Vistas de página en total

jueves, 28 de agosto de 2014

¿Es esto normal?

Algo malo tiene que tener el verano para que se vea lo que se ve y se oiga lo que se oye. ¿Será que la gente normal se va de vacaciones y los que quedamos estamos algo “tocados”?

Un grupo católico quiere plantar 1.300 cruces en la Sierra de Guadarrama. Dice El País que el colectivo se declara "resuelto a acometer esta pequeña heroicidad, con abnegación y valor". ¿Por qué no plantan 1.300 pinos silvestres o abetos? No. Tienen que poner 1.300 cruces de 4 metros de altura. ¡Señor qué cruz!
Esto en realidad no es nada nuevo. A la Iglesia Católica siempre le ha gustado hacer ruido y hacerse notar. Ahí está la costumbre de colocar enormes campanas de bronce en las iglesias que hacen sonar con un gran estruendo. Nos parecerá normal porque siempre las hemos tenido, pero no deja de ser algo escandaloso. De la misma manera, las iglesias se han construido en los pueblos y ciudades elevadas en lo más alto del casco urbano y con un tamaño inusitado ante el resto de construcciones. Es su estilo, un poquito altanero. Dominándolo todo.

Las decisiones extrañas (por decirlo suavemente) no sólo se producen en el bando de los más beatos. Dos jóvenes españoles, un madrileño que vive en Asturias y otro de Cartagena, se han unido a lo que llaman las Brigadas Internacionales de Donetsk. Dicen que han ido a luchar contra el fascismo, como hicieron las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil. Bueno, en nuestra guerra la cosa era muy clara. Que en Ucrania haya brotes de fascismo no me extraña, pero llamar a Vladimir Putin antifascista, me parece manchar el calificativo. Que el régimen soviético pudiera definirse como antifascista, es un poco arriesgado, porque si bien lucharon contra los fascistas occidentales crearon un sistema totalitario como el de los nazis. Pero un tipo que perteneció durante años al KGB, que estuvo destinado en Dresde para expiar a los alemanes del Este, que luego se cambió de chaqueta cuando cayó el régimen al que había pertenecido de forma tan ostentosa y que se ha convertido en un decidido defensor del capitalismo en su vertiente más mafiosa, que sea considerado antifascista me parece condecorarle con unas medallas que no se ha ganado.

Entiendo a esa gente que dicen que, en la lucha política, prefieren la acción a la reflexión, pero ponerte a pegar tiros sin saber a quién te arrimas me parece que es peor el remedio que la enfermedad que se pretende curar. Claro que algunos, como Willy Toledo, llevan su reflexión tan lejos que se decepcionan de Podemos antes de empezar a andar con ellos. 

El resto de cosas estúpidas que están sucediendo entran ya dentro de lo que podemos llamar normal. A saber:

Una niña de nueve años mata atiros a su instructor de armas en Arizona. Pero eso es normal en Arizona.

En la tomatina de Buñol se lanzan 140 toneladas de tomate que hubieran servido para, cuando menos, hacer salsa de tomate, aunque le han ganado más de 1 euro por kilo (170.000 €). Lo que demuestra que, en este país, hacer el tonto es más importante que comer (la gente paga más por ello). Pero eso es normal en Buñol.

Dice Público que: “El PP de Cataluña ha presentado este lunes una denuncia ante la Fiscalía de Barcelona por "acoso e intimidación" contra siete trabucaires que dispararon varias salvas ante la vivienda del concejal conservador deCardedeu Jaume Gelada simulando, a su juicio, un fusilamiento”. De tirar salvas con trabucos enfrente de tu balcón a decir que te han simulado un fusilamiento va un trecho que la prensa de derechas no ha tenido ningún sonrojo en pasar. Pero eso es normal en la prensa de derechas.

Según El País, Madrid ‘legaliza’la M-501 con un informe ambiental posterior, en lugar del informe previo que prescribe la ley, en el que se debe demostrar que la obra en cuestión no afectará gravemente al medio ambiente. La autovía pasa por el Parque Regional del Guadarrama, pero el informe redactado a posteriori afirma que la zona ya está fragmentada: claro, la fragmentó la autovía.  Pero eso es normal en la Comunidad de Madrid. 

martes, 19 de agosto de 2014

Madrigal (la de las altas torres).




Se podría pensar en Madrigalde las Altas Torres, (el pueblo abulense limítrofe con las provincias de Salamanca y Valladolid), como en una metáfora de este país, con sus pros y sus contras, sus luces y sus sombras. Hagamos un tránsito de la sombra a la luz.

