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martes, 17 de enero de 2012

¿Déficit democrático?


Lo que sigue es un artículo publicado en su día (8 de abril de 2010) no por una hoja panfletaria, ni por ningún grupo radical, ni por ningún país enemigo de la patria. Lo que sigue es un artículo publicado en el New YorkTimes de esa fecha. 


El más conocido de los jueces de instrucción de España, Baltasar Garzón, está siendo procesado en un caso con motivaciones políticas que debería haber sido ya anulado.
El juez Garzón está acusado de ignorar la ley de amnistía de 1977 por decidir investigar las desapariciones de más de 100.000 personas durante la década de 1930 en la guerra civil de España y en las décadas de represión franquista que siguieron. Los cargos fueron presentados por dos grupos de extrema derecha que temen una investigación abierta del registro del franquismo. Por desgracia, uno de los magistrados, colegas del Sr. Garzón, es quien ha sostenido la demanda y presentado cargos formales esta semana.
Como resultado, ahora será suspendido de sus funciones en espera de juicio. Si es declarado culpable, podría ser excluido de la judicatura por un máximo de 20 años, lo que pondría fin a una carrera dedicada a la persecución de los crímenes de terroristas y dictadores . Sería un gran favor para sus enemigos políticos, pero daría la imagen de una parodia de justicia.
Los crímenes reales en este caso son las desapariciones, no la investigación del Sr. Garzón. Si, como parece probable, se tratara de crímenes contra la humanidad según el derecho internacional, la amnistía producida en 1977 en España no podría legalmente absolverlos. Los presuntos autores están muertos, y el Sr. Garzón hace mucho tiempo detuvo su investigación, que ha pasado a la jurisdicción local de los tribunales españoles en las zonas donde las víctimas fueron exhumadas.
El Sr. Garzón es un juez valiente y polémico que se ha granjeado muchas enemistades con los años. Ha llevado casos contra terroristas vascos y de Al Qaeda, poderosos políticos españoles, dictadores latinoamericanos y matones de la mafia rusa.
Casos de alto perfil, como su intento de procesar al ex dictador chileno Augusto Pinochet, le caracterizan, y a veces le llevan a extralimitarse. Pero su objetivo constante ha sido negar la impunidad a los poderosos y ampliar el alcance del derecho internacional sobre derechos humanos.
El Sr. Garzón debe ser autorizado a reanudar su trabajo a la mayor brevedad posible. España necesita una explicación honesta de su turbulento pasado, no el enjuiciamiento de aquellos que tienen el valor de denunciarlo. 


El juicio contra Garzón se inicia hoy, cuando toda la prensa española se llena de homenajes hacia el que fuera el creador del gran partido de la derecha. Es indiscutible que Don Manuel Fraga tuvo una época en que trabajó para la democracia española con cargos políticos relevantes como la presidencia de la Xunta de Galicia a la que llegó en varias ocasiones por el voto mayoritario de sus paisanos, pero no es menos cierto que antes de eso fue primero el ministro de Franco que se bañaba en Palomares con los americanos para hacernos creer que el accidente de un avión cargado de armamento nuclear no tenía ninguna importancia y, sobre todo según uno recuerda, el ministro de la gobernación de Arias Navarro que decía que la calle era suya, (según ha difundido la prensa a menudo), y que nos mandaba a la policía nacional para que nos persiguiera a los que en la calle defendíamos la democracia y pedíamos una amnistía para todos los presos políticos, (y algunos hasta para los no políticos).
Ahora se le entierra diciendo que fue él quien defendió la democracia, al tiempo de que se aprovechan de aquella ley de amnistía, (que finalmente aprobó Suárez y no Fraga por la presión de toda la sociedad), para procesar al juez Garzón por dar trámite a una propuesta basada en crímenes contra la humanidad, que como todo el mundo debería de saber ya, son crímenes que no prescriben nunca y que no pueden ser acallados por una ley ordinaria.
Bienvenidos al reino del revés.

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