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lunes, 30 de abril de 2012

Una vieja fue a los baños: Rosenquist en el MoMA



Comentarios del MoMA a la pintura de Rosenquist F-111. 

James Rosenquist diseño su obra F-111, de 86 pies de longitud, para envolver las cuatro paredes de la Galería Leo Castelli, en el número 4 de la calle 77 de Manhattan. Empezó a pintarla en 1964, en medio de la turbulenta década marcada por la escalada de la Guerra del Vietnam. Financiado con los dólares de los impuestos de los ciudadanos, el avión bombardero F-111 fue desarrollado como el arma americana más novedosa, más tecnológicamente avanzada. En lugar de celebrar su poder militar, Rosenquist utilizó el avión como un símbolo de las implicaciones económicas de la guerra. En cuanto que volaba “a través del fuego cruzado de una sociedad de consumo”, explicó posteriormente,” el fuselaje puntiagudo del jet atraviesa imágenes superpuestas de productos comerciales y referencias a la guerra, tales como el secador de pelo con aspecto de bomba sostenido sobre la cabeza de una joven y el hongo atómico congelado tras una sombrilla de playa”. A través de esa generosa red de chocantes motivos visuales, que se extiende a lo largo de veintitrés paneles, F-111 pone en cuestión lo que el artista ha descrito como “la colisión entre las máquinas de muerte del Vietnam, el consumismo, los media y la publicidad”. Sus saltos de escala, con su sorprendente yuxtaposición de fragmentos de imágenes y su vívida paleta ejemplifican la singular contribución de Rosenquist  al Pop art en los Estados Unidos.
F-111 se presenta aquí de la misma manera en que lo hizo en su primera exhibición en 1965 en la Galería Castelli, añadiendo además el grupo de collages que el artista creó para la preparación de su monumental composición. Rosenquist conocía muy bien la pintura a gran escala: antes de convertirse en artista se ganó la vida como cartelista en Nueva York. Interesado en los fenómenos de la visión periférica, Rosenquist quería que la pintura creara un entorno en el que sumergirse para que aumentara la conciencia del espectador sobre su propia posición en el espacio. Solía citar precedentes de este afán en obras como Los Nenúfares de Claude Monet y las largas pinturas horizontales de artistas del Expresionismo Abstracto como Jackson Pollock y Barnett Newman. 

viernes, 27 de abril de 2012

A las siete y media de la mañana.


A las siete y media de la mañana, (minuto más o minuto menos), hago cima en la calle de El Obispo, (para ser precisos calle de El Obispo San Juan de Ribera), y entro en la plaza de España. Al entrar en la plaza me encuentro todos los días a una persona. Se trata de un jubilado que vive por la zona y que a esa hora está haciendo cola, él solito. Y digo haciendo cola porque sé, (que lo he visto muchas veces), que poco a poco se le irán juntando otros jubilados como él que se quedarán ahí, (tanto si llueve como si arrecia el frío), esperando a que hacia las ocho y cuarto (o y media) aparezca la furgoneta que trae los periódicos gratuitos y la muchacha  (o muchacho) que los reparte.  En la página del Ayuntamiento hay una cámara web de esa plaza que podría demostrarlo, aunque es verdad que hace tiempo que no funciona y nadie ha hecho nada por arreglarla.  
A mí este señor no me cae bien. No me cae bien porque tiene una costumbre que me desagrada mucho que es la de ir chillando por la calle. Entra en los bares y da cuatro voces, le chilla a todas las muchachas hermosas que conoce porque son nietas de las muchachas hermosas que conoció en el barrio cuando joven, le chilla al barrendero y a todo el que pase por ahí en ese momento. Increpa a los madridistas si ayer perdió el Madrid frente al Bayern de Munich y a los del Barça si la noche anterior fue eliminado por el Chelsea, le da igual.  Llegados a este punto, comprenderán que más que un vecino de la zona donde se encuentra mi oficina se trata de un vestigio del pasado.
Tal vez por eso no me cae bien: porque conozco ese pasado. Ese hombre se quedó anclado en los años del viejo régimen, como dicen los franceses, y su pervivencia, (la de aquel régimen no la de este pobre hombre), es algo que nos lastra como una losa que los españoles tenemos que seguir llevando. Hablo de un tiempo en el que la gente escupía por la calle y tiraba los papeles al suelo. Un tiempo en el que se cambiaba el aceite del coche en la calle y se tiraba el viejo a un imbornal. Un tiempo en el que, en verano, no se podía dormir porque la gente daba voces hasta casi el amanecer y en invierno el frío te lo impedía. Como dicen por ahí, ¡qué se puede esperar de un país que no duerme bien! Estoy hablando de un tiempo en el que los perros se cagaban en la calle.   
Ahora que lo pienso, ¿no será ese país al que nos quieren devolver ahora con tanto recorte?


jueves, 26 de abril de 2012

Camden, ciudad maldita.


