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viernes, 31 de agosto de 2012

Cuaderno de vacaciones 2012: Bertiz - Elizondo


DOMINGO 26 de agosto. Después de ver las informaciones turísticas decidimos ir a recorrer el Parque Natural del Señorío de Bertiz. En principio no habíamos previsto visitarlo porque tiene un jardín con árboles traídos de muchos lugares, lo que no es un tema que nos interese especialmente pero, como los jardines de la Granja, está rodeado de bosques y estos sí son espacios naturales interesantes: bosques de robles, castaños y sobre todo hayas, con algunos abetos y un bosquete de cedros que sembraron en lo más recóndito. La ruta presentaba varias posibilidades pero como nos encontrábamos bien fuimos metiéndonos más y más en el parque hasta que lo recorrimos todo entero. En total hicimos 27 km., con un desnivel de la ruta de 560 m., pero con un acumulado de casi 700 m., en definitiva una paliza importante de 7 horas, osea: andar casi sin parar. Fue una ruta agradable porque la primera mitad la hicimos por la vertiente solana donde el hayedo está más abierto que, por ejemplo, en Irati y es más luminoso y alegre. El regreso lo hicimos por un río que le confiere al entorno un cierto frescor y el sonido amable del agua que va saltando los canchales de piedra.
Cuando conseguimos bajar hasta la localidad de Oronoz nos tomamos unos cuantos botellines de cerveza en un bar que no tenía ni barril y donde un paisano me hablaba en euskera. Cuando le conteste que no entendía tan hermosa lengua, se pasó al castellano para glosarme las glorias de un pelotari que estaba jugando en ese momento en un partido retransmitido por la tele local, y quien a sus 43 años era muy conocido en toda Euskal Herría. La camarera, no obstante, puso un pizca de duda al comentar: veremos si ahora no le sacan alguna cosa de dopaje. Lo que nos llevó a concluir la conversación con el caso Armstrong. 
 
LUNES 27 de agosto. Tras la paliza en Bertiz, decidimos tomarnos la mañana de descanso, bajar a Elizondo y realizar algunas compras, como una pila de reloj y cosas así. Nos gustó mucho el pueblo, pero por la tarde, una ligera indisposición nos impuso un poco de relax. Así que, como el calor era intenso, nos fuimos a dar un chapuzón a la piscina del camping. Un chapuzón y nada más, un rato a la sombra y de vuelta a la caravana se puso a diluviar: una tormenta. 


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