El pueblo tiene una estructura productiva claramente rural, con base en la agricultura y ganadería, (30,3% de trabajadores en el sector según el estudio de Caja España/Caja Duero de 2012), poco empleo industrial, un tercio del empleo en servicios y, en la época del estudio, un gran peso de la construcción. Cuando la media de paro del país era del 13 %, Madrigal ya padecía un desempleo del 20,9 % en 2011. De todo ello suponemos una mala distribución de la tierra que estaría en el origen del nivel de paro.

Este pueblo con problemas de empleo, como tantos otros del país, fue la cuna de Isabel la Católica que nació aquí en 1451 en un palacio gótico-mudejar que pasaría a ser después convento, actualmente Monasterio de Nuestra Señora de Gracia. Sin embargo, el magnífico patrimonio histórico y cultural de Madrigal presenta carencias asombrosas.

El Convento Agustino de Extramuros es una magnífica construcción de estilo herreriano, que parece ser obra de Nicolás de Vergara el Mozo, que trabajó en la catedral de Toledo. Allí murió el más famoso poeta agustino: Fray Luis de León. El Convento tenía una iglesia renacentista de sólidos muros de ladrillo y un magnífico claustro renacentista, ejemplo de diseño riguroso y bello, que fue conocido como “El Escorial de Castilla”. Pues bien, esta magnífica construcción, ya sin uso, fue enajenada cuando la llamada “Desamortización de Mendizabal”, en la que muchos monumentos y edificios religiosos fueron adquiridos por burgueses adinerados y pasaron así a manos privadas. Como el edificio era enajenado para el mejor aprovechamiento del adquiriente, uno de los herederos decidió en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo desmontar sus fábricas de ladrillo para vender los ladrillos macizos “de tejar” a sus paisanos para su uso en la construcción de viviendas y otros edificios de la localidad. A resultas de tal empresa se desmontaron las bóvedas que cubrían la iglesia del convento y se sustituyó la antigua cubierta por una infame cubrición de chapas sobre unas ligeras cerchas, todo ello en acero galvanizado. Del resto del convento no quedó casi nada en pie. Sólo parte del muro que mira al pueblo ha quedado como testigo de su anterior esplendor. Un muro donde se aprecian las magníficas construcciones que allí existieron y las suntuosas fábricas de ladrillo macizo que lo cerraban.

Pero no terminan aquí los problemas que padece el patrimonio histórico de la localidad. La iglesia de Santa María del Castillo, es una construcción románico mudejar del siglo XIII con ampliaciones posteriores que, a pesar de haber sido declarada Bien de Interés Cultural, precisaría de bastantes trabajos de restauración. Empezando sin duda por la consolidación de sus estructuras y cimientos, pues aunque algún técnico de la administración haya achacado las múltiples fisuras en sus muros a las diferencias de temperatura que se producen entre el interior calefactado y el exterior expuesto a los fríos del invierno abulense podría más bien  pensarse que los problemas que presenta se deben a que la iglesia está construida sobre un promontorio, cuyo origen desconocemos, pero en el que no se aprecia la existencia de rocas, ya que estamos en una tierra donde no aparece la piedra, (lo que se pone de manifiesto en el uso reiterado del ladrillo en la construcción).

Cuando se construyó el Parador Nacional de Madrigal, se decidió crear un edificio nuevo en lugar de restaurar alguno de los existentes, lo que hubiera permitido destinar el dinero dispuesto a tal efecto, (al mismo tiempo que se mejoraba la oferta turística), a la recuperación del patrimonio local. Sin embargo, en el pueblo, algunas personas con mejor criterio propusieron la restauración de algún edificio de interés histórico-artístico, para lo cual algunos de los madrigaleños más preocupados por la conservación de su patrimonio histórico llegaron a entrevistarse en Madrid con el Ministro de Información y Turismo D. Manuel Fraga Iribarne.

Uno imagina un cambio en el rumbo seguido por Madrigal en aquellos años con la aparición de un grupo de personas que anteponía su amor por su pueblo a sus propios intereses particulares. Personas que entendían que había que tomar conciencia de la difícil situación del pueblo y había que actuar en consecuencia.

Hoy día, Madrigal cuenta con una Asociación de amigos de Madrigal, definida como madrigaleños en defensa de su patrimonio cultural y natural, y a través de esta iniciativa y otras el pueblo de Madrigal se ha implicado directamente en la defensa de su patrimonio. Luchan por conseguir fondos para restaurar la iglesia de Santa María del Castillo, para reconstruir y restaurar el Convento extramuros y apoyan todas las acciones encaminadas a la defensa de la villa de Madrigal.

