Vistas de página en total

lunes, 25 de marzo de 2013

Cifuentes, la maledicente.



La Delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, vincula a la plataforma contra los desahucios con “grupos filoetarras”.


Por ese motivo, este blog de “todas las cosas” vincula a la Delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, con Joseph Goebbels y el Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei por su manifiesta manipulación de la realidad política con la aviesa intención de perjudicar a partidos y organizaciones que no se plieguen al discurso instituido por el Gobierno de la Nación y el partido que lo sustenta, sin ningún reparo por manipular la verdad y sembrar dudas en la credibilidad de las personas que pudieran albergar formas de pensar diferentes de la suya. 
Denunciamos por ello este pensamiento que se ha comprabado históricamente que tiende a instaurar una dictadura nacionalista o nacionalsocialista bajo determinadas condiciones.

Última hora: comunicado de la Plataforma en defensa de las Libertades Democráticas. Ver AQUÍ.

martes, 19 de marzo de 2013

El gato y el ratón.



Como decíamos ayer…  Hablábamos en nuestra anterior entrada sobre la polémica creada por Antonio Muñoz Molina al afirmar que el único intelectual que quedó en la España de la post-transición fue El Roto. Pues bien, hay que reconocer que en el grupo de los que fueron críticos con la “ejemplar transición” se encontraban también otros, entre ellos la revista “Le Monde Diplomatique” que publicada en Francia daba voz en español a esa parte de la izquierda derrotada que fue la del exilio. Derrotada porque venían de una derrota vil, la del fascismo sobre la República Española, y derrotada porque después de cuarenta años de separación con la patria se produjo un gran divorcio con la sociedad española, cosa que aprovechó la izquierda “del interior” para quitársela de encima. Ignacio Ramonet, incansable director de la publicación, representa a esa izquierda que se opuso al franquismo y también a la tibia transición democrática.

Entramos hoy en la revista y leemos esto:

“Un país endeudado y sometido a los dictados de organismos financieros internacionales; con una clase política mediocre, corroída por la corrupción y detestada por la opinión pública; una desconfianza general hacia las instituciones; un Estado desprovisto de soberanía monetaria; con un sistema bancario estafador y ladrón; un paro masivo; una infame ley de hipotecas y miles de desahucios...”

Pensamos: ¡qué retrato más despiadado de nuestra actualidad! Pues no, se pregunta Ramonet: “¿Hablamos de la España de hoy?” Y su respuesta es: “No, del Ecuador de antes de 2006, de antes de la “revolución ciudadana” impulsada por Rafael Correa, brillantemente reelegido presidente el pasado 17 de febrero”.

La moraleja de este informe es muy clara: no estamos condenados a hundirnos en la miseria que actualmente nos corree… Pero para salir de ésta hay que buscar una salida razonablemente de izquierdas, de una izquierda sin tibiezas y sin complejos. Las demás salidas ya las han propuesto la derecha y la izquierda “realista” y todo el mundo sabe con qué resultado. La solución no es una política como la de Correa, es una política nuestra pero que, como la de los ecuatorianos, parta de una crítica al neoliberalismo que campa a sus anchas por el mundo globalizado desde los años ochenta y de una economía basada en la especulación y no en la producción de bienes y servicios, para, en última instancia, servir a los intereses del ser humano.

En esa misma publicación encontramos un escrito demoledor del escritor chileno afincado en Gijón Luis Sepúlveda. Se titula la fábula del gato de Felipe González y se refiere a aquella frase famosa que el entonces presidente español tomó de Deng Xiaoping. La frase decía: ““no importa si el gato es blanco o negro; lo que importa es que cace ratones”. Frase que fue el punto de partida del alzamiento de la economía china con base en el pragmatismo (y la hipocresía de cambiar de sistema económico sin cambiar el político) y del hundimiento de la española, levantando la bandera de salida para la gran carrera de la picaresca, la corrupción y el pelotazo hortera, carrera que recientemente hemos terminado con el fracaso por todos conocido.

