Después de una noche de jazz nos levantamos y nos fuimos al Lincoln Center para ver el ensayo general de la New York Philarmonic Orchestra, en esta ocasión dirigida por el joven director holandés Jaap van Zweden, que interpretaron la Primera sinfonía de Mahler y el Tercer concierto para Piano de Prokofiev con la joven solista china Yuja Wang. Fue un ensayo en el que la orquesta sonó magnífica y, aunque el director se entretuvo en matizar ciertas partes de la interpretación con los músicos, tocaron los cuatro movimientos completos y sin interrupción llegando a emocionarnos con su espléndido sonido.
Aprovechando el evento recorrimos los edificios que forman el Lincoln Center, como el Metropolitan Opera Hause, The Juilliard School of Music, The New York Public Library for the Performing Arts y otros.
Después vimos la Columbia University, recorrimos el campus y visitamos la zona hasta Harlem.
Por la tarde fuimos a hacernos fotos ante los letreros luminosos de Times Square, recorrimos un poco de Broadway contemplando los teatros de los musicales, tomamos un café europeo y terminamos cogiendo un metro a Greenwich Village. Dimos un agradable paseo por el barrio que conserva calles con mucho sabor bohemio, nos entretuvimos en alguna plaza y acabamos bajando hasta Wall Street, la Bolsa, el Federall Hall y demás edificios, bien rodeados de policías para proteger al capitalismo especulativo.
miércoles, 18 de abril de 2012
sábado, 14 de abril de 2012
Cuaderno de viaje a U.S.A.: Lugares míticos.
Si el martes fuimos al MoMA, el
miércoles hicimos lo propio con el Guggenheim. Aquí el contenedor (el museo)
tiene aún más interés que el contenido (la obra). El edificio es, como sabéis, una
de las obras maestras del arquitecto Frank Lloyd Wright. La colección incluye
también en este caso impresionistas franceses, Picasso, Matisse, Modigliani,
Kandinsky y tantos y tantos maestros del modernismo pictórico. Pero además, en
la espiral que se recorre al ir subiendo en círculos el edificio, pudimos ver
una exposición de esculturas de chatarra del recién desaparecido John
Chamberlain. Es interesante la forma en que este artista realizó un camino
similar al del “expresionismo abstracto” pero utilizando materiales de
reciclaje, que incluyen la chatarra de coches en grandes obras, pero también
materiales como el papel, el cartón y otros en esculturas más pequeñas. Todo
ello relacionado con el pop, por utilizar materiales de uso común y con el “arte
conceptual” por cuanto que supone una reflexión sobre nuestro tiempo de consumo
y derroche de materias primas.
Antes del museo pasamos por la
tienda de accesorios de cocina de Williams Sonoma, que recomienda Elvira Lindo
en su libro sobre sus sitios de la ciudad.
Dando un nuevo paseo por el gran “reservoi”
del Central Park, nos llamaron nuestros amigos, nuestros generosos anfitriones
de la semana anterior que volvían de Boston y con los que comimos aquel día.
Por la noche fuimos al Village
Vanguard, un local mítico en mi memoria musical, el local donde habían grabado
sus mejores discos en directo músicos de jazz de la talla de John Coltrane,
Bill Evans, Art Blakey y los Jazz Messengers, y tantos y tantos otros músicos
geniales. En mi recuerdo el local era tan grande en lo musical que cuando lo
vimos en realidad nos pareció muy pequeño. Según reza un cartel de seguridad el
aforo es de 123 personas y, efectivamente, aquello tendrá poco más de 100 m2. Un
pequeño bar, situado en un sótano, al que se accede por una larga escalera de un
solo tramo que incumpliría varias normas de seguridad en España. Sin embargo
los músicos que allí tocan siguen teniendo buen nivel y el sonido es bueno. En
un pequeño local así es donde se puede escuchar bien esta música. Si no fuera
porque te sirven una copa, (que por cierto cobran aparte), el ambiente sería
tan concentrado como el de una sala de conciertos (de cámara). Para disfrutar
de una actuación es conveniente llevar hecha la reserva desde casa por internet
si no quieres quedarte sin sitio. Pasamos un buen rato.
viernes, 13 de abril de 2012
Cuaderno de viaje de U.S.A.: el MoMA y la Estatua de la Libertad.
