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lunes, 7 de noviembre de 2011

Las cosas claras y el chocolate espeso.


Toda la prensa escrita ha sido unánime (casi) en afirmar que el referéndum griego era un desatino. ¿Cómo se va a preguntar a la gente sobre el futuro que le espera en los próximos veinte años?  Como si eso fuera cosa de su incumbencia. Estas son cosas muy serias para preguntárselas a cualquier griego.
Nuestra democracia es representativa y uno, que vivió su juventud en una democracia orgánica, tiene ya ganas de conocer lo que es una democracia sin apellidos. Una viñeta  de “Público” decía el viernes que si los griegos nos habían dado el nombre de democracia que sean ellos quienes nos digan ahora qué es esto. Ya lo hicieron hace más de 2000 años.
Platón defendía un gobierno de los mejores, lo que él llamaba una aristocracia. Por qué ahora lo llamamos democracia representativa, llamémoslo aristocracia y dejémonos de hipocresías y de demagogias y empecemos a llamar a las cosas por su nombre lo que, seguro, nos llevará a entendernos mejor y reconozcamos que no creemos en el gobierno de todos sino en el gobierno de los que más saben que, mire usted por donde, son los más ricos.

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