Nadie debe dejar de leer este artículo que no vamos a pegar aquí, pero al que se puede acceder en esta dirección.

martes, 12 de marzo de 2013

Biblioteca: Todo lo que era sólido. Antonio Muñoz Molina




Bonita polémica la que ha suscitado Javier Marías en El País Semanal saliendo al paso de las opiniones del último libro de Antonio Muñoz Molina: Todo lo que era sólido. El libro lo compré al día siguiente de su salida y me lo leí en dos o tres días. Es lo que tenemos los fanáticos. Pues bien, la polémica surge porque Antonio MM dice en su ensayo que en los años previos al “hundimiento” los intelectuales estaban, como el resto de la población, dedicados al disfrute de la buena vida que como nuevos ricos habíamos alcanzado y que sólo “El Roto” presentaba una lectura crítica de la realidad diaria de entonces. Es una bonita polémica porque ambos tienen una parte de razón, como suele pasar en estos casos. Veamos.

Tiene razón MM porque ya lo dijo Marx hace mucho tiempo: la estructura determina la superestructura. Qué quiero esto decir. Que los actos culturales, (en sentido amplio, nuestras costumbres, nuestra forma de comportarnos), depende de la base social y económica, de la estructura que constituye la sociedad. De manera que las opiniones, por ejemplo, no son algo que surja de la solitaria introspección del individuo sino que están socialmente determinadas por el desarrollo económico y social de quienes opinan. Para mejor explicarlo me remito a la entrada subida a este blog el 21 de enero que hacía referencia al happening realizado por Santiago Sierra en el que paseaba en coche unos enormes carteles con fotos de los jefe de gobierno y del jefe de estado españoles colocados boca abajo, en una clara denuncia de la responsabilidad que nuestros mandatarios tienen sobre lo que le ha sucedido a este país. En contra de lo que sucedía no hace mucho tiempo, todo el mundo se ha interesado ahora por esto y lo ha entendido perfectamente. Nadie ha dicho aquello de: ¿esto es arte? ¿qué significa todo esto? Ahora, las modificaciones en la estructura social y económica han permitido que se amplíe la base de quienes entienden estas cosas, muchos de los cuáles, no hace mucho, no entendían nada de todo esto del arte moderno.

Pero también tiene su parte de razón Marías, porque algunos, (entre los que él se encuentra ), han defendido siempre la verdad y la justicia, aun cuando entonces la mayoría estuviera  pensando sólo en comprarse un chalet adosado o cambiar de coche y adquirir uno de gama alta. Y lo que es más importante, lo que nos ha pasado no ha sido por culpa de que el común de los ciudadanos o los intelectuales hayamos cometido todos algún tipo de error, o por mejor decir, hayamos cometido un pecado que justifique lo que ahora está pasando, como eso de que todo esto viene de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. No señor, todo esto no viene por eso, todo esto viene porque se han hecho demasiados aeropuertos sin aviones, demasiadas ciudades de la cultura sin cultura y ha habido demasiados próceres sin escrúpulos y demasiados ladrones de guante blanco que han salido indemnes de todo esto y porque el Banco de España, el Banco Central Europeo, el City Bank y el Deutsche Bank no pusieron freno al crédito desmedido con el que nos invadieron y ahora nos ahogan con su también desmedida austeridad.

Así que yo no me mojo en este debate porque entiendo las dos posturas.

jueves, 7 de marzo de 2013

Relato breve: El Olvido.