El martes fuimos a la Quinta
Avenida. Recorrimos el tramo que va de San Patricio hasta Tiffanys. Adosado a
la famosa joyería está el edificio Trump, con un magnífico hall con tiendas,
cafeterías y libros del famoso mago de las finanzas donde explica cómo hacerse
rico al tiempo que se enriquece un poco más con dichos libros. También está el
edificio Sony, muy postmoderno, de los ochenta, y algunas tiendas en las que la
gente hace largas colas para entrar, como las que vimos en la Praga
postcomunista. Lo mismo que sucedía con el comunismo sucede ahora con el
consumismo. La gente está bien adoctrinada.
En la calle 53 está el MoMA. La visita
al museo es muy agradable. No sólo por las muchas obras de arte que atesora,
también por el edificio, lleno de espacios abiertos y agradables contrastes que
hacen la visita más relajada y facilita que se disfrute de las obras de arte.
El jardín de las estatuas es un lugar muy adecuado para disfrutarlas. Además de
pintura, tiene fotografías, arquitectura, diseño industrial y arte de las
últimas vanguardias. Vimos la exposición de Cindy Sherman, esa que a Antonio
Muñoz Molina no le hizo mucha gracia. A mí, por el contrario, me pareció que
estaba bien. Trata de las formas en que la apariencia sirve para crear una
identidad y como esas entidades son asumidas como bases firmes que nos explican
las personas. Se trata de fotografías en las que Cindy Sherman, la propia
artista, aparece como una señora francesa de la alta sociedad, como una
chiquilla loca, como una señora demacrada, como una ejecutiva de éxito, etc.
Salimos contentos del museo. Por
la tarde fuimos a embarcarnos al ferry que sale del extremo sur de Manhattan.
Pasamos junto a la isla de Ellis, cerca de la Estatua de la Libertad y
disfrutamos de unas magníficas vistas de Nueva York.
jueves, 12 de abril de 2012
Cuaderno de viaje a U.S.A.: Lunes.
El lunes dimos un paseo por el barrio. Park
Avenue y la Quinta. Vimos la catedral de San Patricio, el Rockefeller Center y
algunos edificios significativos hasta llegar al Empire State Building. Echamos
el resto de la mañana en subir a la planta 86. No es que haya una cola muy
grande, lo que pasa es que hay muchas colas. Lo han hecho muy bien para evitar
que una gran cola de gente te haga desistir de pagar los 23 dólares que te
exigen para gozar de sus vistas. En algún momento pensé que no merecía la pena pero
al final los sacrificios compensan. Subes en un ascensor que tarda menos de un
minuto en ascender los 80 primeros pisos y cuando llegas arriba hay una sala
acristalada que te permite ver todo Manhattan sin salir fuera, porque a esa
altura el aire sopla fuerte, pero sales fuera porque un fotógrafo de raza no se
puede quedar sin hacer esas tomas y hay una alta barandilla de acero que te las
estropea. Ha merecido la pena salir. Incluso te atreves a mirar hacia abajo y
ves los taxis amarillos como hormiguitas y tienes todo Manhattan y algo más al
alcance de tu vista.
Después de comer nos fuimos a
Central Park. Pasamos por los apartamentos Dakota, donde estuvo la casa de John
Lennon y por el lugar donde lo asesinaron, que es un sector del parque que ahora se llama Strawberry fields. Dimos un buen paseo por el parque, aunque no lo recorrimos todo y nos
fuimos a llenar la despensa a nuestro proveedor oficial del Harlem latino. Me
confundí en una estación y, como en la novela de “La hoguera de las vanidades”,
nos metimos sin querer en una estación del Bronx a las nueve de la noche. He de
decir que todo el metro de NYC, a pesar de ser el medio de transporte que usa
casi todo el mundo, sólo se puede definir como extremadamente cutre. Me tengo
que retrotraer a mi más tierna infancia, a finales de los años sesenta del
siglo pasado, para recordar estaciones como éstas. Los trenes hacen un ruido
ensordecedor y todo está sucio y desarreglado. Pues bien, no creo que los
países del Tercer Mundo tengan estaciones de metro como la primera del Bronx
que visitamos por equivocación. No está para que la usen personas.
Cuaderno de viaje a U.S.A.: Domingo de Pascua. Happy Easter.