Son varias las ideas que surgen en mi cabeza al pensar en la pobreza de Camden, cosas que no sé si han quedado claras en la entrada anterior.  Para empezar lo primero que me llamó la atención del caso es que nadie hablara de la bolsa de pobreza que supone la ciudad, por el contrario todo el mundo habla de la delincuencia y criminalidad que allí existen. En la propia Wikipedia en inglés al hablar sobre su declive se cita lo que sigue, lo que nos puede dar una idea de esa contradicción:
Después de años de crecimiento económico e industrial, la ciudad de Camden se enfrenta a una época en la que aumentan la delincuencia y el deterioro”.
Imagino que se referirá al deterioro social, ¿o sólo al económico? A continuación nos da una de las claves de la situación. Después de haber sido el astillero más grande del mundo durante la época de la II Guerra Mundial sucede lo siguiente:
El 6 de septiembre de 1949, el asesino de masas Howard Unruh realizó una matanza en su barrio de Camden en la que murieron trece personas. Unruh, que fue condenado y posteriormente confinado en un centro psiquiátrico del Estado murió el 19 de octubre de 2009”.
Ahí está el principio del fin. Lo que le pasa a la ciudad está producido por un deterioro social que inicia el loco Unruh. Pero no es eso lo peor:
El Camden 28 fue un grupo de la “izquierda católica”, activistas anti-Vietnam que en 1971 plantearon y ejecutaron (sic) un boicot al reclutamiento obligatorio de tropas que dio lugar a un famoso juicio contra los activistas que fue visto como un referéndum sobre la propia guerra de Vietnam, juicio en el que 17 de los acusados fueron absueltos por un jurado a pesar de haber admitido participar en la acción”. Realmente peligrosos estos católicos.Después de ese crimen horrendo era inevitable que la ira divina se cerniera sobre la pecadora ciudad. Pero los crímenes no cesaron:
En 1996, la gobernadora de Nueva Jersey, Christine Todd Witman, cacheó (en una redada acompañando a las tropas policiales) a Sherron Rolax, un joven afroamericano de 16 años, suceso que fue capturado en una fotografía infame (sic). Rolax alegó que sus derechos civiles habían sido violados y demandó al estado de Nueva Jersey”. 
En este caso, ciudadanos de Camden fueron las víctimas y no los criminales, pero claro, cometieron el grave pecado de sacar una foto a una prometedora gobernadora republicana en una situación comprometida. ¿Qué haría la egregia política cacheando muchachos afroamericanos con la policía local?
Acaba aquí la relación de hechos que, bajo el epígrafe de “Declive”, explican por qué la ciudad que fuera famoso centro industrial terminó convirtiéndose en lo que es hoy.  Es cierto que también se menciona la construcción de autopistas y, por supuesto, los enfrentamientos raciales, que están implícitos en los acontecimientos anteriores.  En cuanto a la construcción de autopistas, parece como si hubieran querido cargarse la ciudad o como si pensaran que la ciudad ya no existe: de hecho desaparecieron RCA Victor, la fábrica de sopas Campbel y, sobretodo, los astilleros, así que lo que queda allí no son más que “productos residuales” para los planificadores neoconservadores, si es que ambas palabras admiten ir juntas.

Hemos encontrado en la red la infame fotografía en la que se ve a la gobernadora metiendole mano al pobre muchacho:



 Sherron Rolax murió en el 2008 en un tiroteo a los 28 años de edad.

miércoles, 25 de abril de 2012

Una vieja fue a los baños: Camden.

Mi amigo bloguero Félix Portillo que tiene un blog sobre Madrigal de las Altas Torres, (en el que por cierto hace ya un año que no nos regala ningún artículo), me solía decir cuando yo volvía de un viaje un dicho de su pueblo: una vieja fue a los baños y tuvo para contar cien años. El dicho tiene su gracia y hace justicia a la verdad, así que los comentarios sobre las experiencias de nuestro reciente viaje las titularemos así. 












NOTA. Las fotos de esta entrada están sacadas de la red, nuestros amigos no nos llevaron a Camden.

Cerca del idílico barrio residencial donde la generosidad de los amigos nos alojó en N.J. está la ciudad de Camden que posee el dudoso mérito de ser la segunda ciudad más peligrosa de los Estados Unidos. No quiero ni pensar cómo será la primera. Hace poco el New York Times titulaba: “las fuerzas policiales reducidas casi a la mitad, Camden sufre el golpe”. Y añadía:

CAMDEN, Nueva Jersey – Desde que el ayuntamiento despidió a casi la mitad de su fuerza policial en enero, el alcalde y el jefe de la policía han tratado de mantener una actitud positiva, el jefe de la policía incluso sugirió que con sus actuales fuerzas, más agiles, la ciudad será un modelo para otras en circunstancias similares.

No quisiera que nuestros políticos leyeran esto porque podrían aprender aún más sobre cómo hacernos tragar recortes. Afortunadamente los políticos no leen esto. Casi podría decir que no lo lee nadie, pero este no es el tema.

