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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Bienvenido Mr. Krugman.


PRÓLOGO MORAL. 

Nunca la modestia intelectual ha sido una de mis mayores virtudes. ¿Qué le vamos a hacer? Cada uno es como es. En lo demás, creo que soy una persona modesta, yo diría muy modesta. No me gusta apabullar a la gente que puede sentirse inferior a mí, no me gusta presumir de estatus, no me siento superior a nadie y, por lo tanto, no considero a ningún ser humano inferior a mí, ya sea de cualquier etnia, de cualquier país, de cualquier género. Pero si creo que tengo razón, no porque esté por encima de la gente y tenga poder para imponer mis opiniones como hacen muchos, sino porque intelectualmente lo que estoy discurriendo me parece cierto, en ese caso soy totalmente inmodesto y además no me importa hacérselo saber a todo el mundo. Es mi mayor defecto, ese y a menudo la ira. Bueno de cuando en cuando la pereza y a veces la falta de entusiasmo. Bueno, vamos a dejar mis defectos que éste podría ser un tema muy largo y tampoco importa mucho a nadie.


DIGRESIÓN ECONÓMICA

Viene a cuento esto, porque acabo de darme cuenta de que por fin, el prestigioso premio Nobel de economía Paul Krugman, ha leído este blog y está empezando a entender lo que está sucediendo. Ha dejado ese discurso keynesiano que llevaba tanto tiempo defendiendo y ha comprendido nuestro pensamiento. En su último artículo en el suplemento económico de “El País”, titulado “Robots y capitalistas sin escrúpulos” adopta nuestras tesis respecto del empleo, todavía de forma moderada, concluyendo el mismo así: “Como he dicho, este es un debate que apenas se ha iniciado; pero es hora de ir empezando, antes de que los robots y los capitalistas sin escrúpulos conviertan nuestra sociedad en algo irreconocible.” 
Sin embargo parece que va entendiendo esto, cuando comenta: "aunque es verdad que los tipos de las finanzas siguen teniendo un éxito tremendo (en parte porque, como ahora sabemos, algunos de ellos son en realidad ladrones)".

Hace ya casi un año, nos preguntábamos aquí: “¿Hay que trabajar más?”; en respuesta a unas declaraciones de Dolores de Cospedal en ese sentido. En aquel entonces, después de razonar que la creación de paro es algo inherente al sistema y que no se va a detener, decíamos que el trabajo está sometido al mercado como un producto más y que, al igual que los empresarios agrícolas cuando sus productos bajan de precio los tiran al mar para que suban,  hacíamos una propuesta que, detrás de su ironía, escondía una opinión sobre lo que está ocurriendo y lo que nos espera: “Tenemos un bien que es cada vez más escaso: el trabajo; cuya oferta decrece y escasea cada vez más porque la tecnología lo hace cada vez menos necesario. Al tiempo tenemos una cada vez mayor demanda  de trabajo que son los parados, los que quieren entrar al mercado laboral y no pueden, los despedidos con más de 45 años de edad, etc. ¿Qué sucede? Que, cada vez más, la fuerza de trabajo vale menos. Habría que tirar los parados y los trabajadores al mar para que la fuerza de trabajo subiera de valor, se cotizara más alta y los empresarios dieran más por ella. “


MORALEJA.

Después, intentando recuperar un poco la sensatez, añadíamos: “Pero como la solución evidentemente no es tirar a la gente al mar, la alternativa es trabajar menos horas, para que el valor de la hora trabajada suba de precio.

Por eso los empresarios, en especial en la economía especulativa, tienen tanto interés en lo contrario. No hay que olvidar que lo que es bueno para el capital es malo para la fuerza de trabajo. No hay una economía, hay muchas. De hecho, cada uno tiene la suya propia, con sus intereses propios, a veces coincidentes, a veces contrapuestos a los de los demás. El resumen de esta crisis es que el capital está aplastando a la fuerza de trabajo que se ha desarmado ella sola engañada por los cantos de sirenas de los Díaz Ferrán.  

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