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lunes, 27 de agosto de 2012

Cuaderno de vacaciones 2012: Ochagavía.


El lunes volvimos a Ochagavía porque el año pasado nos gustó mucho recorrer los bosques de hayas de Irati. Los paisajes verdes, el tiempo fresco, el agua abundante que se notaba en los caudalosos ríos y que estaba presente en todo; en el suelo húmedo que a pesar de ser agosto estaba lleno de setas por todas partes, sin polvo, escurridizo, que obligaba a andar con cuidado para no resbalar y caerse por la ladera abajo. Nuestra sorpresa fue que todo eso había cambiado. La ola de calor africano había llegado hasta el Pirineo y pasado a Francia, donde nos dijeron que habían soportado temperaturas inusuales. Pero no sólo era el calor, era también que todo aparecía mucho más seco que el año anterior. Ya no corrían los arroyos y las gargantas, sólo los ríos más importantes llevaban algún caudal, aunque nada parecido al que conocimos sólo doce meses antes, el agosto anterior.  
La primera ruta, al día siguiente, nos situó ante la cruda realidad. Un paseo de poco más de 10 km. con 250 m. de desnivel se convirtió en un calvario debido a las altas temperaturas que, unidas a la humedad reinante, nos hacían sudar cuando el sendero se empinaba lo más mínimo. Así que terminamos cansados y algunos desilusionados con la experiencia de estos bosques. Los recorridos por los afluentes del río principal resultaron muy distintos de lo que lo habían sido en nuestra anterior visita a la zona.  
Al día siguiente los jóvenes se quedaron en el pueblo, donde no los trataron muy bien, mientras que nosotros fuimos al parking del pantano e hicimos el recorrido completo al lago artificial del embalse de Irabia, con algo más de frescor que el día anterior.
Al tercer día hicimos la ruta que va desde las casas de Irati hasta el embalse para que los chicos tuvieran la oportunidad de conocerlo. Recorrimos de nuevo parte del pantano hasta que encontramos una zona en la que el río, antes de quedar apresado, tenía unas pozas tentadoras. Nos bañamos con dificultad por las piedras resbaladizas que formaban el fondo del río y el agua, que baja de las montañas que hacen frontera con Francia y que ha sido antes nieve, estaba más bien caliente que fría.
Finalmente el viernes, cada uno se fue para su casa y nosotros nos cambiamos a un camping en el valle de Baztán, más allá de Elizondo, en un pueblecito muy bonito que se llama Erratzu.

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