitios que nos recomendaron, como un memorial del campo, que es un centro de interpretación donde se documenta todo lo que se conoce sobre el tema. Quiero decir con esto que hay que agradecer a los vecinos actuales de la zona su solidaridad con los demócratas españoles que va más allá del reconocimiento que se les ha hecho aquí en su propia patria.  
Después visitamos la localidad de Collioure y tuvimos la agradable sorpresa de descubrir una villa costera espléndida. Calles pintorescas llenas de alegres colores al sol del Mediterráneo, caminos urbanos que vierten hacia el mar, abundantes comercios de artesanía, que sirven de entretenimiento al descanso de un buen número de jubilados europeos y, en esta época del año, un número ya limitado de familias de vacaciones y demás turistas.





Seguimos el camino de la costa hacia España, a través de Port Vendres, Banyuls-sur-Mer y Cerbere. Una costa escarpada, con carreteras que serpentean sobre los acantilados mediterráneos y que termina en la frontera española en Portbou. Antes de nada, buscamos un sitio donde comer, por fin, comida española: sepias, calamares, anchoas; todas esas cosas que llevamos dos semanas sin probar. Hablamos un buen rato con el dueño del local, (en ese tiempo tampoco hemos hablado español largo y tendido con nadie), y en cuanto que le insinuamos algo enseguida se percata de lo que buscamos y nos dice: Walter Benjamin. En efecto, venimos buscando los restos de memoria del filósofo judío berlinés, uno de los fundadores de la escuela de Frankfurt, junto con T.W. Adorno. La misma escuela de Marcuse, Erich Fromm, y actualmente de Jürgen Habermas y Karl-Otto Appel. Walter Benjamin huía de la presión nazi atravesando Europa hasta llegar a Francia. Cuando los nazis empiezan a tomar el país se escapa por la frontera hacia España y se hospeda en un Hotel de Portbou para intentar huir a EE.UU. donde le esperan Adorno y otros compañeros, cómodamente instalados en buenas universidades americanas. Sin embargo la Guardia Civil detecta su presencia y empieza a seguir sus pasos. Benjamin sospecha que le quieren devolver a Alemania y preso del pánico se suicida con una sobredosis de morfina.
La Generalitat de Catalunya en colaboración con la República Federal Alemana ha financiado la creación de un lugar de memoria, encargánole al artista israelí Dani Karavan la realización del mismo. Dice un cartel allí existente: “Las circunstancias posteriores a la muerte de Walter Benjamin han contribuido a una cierta mitificación de su figura. El doctor Vila que certificó su muerte la inscribe literalmente como “Benjamin Walter”, alejándose así de cualquier parentesco y relación judía. Benjamin es enterrado a toda prisa en el cementerio católico, en el nicho 563. Nicho que durante 5 años, ha dejado pagado Henny Gurland. Pasados esos 5 años los restos de Walter Benjamin son depositados en la fosa común del cementerio de Portbou, honrado de esta manera, desde la incosciencia, la memoria de aquel que había dicho: “la historia no es solo una historia de los triunfadores, los dominadores, los supervivientes, es primariamente la historia del sufrimiento del mundo”. Son estos los seres anónimos, privados del nombre y la memoria, los que sustentan la historia. El memorial “Passatges”, del escultor Dani Karavan, invoca directamente la experiencia del dolor y permite rememorar el profundo sentido de la tragedia que va asociado a la experiencia del exilio. El cementerio de Portbou fue visitado en octubre de 1940 por la filósofa Hannah Arendt, amiga personal de Benjamin, quien poco tiempo después escribió: “el cementerio da a la bahía, directamente sobre el Mediterráneo, está tallado en la piedra y se desliza en el acantilado. Es uno de los lugares más fántasticos y más bellos que he visto en mi vida”.

La obra de Dani Karavan no es algo para contemplar, es un lugar de experiencia. Uno se acerca a ella y se encuentra con una especie de túnel de sección rectangular construido en acero corten que está inclinado hacia el mar. Un poco más adelante se comprueba que el final del túnel es una zona de mar convulsa, donde las olas rompen contra unas piedras. La primera impresión es que se trata de una rampa que podemos pisar y por la que vamos a caer al mar. La situación nos sobrecoge. Hasta que nos damos cuenta, al dar unos pasos, de que la rampa es en realidad una escalera y, un poco después, de que al final del túnel hay una luna que impide que nos caigamos al mar. Pero la sensación de hundimiento la hemos experimentado ya. Descendemos lentamente los escalones de acero y nos vemos inmersos en un túnel que conduce al abismo. Poco después de experimentar esta agobiante sensación, la tapa superior del túnel desaparece y vemos el cielo azul mediterráneo, (en aquel momento entreverado de nubes). Seguimos avanzando hacia el cristal que nos separa del abismo y nos damos cuenta entonces de que tiene grabadas unas palabras del filósofo en alemán en lo alto de la luna, y su traducción al catalán, castellano, francés e inglés: “Es una tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las personas célebres. la construcción histórica se consagra a la memoria de los que no tienen nombre”. O para ser más exactos: “Schwerer ist es, das Gedächtnis der Namenlosen zu ehren als das der Berühmten. Dem Gedächtnis der Namenlosen ist die historische Konstruktion geweiht.”
Según el esquema que aparece en la explicación del monumento, éste está formado por los siguientes elementos: 1 Remolinos, olas, rocas. 2 Corredor (nosotros lo hemos llamado tunel). 3 Olivo. 4 Plataforma. A Nicho de Walter Benjamin (número 563, que alojó sus restos de 1940 a 1945). B Placas conmemorativas.
Tenía razón Hannah Arendt, aquí están bien enterrados sus restos mortales.


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