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viernes, 28 de marzo de 2008




Tuvimos que cruzar el lago en uno de esos terribles aparatos que, afortunadamente, Maggie conducía con evidente pericia, lo cual, al menos, era un pequeño consuelo en medio de tanta adversidad. El lago Malawi es conocido por las tribus locales como Nyasa, palabra que significa precisamente, eso: lago; y es que se trata de un charco de 560 km. de longitud, prácticamente un mar. Como curiosidad, dice la wikipedia que en este lago se produjo al inicio de la Primera Gran Guerra el ataque de un barco inglés a un acorazado alemán que patrullaba por él. Cuando leí eso me acordé de una de mis películas preferidas: La Reina de África; la película de John Huston protagonizada por Humphrey Bogart y Katharine Hepburn.
Atravesarlo en helicóptero fue toda una experiencia. Es una imagen conocida, esa famosa escena de National Geographic en la que la cámara sobrevuela por encima de un mar de flamencos que alzan el vuelo al ruido del motor. No había flamencos entonces, pero era igual de espectacular, con la diferencia de que aquello estaba siendo contemplado en vivo y no era una película.
El aeropuerto de Lichinga no puede llamarse aeropuerto en rigor. Se trata de una pista de aterrizaje con unas pequeñas instalaciones. Pero era más que suficiente para la pericia de Maggie, que con su helicóptero apenas necesitaba pista. Tampoco el hotel era lo que por aquí conocemos como tal, pero era suficiente y la ducha, aún con agua fría, era más que reconfortante, espeicalmente para la temperatura que teníamos. Después comimos pescado del lago, según mi amigo biólogo “oreochromis lidole”, aunque aquello en realidad lo llamaban chambo: pescado frito acompañado de patatas y cerveza. El lago había dado empleo a multitud de pescadores, pero la sobreexplotación estaba dejando sin trabajo a muchos. Ya no se obtenían tan buenas capturas como antaño, las redes llegaban vacías la mayor parte de las veces y la gente se estaba quedando sin su medio de vida.

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