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martes, 28 de septiembre de 2010

Yo también voy.

La verdad es que hasta el último momento no me he terminado de decidir pero yo mañana voy a la huelga.
Volví el lunes de las vacaciones y no he tenido tiempo para reflexionar. Porque hay muchas razones para ir pero también para no ir. Empecemos por estas. La primera es que bastante nos han quitado ya del sueldo a los funcionarios para que encima perdamos un día de jornal, con todo lo que te descuentan. Pero es que además, si estamos cansados de este gobierno que un día nos defiende y al día siguiente toma unas medidas como las que tomó para neutralizar las presiones de los mercados, también estamos cansados de unos sindicatos que nos ignoran y que han seguido la senda de los partidos de vivir bien a costa de los demás y olvidarse de los problemas de la gente, salvo contadas y honrosas excepciones. Unos sindicatos democráticos pero que recuerdan tanto a los sindicatos verticales del franquismo por su conexión con los Presupuestos Generales del Estado que lo que quieren con la huelga es demostrar una fuerza que, en realidad, no tienen. No menos importante es la razón de que todo el esfuerzo de la huelga puede no servir para nada, ya que nuestra suerte ya está echada, se ha resuelto en algún despacho de inversores en Londres o Nueva York.
Alguien me podrá decir que podía haberlo dicho antes y de paso hubiera llevado a algún lector de este blog a secundar la huelga. Uno tiene una lista de lectores muy reducida pero alguno podía haberme hecho caso. No importa, lo que importa en este caso, según mi modesta opinión, es que vayamos tomando conciencia de la que se nos viene encima y que estemos preparados para la defensa de nuestras posiciones, que no son otras que las que siempre han sido, es decir: defender la comodidad y la dignidad de los que nos ganamos la vida trabajando.
El que al final me haya decidido a secundar la huelga está motivado por un artículo que leí el lunes en El País. Se trata de un artículo de Almudena Grandes, con quien siempre he estado de acuerdo con su narrativa pero no siempre con sus posiciones políticas. Ella es militante de Izquierda Unida y yo no soy militante de nada. Sin embargo el artículo que leí el lunes es para ponerlo en un marco. En lugar de eso lo voy a poner aquí porque no tiene desperdicio, no le sobra ni le falta una sola palabra, hay que leerlo como si de una oración se tratase. Se titula Yo voy.
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Porque no quiero que mis hijos vivan peor de lo que he vivido yo. Porque no es justo que los trabajadores paguen la cuenta de una crisis que ha enriquecido a sus responsables. Porque este Gobierno no ha reinstaurado el impuesto sobre el patrimonio, no ha gravado a las grandes fortunas, no ha incrementado el tipo impositivo de las Sicav, donde los más ricos invierten el dinero que les sobra para contribuir a los gastos del Estado con un mísero 1%, y a cambio, ha castigado a los más débiles con una reforma laboral inadmisible. Porque no se puede admitir que un empresario despida a sus empleados con cuatro días de antelación, solo porque “prevé” perdidas para el próximo ejercicio, ahorrándose de paso más del 50% de la indemnización. Pero, además, porque la crisis está sirviendo para enmascarar un cambio de ciclo destinado a liquidar el Estado de bienestar. Porque si no hemos sido capaces de exportar nuestro progreso a los trabajadores de las grandes potencias emergentes, como China y la India, lo que nos espera es la importación de sus espantosas condiciones de trabajo. Porque Occidente ya ha recordado que esclavizando a la gente se gana mucho más dinero. Porque detrás de los recortes de derechos laborales, vendrán los de derechos civiles. Porque siempre habrá una agencia calificadora, o un premio Nobel, que proclame que los retrocesos son imprescindibles para avanzar.
Y, sobre todo, porque digan lo que digan Zapatero, Saldado o el sussunconda, los trabajadores somos el motor de la economía. Porque ni los bancos, ni las multinacionales, ni las grandes cadenas pueden subsistir sin nosotros. Porque si nosotros paramos, se para todo. Porque hemos heredado, junto con nuestros apellidos, la experiencia de que no existe otra manera de proteger nuestros derechos. Por todo eso, yo voy a la huelga general del 29 de septiembre“. (Almudena Grandes).




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