La iglesia de San Nicolás es un claro ejemplo del trabajo que se ha realizado en el pueblo a instancias de los vecinos que han promovido, financiado y exigido fondos a la administración hasta conseguir que la iglesia brille hoy día en todo su esplendor, con su artesonado de madera magnífico, bien restaurado, igual que el altar del siglo XVIII o el ábside románico y con sus muchas obras de arte, igualmente restauradas, expuestas a la contemplación de sus vecinos y visitantes.

El Monasterio de Nuestra Señora de Gracia, Palacio Real de Juan II y Casa Natal de Isabel la Católica es un magnífico edificio que parece tener su origen en el siglo XIII y que está restaurado en buena medida. Se puede visitar el Convento de Clausura para admirar el magnífico claustro, las dependencias conventuales  y numerosas obras de arte.

La apelación en su nombre a las altas torres se debe a los numerosos lienzos de muralla y a las muchas puertas conservados en la localidad.

Pero además de los monumentos conservados, en Madrigal se puede contemplar muestras de construcciones de estilo neomudejar, edificaciones pintorescas de estilo rural y alguna sorpresa, como la casa modernista de la plaza de San Nicolás, 3 entre otras.

Alojarse en algún centro de turismo rural, disfrutar de las buenas carnes de ternera avileña, asados de cordero lechal o cochinillo, bien regados con los caldos de la zona, como los blancos de rueda verdejos y los tintos de la Ribera del Duero, al tiempo que se disfruta de la conversación y amabilidad de sus vecinos: ¿se puede pedir más?

Pues eso.


Hospital de la Purísima Concepción


Monasterio de Nuestra Señora de Gracia


Iglesia de San Nicolás de Bari


Interior de San Nicolás


vivienda en Plaza de San Nicolás, 3


Convento Agustino de Extramuros

lunes, 18 de agosto de 2014

Vehemencias y mentiras: Pérez-Reverte y el Islam.

Pérez-Reverte afirma: “No les quepa duda. Seremos decapitados, tarde o temprano”. 

No contestaría esta afirmación si se tratara de dedicar mi tiempo a reflexionar sobre lo que dice el famoso académico de la lengua, porque hace mucho tiempo que me cansé de sus espadachines y sus emulaciones novelescas de Alejandro Dumas. Es cierto que Pérez-Reverte es buen escritor y mejor periodista, pero sus opiniones suelen ser dislates que sólo se basan en lo que a él le sale del alma, por no decir de otra parte más corporal, en cada momento. Tengo que reconocer que yo tengo el mismo vicio, tan propio de los pueblos mediterráneos, que no es otro que el de la vehemencia, la rabia exasperada que sale de la sangre caliente de los españoles. Pero a diferencia del famoso escritor, uno lo considera como un vicio y en cuanto que la cabeza se percata de que estamos perdiendo las riendas, hace frenar al potro desbocado y lo reconduce hacia la mesura y la templanza, (como explicó Freud a través de su concepto del “Superego”). Por el contrario nuestro escritor, cuando ve que la sangre se le calienta, toma la pluma y plasma todo lo que se le ocurre en el papel. Así hace sus famosas crónicas periodísticas en las revistas con las que colabora y así ha establecido un estilo propio de comentar la actualidad. El que uno dedique parte de su tiempo a analizar las afirmaciones del escritor cartagenero se debe a que, según mi parecer, esconde graves afirmaciones.

Parece que pretende ser una llamada de atención para que estemos atentos y preparemos nuestra defensa frente a posibles invasiones bárbaras de los pueblos que obedecen las consignas del Islam. Apoya su visión de este conflicto en su experiencia como reportero en otros que pudo presenciar y que tan fielmente nos contó en la televisión pública de aquellos años de finales del siglo XX, en que aún ejercía el periodismo a pie de calle.

Pero ahí radica lo más siniestro de sus afirmaciones, porque él conoció bien el caso de la antigua Yugoslavia, (Territorio Comanche), y sabe cómo este tipo de informaciones, tendentes a atemorizar a la opinión pública, que fueron manejadas durante años por algunos, (en especial por los serbios contra los bosnios musulmanes), acabaron creando unas masacres infames que tuvieron numerosas consecuencias dramáticas para todos, en especial para los propios bosnios que sufrieron matanzas calificadas por la mayor parte de los observadores de “genocidio y crímenes contra la humanidad”. Milosevic fue internado en la Haya para ser sometido a juicio por estos cargos y murió en su celda. Antes de todo aquello, durante años, los medios de comunicación controlados por los serbios habían envenenado al pueblo con mensajes del tipo de los que utiliza Pérez-Reverte en el artículo comentado y no me cabe duda de que éste habrá conocido de primera mano los mensajes racistas de Radovan Karadžić. (Por cierto, aquel conflicto acabó con  la intervención de la OTAN para parar aquellos crímenes y nuestro país formó parte del contingente, y a mucho honra).