Habíamos visto en las guías que señalaban una iglesia en
Harlem donde recibían bien a los turistas y se podía presenciar la misa con sus
cánticos góspel. Cuando llegamos el domingo a la hora recomendada nos
encontramos con un nutrido grupo de españoles que habían hecho lo mismo que
nosotros. Una chica que entendía bien el inglés, (debía residir en Nueva York
porque su pareja era americano), nos dijo que por tratarse de la misa de Pascua
no había ya sitio para entrar. Nos fuimos a otra y luego a otra y recorrimos
varias iglesias evangélicas o episcopalianas hasta dar con una que ocupaba un
antiguo teatro y que nos recibió. La misa es una amalgama de situaciones que
incluyen lecturas bíblicas, animados sermones del reverendo y, lo que a
nosotros nos interesaba, música y animados canticos gospel. A los turistas nos
metieron en la platea, mientras que la congregación, todos ellos
afroamericanos, se sentaban en el patio de butacas. En un momento de la
ceremonia, que dura más de dos horas y durante la cual la gente entra y sale y
se toma una hamburguesa o se fuma un cigarro, preguntaron cuantos españoles
estábamos y levantamos la mano casi toda la platea. Luego había unos pocos
italianos y algunos franceses, todos nosotros pertenecientes a países de
tradición católica.
Como era domingo, a medio día nos
tomamos un buen descanso, con siesta y todo después de comer. Por la tarde nos
fuimos a dar una vuelta a la Little Italy, el barrio de los italianos, que hace
mucho que se dispersaron por todo Manhattan y que ha sido ocupado por los
orientales del Chinatawn. Little Italy es una calle de restaurantes italianos
para turistas: Mulberry. Cenamos pasta.
miércoles, 11 de abril de 2012
Cuaderno de viaje a U.S.A.: Visita al barrio.
Al llegar a nuestro apartamento comprobamos que la
temperatura en la casa era muy elevada y
no éramos capaces de apagar el split. Se lo dijimos al portero y éste nos
explicó que hay una ley municipal que obliga a tener encendidas las
calefacciones desde octubre a mayo las veinticuatro horas del día. Le dijimos
que había más de veinte grados en la calle y que los rayos solares atravesaban
los vidrios de nuestras ventanas, a lo que él, siempre muy atento, nos propuso
dos soluciones: dejar la ventana abierta o: ¡poner en el split el aire
acondicionado! Nunca firmarán el protocolo de Kioto.
En la estación de metro de Grand Central Station había un
grupo tocando smoth jazz: impresionante. Era un saxofonista de rasgos
japoneses, acompañado de un batería, un teclado y un bajo. Todos ellos muy
buenos.
La primera noche a penas encontramos algún sitio donde
comprar algo de comida sana y que no fuera de comida rápida preparada. En esta
zona tan céntrica no hay tiendas de alimentación. Así que a grandes males,
grandes remedios: cogimos un metro hasta el spanish Harlem. Allí, entre músicas
de salsa, callejeamos un poco hasta dar con un gran supermercado donde todo el
mundo hablaba español.
Continuamos nuestra visita a la ciudad, ese día partiendo de
nuestro barrio: edificio Chrysler, Grand Central Station, rascacielos Daily
News, con el globo terráqueo, (el de The Globe donde trabajaba Superman),
edificios de Naciones Unidas y apartamentos Tudor. Por la tarde fuimos hacia la
Zona Cero, vimos las obras de las nuevas construcciones que se levantan allí,
el World Financial Center, con el edificio acristalado de Pelli, y las vistas
sobre la otra orilla del Hudson.
Desde nuestra ventana se ven un par de rascacielos muy
conocidos. El de la General Electric y el del Citygroup.
lunes, 9 de abril de 2012
Cuaderno de viaje a U.S.A.: New York, New York
El viernes viajamos de New Jersey a Nueva York en un tren local.
Llegamos a Manhattan a través de la Penn Station. Subimos por la Séptima
Avenida hasta Times Square donde tomamos el metro. El billete semanal de metro
y autobús de la MTA es una de las cosas más baratas que se pueden comprar en la
ciudad: veintinueve dólares. Fuimos hasta la calle 48 y tomamos posesión del
apartamento que habíamos alquilado: un apartamento precioso con una decoración “minimal”,
muy bien amueblado.
Después fuimos a la Grand Central Station, con un vestíbulo
magnífico que es una de las construcciones más hermosas de la ciudad. Es algo
que no hay que perdérselo.
Por la tarde fuimos en metro a Brooklyn y bajamos al parque
que hay a los pies del puente para disfrutar de las vistas de la ciudad de los
rascacielos. A continuación cogimos el pasaje peatonal que tiene el puente de
Brooklyn e hicimos todo el recorrido que va acercándose a la ciudad. Llegamos a
la plaza del ayuntamiento y desde ahí nos volvimos.
Como algún maledicente anda sentando por ahí la falsedad de
que en realidad no estamos en Nueva York y que donde estamos es en casita, aquí
dejo una prueba irrefutable que muestra la presencia de mis acompañantes en la
gran manzana.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