No sabe si tiene que ir al médico, si tiene que presentarse en Urgencias. No sabe. Además, le han dicho que las urgencias están colapsadas, que la sanidad pública no da abasto. Los antiguos compañeros del trabajo le acaban de decir en la cola del paro que la culpa de toda esta miseria que nos ha caído encima la tienen los inmigrantes pobres que vienen al país a operarse. Él lo sabía: alguien tenía que tener la culpa. Se lo han dicho todos sus compañeros: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Por lo visto se traían a sus padres y a sus abuelos a operarse aquí y han hundido la Seguridad Social y la economía nacional toda. Eso le acaban de decir. Él no sabe nada porque está un poco confuso. A pesar de todo no le gusta la explicación. ¿Será verdad que los pobres se han llevado nuestro dinero? Su experiencia en la vida, que ya es amplia, le dice que no, que eso no suele funcionar así. Pero no sabe. Ni quiere saber, porque ya no sabe ni lo que quiere. Querría que los trabajadores rumanos no hubieran hundido este país con las operaciones de cataratas de sus abuelos que se han hecho a costa de la Seguridad Social. Querría tener un trabajo digno y salir los domingos a tomar unas carnes a la brasa en cualquier venta. Tumbarse al sol con un purito encendido. No sé. Algo. Uno se ha empeñado en no escucharse, en no oír sus pensamientos y de repente se da cuenta de que se ha vuelto sordo. Se ha empeñado en no recordar aquello tan desagradable, ha hecho un esfuerzo enorme por debilitar su memoria y un día comprueba que ha perdido todos los recuerdos que su cabeza almacenaba. Como esa gente que ha sobrevivido a un incendio y ha perdido en él todas sus pertenencias: las fotos de la boda, los juguetes de cuando los hijos eran pequeños, los certificados de estudios primarios y la escritura de la casa con los recibos de “la contribución” dentro. Ya no recuerda lo que era una piel cálida tendida junto a la suya. No recuerda lo que es una mirada. Una mirada amiga. No sabe a qué saben los besos y no tiene ni la menor idea de dónde está la ternura. Lo peor de todo es que no sabe dónde acudir.

Así que sale de casa. Cierra la cancela del patio y toma la dirección del bar de Colás, porque hoy hay partido del Barça y no se lo puede perder. No sabe por qué, no tiene ganas de fútbol, pero le queda claro que eso no se lo puede perder. El partido aún no ha empezado así que se toma un primer botellín en la barra. Ya encontrará un sitio donde sentarse a gusto. Una mesa con buena visibilidad que no tenga que compartir con un pesado de esos de “El Madrid” que le quitan la razón al árbitro cuando pita a favor de los nuestros. Está lloviendo, lleva tres días lloviendo y no sabe cuándo parará de llover. Ayer el aire se llevó su paraguas nuevo, le dio la vuelta, lo puso del revés y salió volando. Bueno, la verdad es que cuando lo vio hecho una maraña de varillas envueltas en una tela negra, aflojó la mano y lo dejó marchar. Adiós paraguas, adiós. Le había costado seis euros en los chinos, pero qué podía hacer. El viento lo había vuelto del revés y lo había descuajeringado todo. “Colás, ponme una más”, le dijo al dueño del chiringo. El partido no empezaba y en la tele salía esa grosera de San Blas, (o de Moratalaz, ya no me acuerdo), que se había hecho con la cadena, como los inmigrantes se habían hecho con este país, que en Cataluña querían hacer una mezquita y todo, según acababan de decir en la tele. Sacó un cigarro y lo encendió. “Aquí no se puede fumar, ya sabes”, le dijo el camarero. “Vete a … Colás” le contestó. Pero salió a la calle y se quedó en el porchecito de entrada para protegerse de la lluvia. Pasó una gitana rumana que le pidió una limosna. “Vete a tu país y trabaja”, le contestó él muy serio.

Finalmente sonó el silbato del árbitro y el partido empezó. “Ponme una más, Colás”, dijo riéndose.

martes, 5 de marzo de 2013

Atención: preguntas.

¿Qué pensarán los poderosos de nosotros?


 ¿Qué pensará un hombre como Rodrigo Rato que ha estado al frente del FMI cuando el mundo económico se hundía y no supo ni decir esta boca es mía? Me cuesta dormirme por las noches pensando ¿qué pensaran estos personajes que se van a casa porque han hundido Caja Madrid y se llevan unas comisiones que ahora hasta los suizos reconocen que son excesivas? ¿Qué puede pensar de los ahorros de mi madre un tipo que se va para casa jubilado con cincuenta y pocos años y se lleva, por ejemplo, seis millones de euros? Y ¿qué pensarán de los accionistas, que son en definitiva los dueños del banco, que ven ahora que sus acciones valen un céntimo?


Me gustaría saber qué pensaba Urdangarín cuando le adjudicaban los contratos a dedo, sin ni siquiera un concurso amañado para guardar las formas, y qué pensarían Rita Barberá, Camps, Matas, cuando recibían un buen traje, un bolso de lujo o cualquier “detallito” de la trama Gürtel.


¿Qué pensaban de nosotros la cúpula del P.P. cuando recibían los sobres de Bárcenas? Qué dirían entonces: gracias tesorero, me vendrá muy bien para pagar la hipoteca del palacio de Puerta de Hierro.