Cuando uno califica a todo un pueblo por el mero hecho de pertenecer a una etnia, está elaborando un pensamiento que es racista. Cuando uno afirma que con toda seguridad nos van a decapitar está mintiendo. La afirmación de Pérez-Reverte es una mentira racista. Es decir, fascismo puro y duro.

Claro que hay asesinos sanguinarios entre los pueblos islámicos. Hay terroristas, hay radicales ignorantes y hay gobiernos que los apoyan. Algunos son gobiernos considerados criminales, como el de Irán, otros son gobiernos amigos, como los de las monarquías hermanas del Golfo Pérsico, incluida la de Arabia Saudí. Decir que todos los musulmanes son terroristas es como decir que todos los alemanes son nazis o que todos los napolitanos pertenecen a la mafia. Nadie con sentido común puede afirmar tal cosa. Yo tengo dos médicos palestinos, hay aquí un carnicero marroquí, y la mayor parte de la agricultura extremeña, (por ejemplo el tabaco del valle del Tietar), la cosechan los marroquís, entre los que hay algunos criminales y una mayoría de gente decente como en todas partes.

Nuestra obligación es responder a los riesgos con los medios de que disponemos, llegado el caso, si no queda otra solución, también con medios militares, pero no creo que Pérez-Reverte esté proponiendo que hagamos con todos los países musulmanes lo que Israel hace con Palestina. ¿O acaso se trata de justificar a Israel con sus afirmaciones?

Cuando él afirma que los musulmanes nos van a cortar la cabeza está tergiversando hechos constatables. Por ejemplo, es cierto que un grupo terrorista islámico, (y no ETA por cierto), produjo 190 muertes inocentes en los atentados del 11-M en Madrid. Nuestra policía acabó deteniéndolos y se suicidaron como los fanáticos que eran. Pero no es menos cierto, que sólo en los enfrentamientos de este mes los israelís han matado a más de 1.700 personas, la mayoría tan inocentes como los nuestros y entre los que se incluyen niños, mujeres, ancianos, (esa cifra es aproximadamente el doble de todas las víctimas producidas por ETA desde 1.960). De momento es a ellos a quienes están cortando la cabeza y eso debería preocupar a Pérez-Reverte porque eso es una verdad constatable. Lo demás son elucubraciones suyas.  

En el fondo de todo esto está la incapacidad de ver al “otro”, la incapacidad de aceptar a personas que son distintas a nosotros. Esa incapacidad es lo que hace a las personas racistas. El estudio de la antropología ha demostrado que en lo que se refiere a las costumbres los pueblos son muy distintos unos de otros, pero también que en las cosas fundamentales somos todos iguales. En la época de la Guerra Fría, decía una canción de Sting: I hope the Russians love their children too. Es decir: espero que los rusos sean como nosotros y no quieran ver morir a sus hijos, en definitiva, que no hagan uso de las bombas atómicas. Y así fue, los rusos también amaban a sus niños. ¡Qué casualidad que cuando había un bloque comunista los musulmanes nos importaban un pimiento y nadie los tildaba de asesinos peligrosos!

P.D. Mis opiniones son tan discutibles como las de cualquiera, pero no acepto que se desacrediten diciendo simplemente que son “buenismo”. Para rebatirlas deberá usarse argumentos, no calificativos estúpidos del tipo de los que se usan cuando alguien dice: voy a ser políticamente incorrecto…


viernes, 8 de agosto de 2014

jueves, 7 de agosto de 2014

Midnight cowboys.