Camden por lo tanto es una ciudad muy insegura y de la que se habla mucho en el país, la reducción de efectivos ha levantado las críticas de los conservadores,  pero lo que nadie dice es que Camden era el barrio industrial de Filadelfia y que estaba lleno de fábricas, por lo visto, de las industrias navales. Allí se creo la compañía RCA Victor, que los aficionados a la música hemos conocido de siempre. También se creó allí la empresa que fabricaba las sopas Campell, famosas por los botes de Warhol y tuvo el primer auto cine de los Estados Unidos. También fue cuna de Walt Whitman, que está allí enterrado.

En Camden se fabricaron muchos barcos para el glorioso ejército salvador de la II Guerra Mundial. Llegó a ser ¡el mayor astillero del mundo! Los recortes habidos en toda la industria naval en los ochenta, (como conocen bien aquí en El Ferrol, en Cádiz o en Cartagena), fueron  traumáticos porque llevaron a una gran cantidad de trabajadores al paro, pero finalmente la reconversión naval se llevó a la práctica y en alguna medida sus efectos negativos fueron mitigados. En la muy liberal economía americana aquellas fábricas cerraron y el gobierno impuso paz y después gloria, aunque la cosa no salió así de pacífica. Pero eso parece que no le preocupa a nadie porque las cosas en la economía son como son y el que no sale adelante es porque no se lo merece, según la teoría "neocon".

Hoy de Camden se habla en las páginas de delincuencia del NYT no en las de economía, en estas últimas no hay nada relevante que decir sobre la ciudad.¿Es que no hay una relación  entre ambas?

martes, 24 de abril de 2012

Cotidiano

Si te quieres tomar un café te vas a un Starbucks donde te dan medio litro de aguachirri en un baso de plástico y te puedes pasear por la ciudad con esa impedimenta, coger el metro y hasta el autobús, pues lleva una tapa de plástico que impide que mojes al vecino. Si tienes hambre puedes elegir entre tomarte una hamburguesa en Burguer King o en McDonalds, un trozo de pollo de KFC según la fórmula del Coronel Sanders, (Kentucky Fried Chicken),  una pizza, un bocadillito o un donut en Dunkin Donuts.

Cuando aquí se fumaba en todas partes ellos lo hacían sólo en la calle, a la puerta de las oficinas. Ahora que lo hacemos nosotros así ellos ya no fuman ni en la calle. Tampoco se ve beber. Beber en la calle está prohibido, aunque todo el mundo va haciendo sus comidas por las aceras y el metro. En el coche no puedes llevar alcohol si no es en el maletero y envuelto en bolsas, pues de lo contrario podrían pensar que vas bebiendo y detenerte. Lo venden en sitios específicos, fuera de los supermercados. En New Jersey nos pedían un carnet para demostrar la mayoría de edad aunque hayas superado con creces el medio siglo.  Es decir, beber no está prohibido pero te ponen todas las trabas que pueden, de manera que está dejando de ser un hábito cultural. Lo sirven en los restaurantes y el domingo vimos un hombre tirado en la acera y también el sábado por la tarde a dos chicas en el metro que iban como una moto, pero en general, consumir alcohol es algo reservado a la intimidad.  Y mal visto.
De igual modo está mal visto comer bien. Sólo algunos presumidos neoyorquinos lo hacen y lo disfrutan. Si quieres algo más allá de comer por la calle vas a un sitio de hamburguesas, un típico restaurante con muchas pantallas de televisión donde ponen en directo los partidos de baseball, baloncesto, futbol, hockey e incluso, fútbol europeo (soccer), y unas simpáticas jovencitas te traen cocacolas con la comida. En casa no se come, por lo visto.



lunes, 23 de abril de 2012

Depresión postvacacional


Hoy el mundo está un poco más en orden: parece que nadie quiere saber de mí y yo no quiero contar nada.

miércoles, 18 de abril de 2012

Cuaderno de viaje a U.S.A.: Últimos cartuchos.

Después de una noche de jazz nos levantamos y nos fuimos al Lincoln Center para ver el ensayo general de la New York Philarmonic Orchestra, en esta ocasión dirigida por el joven director holandés Jaap van Zweden, que interpretaron la Primera sinfonía de Mahler y el Tercer concierto para Piano de Prokofiev con la joven solista china Yuja Wang. Fue un ensayo en el que la orquesta sonó magnífica y, aunque el director se entretuvo en matizar ciertas partes de la interpretación con los músicos, tocaron los cuatro movimientos completos y sin interrupción llegando a emocionarnos con su espléndido sonido. Aprovechando el evento recorrimos los edificios que forman el Lincoln Center, como el Metropolitan Opera Hause, The Juilliard School of Music, The New York Public Library for the Performing Arts y otros. Después vimos la Columbia University, recorrimos el campus y visitamos la zona hasta Harlem. Por la tarde fuimos a hacernos fotos ante los letreros luminosos de Times Square, recorrimos un poco de Broadway contemplando los teatros de los musicales, tomamos un café europeo y terminamos cogiendo un metro a Greenwich Village. Dimos un agradable paseo por el barrio que conserva calles con mucho sabor bohemio, nos entretuvimos en alguna plaza y acabamos bajando hasta Wall Street, la Bolsa, el Federall Hall y demás edificios, bien rodeados de policías para proteger al capitalismo especulativo.