Qué pensará el alcalde de mi ciudad que ha dicho ayer que se marcha y no ha dado ni una rueda de prensa para explicar, (ellos que saben explicarlo todo tan bien), por qué se marcha en mitad de la legislatura y qué pasará con la ciudad y sus retos a partir de ahora.


¿Qué pasará por la cabeza de Cospedal cuando nos da esas explicaciones tan detalladas y coherentes sobre la vida laboral de su empleado, el gerente del partido?


¿Qué piensan los empresarios que dirigen la COE, alguno de los cuales ha resultado ser un simple ladronzuelo, cuando nos dicen que la reforma laboral ha ido muy bien pero ahora hay que hacer otra, al tiempo que ven que las cifras de paro alcanzan cotas astronómicas?


¿Qué piensa un presidente autonómico cuando nos dice que han quitado hospitales, médicos, urgencias y demás para garantizar una sanidad pública y de calidad?


¿Qué piensa la iglesia cuando le financiamos los colegios de su secta, cuando le arreglamos el patrimonio y le perdonamos los impuestos?


¿Qué piensan los conservadores cuando después de organizar mesas de firmas contra la subida del IVA de los otros, ganan las elecciones diciendo que lo van a bajar y los suben más que aquellos?


¿Qué piensa el muy educado Secretario de Estado Kerry cuando hace negocios con los jeques de Arabia Saudí el mismo día que anuncian la muerte de varios condenados, uno de lllos por crucifixión? ¿Qué piensa de los árabes?


¿Qué piensan los políticos cuando les dicen a los jóvenes que hay que ser emprendedores? Me refiero en el fondo de su corazón, qué piensan de quienes estamos atentos a sus discursos.

¿Qué piensa el presidente del Real Madrid o el del Barça cuando dicen eso de que mañana nos jugamos la vida?


¿Qué piensan los dueños de las cadenas de TV que viven de maravilla produciendo programas de telebasura? ¿Qué piensan de su propia audiencia?


Qué pensaba su Real Majestad cuando decía aquello de: “lo siento me he equivocado”.

¿Qué piensan las multinacionales de la carne envasada cuando nos dan caballo por ternera?



¿Queréis que os lo diga sin ambages?



Pues eso.

viernes, 1 de marzo de 2013

No, gracias.

Las estadísticas son una forma magnífica de conocer la realidad y también una forma magnífica de ocultarla.

Dice una noticia aparecida en El Mundo: El accidente nuclear de Fukushima incrementó los casos de cáncer. Aumentó el riesgo en un 4% según la OMS.
Uno puede pensar que un 4% es una cifra pequeña, nada, un resto despreciable dentro del 96% restante de la población que goza de una energía “limpia” y “barata” a un coste razonable. Lo que se llama un efecto colateral. Vamos, que las posibilidades de que te toca a tí son pocas.

Analicemos un poco esa estadística. La población de Japón según la Wikipedia es de 126.874.000 habitantes. Ya sabemos que la wiki no es una fuente fiable, pero no creo que se desvíe mucho de la realidad, al menos para hacer nuestro cálculo. El porcentaje de personas cuya muerte está ocasionada por el cáncer es el 13% de la población mundial, según la OMS. No sé si ese porcentaje variará en más o en menos en el caso de Japón, pero adoptémoslo como un valor aproximado.

Pues bien, el 13% de la población actual de Japón, es decir, el número de personas de entre los que actualmente viven en ese país que padecerán un cáncer según la estadística de la OMS es de 16.493.620 personas.

Pero si la explosión de Fukushima ha elevado en un 4% los números de afectados por un cáncer, es fácil calcular que el incremento supone una cantidad de 659.744 personas. Eso ya es otra cosa. Titular corregido:

Más de 600.000 personas padecerán un cáncer en Japón a consecuencia del exceso de radiación producida en Fukushima
Eso parece más serio que lo del 4%. Sin duda. 

Y luego dicen que los contrarios a la energía nuclear queremos llevar a nuestra sociedad a la Edad Media…  Que se lo pregunten a esos 659.744 japoneses, a sus padres y a sus hijos, a sus parejas y a sus amigos.