He visto el comentario de Isa Gamero sobre lo que les ha pasado a los Bardem en EE.UU. por apoyar la causa palestina en un momento en que acaban de morir casi dos mil víctimas, en su mayoría civiles, por el ataque de Israel a la Franja de Gaza. Lo primero que se me viene a la cabeza es la forma tan diferente como nos llega la información. La información es, necesariamente, un resumen de lo que está pasando: no pueden contárnoslo todo porque acabaríamos exhaustos, tanto los que escriben como los que leemos. El problema está en que cada informador tiende a resumir la noticia destacando de la realidad los hechos que a él le interesan y ocultando los que no. Hay muchas formas de contar la realidad de un conflicto.
En EE.UU. se suelen posicionar unánimemente del lado israelí por varias razones. Antes y durante el holocausto muchos judíos, en general todos los que pudieron, emigraron desde Europa hasta América, así que hay una gran población de origen judío en los EE.UU. Por otro lado, un fragmento importante de esta población judía es rico. En parte porque los judíos pobres no pudieron huir de Europa y murieron en los campos de concentración o quedaron en los países del este, en parte porque los judíos, al carecer históricamente de los privilegios de sangre de que gozamos muchos, se han tenido que dedicar siempre a ganarse la vida con métodos expeditivos y lo han sabido hacer muy bien en  muchos casos.
En Europa, por el contrario, estamos rodeados de pueblos de cultura árabe. A unos pocos kilómetros de Cádiz, todo el norte de África, (El Magreb), lo es. Lo que, no lo olvidemos, no deja de ser un peligro para nuestra seguridad, algo que nos puede incitar a estar de su parte, siguiendo lo que se llama una “política de apaciguamiento”. En EE.UU., por el contrario, los judíos dominan negocios como los de la información o el cine y tratan de influir en la mentalidad americana en favor de la causa sionista. Lo que no quita que determinados personajes de origen judío, como Noam Chomsky por ejemplo, se hayan decantado por defender al pueblo palestino en aras de la justicia y la razón. Pero éstos son una minoría. Así que a la familia Bardem no le ha quedado más remedio que matizar su postura después de firmar el manifiesto de los artistas españoles, pues si la opinión pública americana se pone en contra suya nadie les va a contratar para hacer más películas.
La única experiencia real que han tenido los norteamericanos con los pueblos árabes han sido los atentados del 11-S. Fuera de eso, apenas si tienen noticias de ellos. Eso facilita que no sientan mucha empatía por ellos. Es significativo que cuando los negros americanos se radicalizaron en contra de los blancos adoptaran la religión musulmana para marcar distancias con los blancos cristianos.
Poe otro lado, si los judíos, (al menos los americanos), son en gran parte una etnia formada por gente de clase alta y los palestinos son un pueblo pobre, es fácil que la gente de izquierda se sienta más identificada con la causa palestina que con la sionista.
Tratando de dejar de lado los prejuicios habrá que intentar encontrar verdades objetivas en todo este galimatías. Para empezar, los que estamos en contra del avance sionista a consta del Estado Palestino no estamos en contra de los judíos, en cuanto que grupo étnico, sino en contra de las políticas concretas seguidas por el estado de Israel para eliminar a los palestinos que vivían en el país.
Si tuviera que mencionar los personajes que, perteneciendo a la etnia judía, he admirado en mi vida, podría hacer una lista interminable de personas en todos los ámbitos de la actividad humana. No quiero mencionar ninguno porque eso me llevaría a olvidar muchos otros. Si decimos que es un crimen matar niños inocentes, se nos contesta que los antisemitas somos tal o somos cual cosa, dándose ya por sentado que estamos en contra del pueblo judío. Una polémica entre antisemitas y sionistas es algo en lo que no quiero participar porque no me interesa en absoluto. A mí que no me encasillen en ninguno de esos grupos.
Analizando la situación con ánimo de no caer en prejuicios vanos, hay sin embargo hechos que son constatables.
- Los palestinos vivían en Palestina y en los años cuarenta del siglo pasado se trasladaron allí los judíos, (que habían sufrido la mayor persecución de la Historia), para asentarse en esa tierra.
- Los judíos reclaman la tierra por supuestas razones históricas que tienen más de dos mil años de antigüedad. Siguiendo ese razonamiento, los árabes podían reclamar toda España, (excepto Asturias), es decir el reino medieval de Al-Andalus, del que sólo hace quinientos años que fueron expulsados.
- Desde que llegaron a Palestina los judíos han ido quitando sus tierras a los palestinos en la guerra y en la paz.
- La franja de Gaza es un territorio que tiene la cuarta parte de la superficie del término municipal de la pequeña ciudad donde vivo: Badajoz. Pero en la franja de Gaza viven más de millón y medio de personas y en Badajoz unas 150.000: Gaza es un campo de concentración en el que tienen encerrados a la mitad de los palestinos, sometidos a un embargo de Israel.
- Durante todo el siglo XX los palestinos han estado bajo el control de un partido político de signo laico: Al Fatah, cuyo líder más conocido fue Yasir Arafat, quien se sospecha que fue envenenado por los servicios de inteligencia israelís.
- Israel ha hecho todo lo posible para que el partido más moderado fuera sobrepasado por los más radicales de Hamas, pues además es difícil para los palestinos ser moderado en una situación como la de Gaza. Así, es más fácil justificar los excesos cometidos si tienes enfrente a un grupo que puede ser calificado de terrorista.
- Tengo menos simpatías ideológicas por Hamas que por Israel, pero la situación es la que es.
- Hamas apoya la lucha terrorista, pero ¿qué podían hacer los presos de Auswitz sino intentar algún sabotaje y poco más? ¿Podrían llamarse terroristas los judíos que hacían sabotajes a los nazis?
- El padre de Angelina Jolie, John Voight, con quien la actriz no se habla, se reconoce un ferviente republicano, es decir, pertenece al partido más conservador de EE.UU., al partido de George W. Bush, cuya política exterior la sufrimos todos. El padre de la Jolie es un cowboy de medianoche.

jueves, 24 de julio de 2014

Ser justos aunque las víctimas no lo merezcan.



Voy a ser políticamente incorrecto a tope: no me gusta ver a Otegi en la cárcel. Y no es porque me caiga simpático. Los que me conocen bien saben que aborrezco a ETA como la mayoría de los españoles y un poco más. Voy a ampliar lo que acabo de decir porque me parece que están en juego cosas importantes.

En primer lugar, me parece intolerante esa actitud casposa del Partido Popular de decir que todo es ETA. Ser independentista es legal, en este país y en todos los que funcionan con alguna intención de ser democráticos. Ser socialista es igualmente legal. Así que ser independentista y socialista no quiere decir ser de ETA, aunque además seas vasco. Te gustará el independentismo, o no, te gustará el socialismo o no, te gustarán los vascos o no; pero todo eso no es ilegal, ni así aislado ni en conjunto. Lo único que es ilegal en una democracia es usar la violencia para conseguir objetivos políticos.

Cuando la justicia española metió en la cárcel a Otegi, junto con otras personas, el ministerio del interior español, (recuérdese que dirigido por Rubalcaba, no por el P.P.), había culminado la tarea de acabar con los abertzales que optaron por la vía de la violencia. Estaban vencidos. Me extraña mucho que la idea de Otegi fuera reconstruir ETA, cuando llevaba tiempo del lado de los que defendían la necesidad de promover la independencia por la vía civil. Es probable que éstos, que en su día militaron en ETA, no lo hicieran por un convencimiento moral, sino por una estrategia que se basaba en la lógica de los hechos, pero estoy convencido de que la intención de Otegi era la de reconstruir Batasuna ahora que ETA estaba acabada y actuar sólo en la vía política. No es un convencimiento basado en datos, es simplemente, una opinión basada en las informaciones de la prensa. Es posible que la justicia española tuviera más datos que yo.

De todo este tema lo que más me preocupa es la actitud de la justicia española. Sabida la necia estrategia que sigue el P.P. de utilizar políticamente a ETA para todo (Podemos es ETA, Zapatero era ETA), ya que esto le da mucho rédito entre la gente que antepone sus sentimientos a sus razonamientos, (que son unos cuantos en este mediterráneo país), me inquieta ver como todos los miembros del Tribunal Constitucional que fueron elegidos por el P.P. han votado a favor de sus tesis, mientras que los demás no. Entonces, no se trata de que estos prestigiosos juristas tengan más información que yo: se trata de que tienen menos independencia de criterio. Esto sí que es serio y antidemocrático.

Por último, tengo que aceptar el comentario que hace Petxo Idoiaga en Público, en el sentido de que los españoles no hemos abierto la boca para hacer una crítica de todo esto, aceptando la injusticia por venir de dónde viene: porque se trata de gente que algún día compartió lucha con los que mataban.

La injusticia es injusticia aunque no nos gusten sus víctimas. 
Debemos ser justos por nuestros convencimientos éticos, no porque las posibles víctimas de la injusticia nos sean simpáticas. 
Allá los otros, los diferentes a nosotros, con su ética particular. 
En todo caso, no es ético aplicar el "ojo por ojo". 

miércoles, 23 de julio de 2014

Para una nueva transición.


Escribe Santos Juliá en “El País del Domingo” un artículo titulado “Todavía la Transición” y convierte el artículo en un libelo en ocasiones carente de veracidad de forma descarada y vergonzante. Empieza diciendo que la Transición era un proyecto que venía de largo y sitúa su inicio en el discurso del mismísimo Manuel Azaña quien, según el articulista, pidió ya un “periodo de transición” en época tan lejana como 1946. Mete luego en el saco a Largo Caballero en 1948 y lo extiende hasta los comunistas en 1956, (que hablaron de reconciliación nacional pero sin mencionar el término transición) y a los socialistas (y liberales, y democristianos) en 1962. Todo esto es una falacia que no se atiene a la verdad.

La verdad es que hacia 1975, cuando el dictador estaba ya enfermo, se crearon dos organismos que pretendían coordinar los esfuerzos para crear un nuevo régimen que siguiera a la muerte del dictador y que se opusiera al régimen franquista. Por un lado estaba el Partido Comunista y otros grupos marxistas y progresistas que crearon la Junta Democrática, y por otro estaba el PSOE, con otros grupos de izquierda, con democristianos y liberales, reunidos en la Plataforma de Convergencia Democrática, quedando posteriormente unificados todos en lo que se conoció popularmente como la “platajunta”, organización en la que acabaron confluyendo. Todos ellos eran partidarios de una ruptura democrática que acabara con el régimen anterior. No existía a la sazón el término “transición”. Ese término lo inventó la UCD al hablar de una “transición pacífica” a la democracia desde el franquismo que dominaba las instituciones.

Pero lo más asombroso del caso es que Juliá lo ha contado anteriormente, como no podía ser de otra forma ya que el escritor es un testigo privilegiado de todos estos años, y lo ha contado tal como acabamos de decir según se puede leer en este breve ensayo del libro colectivo “La transición, treinta años después” de 2006. Pero ya ahí se atreve a decir Juliá que “la única respuesta posible era: después de Franco, un período, un proceso, una fase de transición”.  

Después la transición pasó a llevar siempre aparejado el adjetivo de modélica y ahí es donde residen las diferencias entre quienes piensan así y quienes piensan que la transición, como todo acto político, puede y tiene que ser sometido a crítica. No todo fue tan modélico. Un ejemplo muy de actualidad es la falta de libertad del pueblo español para elegir si quería un estado monárquico o republicano. Aunque la verdadera oposición se da entre estado democrático y no democrático, no es un tema baladí que se le sustrajera al pueblo la posibilidad de tal elección. Otro tema que se menciona hoy a menudo, es la falta de una crítica al régimen de la dictadura y la restauración de los derechos de los vencidos en la contienda.

Pero en todo caso, no es el momento de la transición lo que hoy día se pone en cuestión, pienso que más bien se la menciona en cuanto que “régimen surgido de la transición”, es decir, nuestros males actuales no provienen sólo del momento de la transición sino de todo lo que ha sucedido desde entonces. El problema es que, en ese proceso, se ha promovido la creación de una democracia representativa, con una cuota de participación de la sociedad civil muy escasa, en la que los componentes de la clase política, (los escasos militantes de los dos o tres partidos con poder real), son quienes dirigen los tres poderes del estado: el ejecutivo, (como le es propio), el legislativo, (donde los líderes del partido hacen señales a los señores diputados de lo que deben de votar en cada momento sin que quepa la más mínima cuota de discrepancia), y el judicial, controlando los estamentos superiores que controlan toda la judicatura.

La sociedad civil en este país tiene un papel muy escaso en el juego político. Basándose en una inicial desconfianza hacia los funcionarios del régimen anterior, la administración pública de la democracia ha ido minando la autonomía de los empleados públicos, sometidos al dictado de los políticos sin ninguna capacidad de decisión, (aunque cuando la justicia ha cuestionado la legalidad de los actos administrativos han sido puestos de parapeto para evitar que la persecución judicial llegara a los políticos). Más grave es lo que ha pasado con el mundo de la cultura, (tutelado desde los poderes públicos), y en especial con el mundo de la información, con una ingente cantidad de medios públicos, únicamente creados para mayor gloria del partido en el poder, pero pagados con el dinero de todos.

Nuestro sistema político tiene las mismas carencias que el resto de nuestra realidad como país. Hemos construido un país que se parece mucho a los de nuestro entorno europeo pero en el que si raspas un poco, compruebas decepcionado que no tiene nada que ver con aquellos. Nuestras calles, por ejemplo, están construidas con materiales modernos, parecen modernas, con mucho diseño pero, en muchos casos, los sistemas de alcantarillado no funcionan como debieran y con una pequeña tormenta quedan desbordados. Nuestras ciudades se parecen a las de Centroeuropa, pero el aire que respiramos, contaminado de micropartículas de los motores de nuestros coches, es irrespirable y produce enfermedades y daños a las personas.

La descomposición de España como país democrático está presente ya en la transición en que se fundamenta. En aquella época, la democracia se hizo con miedo, con mucho miedo. Miedo al enorme poder remanente que el franquismo disponía en la sociedad, que tenía su expresión más clara en el miedo a los militares, pues aún vivían muchos de los que dieron el golpe de estado contra la democracia republicana y los que se criaron en los primeros años de la posguerra, cuando España era un cuartel. En ese estado de miedo, nadie pretendió exigir un debate entre monarquía y república, simplemente se impuso: lo impuso el dictador antes de morir. La amnistía perdonó los supuestos delitos políticos cometidos por la oposición al franquismo pero también los delitos reales de la dictadura. Muy poco se pudo hacer por rehabilitar a los perdedores de la guerra. Hay que reconocer que quien más hizo en este sentido fue Adolfo Suárez, con algunas leyes como la que rehabilitó a los maestros de la república o la que hizo lo propio con los militares profesionales que no se unieron al golpe de Franco. Poco más hubo entonces.

Lo que a Santos Juliá le preocupa no es la crítica sino que se haga: “atribuyéndole un pecado de origen cuya culpa habría de pagar muriéndose y desapareciendo de escena.” Cualquiera puede ver que de lo que trata el profesor Juliá es de evitar la condena conjunta de una generación de políticos, en la que él tuvo una parte muy activa. “sería más fructífero abandonar las mayúsculas y explicar por qué, cómo y en qué han fallado esas políticas y esas instituciones”, dice Juliá. 

Esas políticas y esas instituciones han fallado en lo fundamental y han acertado en algunos aspectos accesorios, de ahí que la referencia a Lampedusa, (que todo cambie para que todo permanezca), sea tan recurrente en estos tiempos. Se hizo una democracia sin participación política. Se nos concedió el acceso a determinados derechos como una gracia que las élites, (las del viejo régimen y las del nuevo), acordaron en los famosos salones de los hoteles de lujo de Madrid.

Como consecuencia de lo anterior, se produjo el acceso universal a determinados derechos y libertades al tiempo que las élites económicas continuaban manteniendo una plutocracia de privilegio que aumentaba su poder con la venta de las industrias estatales del antiguo I.N.I. y la privatización de los sectores estratégicos, como las producidas en el eléctrico y las telecomunicaciones, creándose monopolios, (como el de Telefónica), que sólo lentamente y por imposición de la Unión Europea se han ido matizando.

Pero para que esa plutocracia económica, (que ya existía en el franquismo), siguiera manteniendo sus privilegios e incluso los aumentara, era necesario que a cambio los políticos que detentaban el poder, (algunos muy alejados ideológicamente del régimen anterior), recibieran algunas prebendas. Éstas lo fueron en forma de créditos bancarios cancelados sin haber devuelto la deuda, acceso a la bicoca inmobiliaria, participación en puestos bien remunerados de lo público y lo privado, etc.

Lo peor de todo esto fue que tanto los partidos políticos como las empresas se vieron inmersos en un estado generalizado de corrupción que nos ha llevado a la situación actual. Los episodios constantes de corrupción pasan por la financiación ilegal de los partidos, los pelotazos urbanísticos en todo el territorio, (en especial en las costas), y los manejos en la administración para conceder adjudicaciones de obras. Pero lo peor de la corrupción no es el dinero que se han llevado los corruptores y corruptos, sino las consecuencias de todo ello:
- El diseño fuera de toda lógica del gasto público, que en lugar de estar dedicado a cubrir necesidades lo estaba a realizar obras faraónicas que dejaban buenos dividendos. La gente llegó a creerse que hacer infraestructuras exorbitantes era bueno porque generaba riqueza futura en forma de inversiones empresariales y del propio gasto de hacerlas. Los casos extremos de esta mentalidad son bien conocidos: aeropuerto de Castellón, Autovías de Peaje de acceso radial a Madrid, etc.
- En el mundo empresarial, la corrupción acabó con todo vestigio de libre competencia: las obras no se adjudican a la mejor empresa, sino a quien ha “huntado” al partido o a “quien está en el asunto”. La innovación, la excelencia, la profesionalidad, no cuentan si el adjudicatario ya está decidido de antemano.
- La corrupción a esos niveles acaba con todo vestigio de ejemplaridad. Si los más altos estamentos están implicados en la corrupción no se le puede pedir a un trabajador en paro que no haga chapuzas sin generar factura (y por tanto sin pagar impuestos).

Sólo le ha faltado decir a Santos Juliá que los que denunciamos críticamente este estado de cosas somos unos demagogos.