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lunes, 1 de noviembre de 2010

Crisis y empleo.


La crísis, la crisis. No hay otra cosa que crisis económica. Escribe en El País, en el suplemento Negocios, Nouriel Roubini. Este economista de origen judío iraní, nacido en Turquía y que trabaja en Wall Street, es un pesimista profesional, hasta el extremo, (¡admirénse!), de que fue el único en el mundo que auguró la crisis que padecemos. El titular de El País para la entrevista con Roubini es claro, dice que “viene otra crisis: la cuestión es solo cuándo”. No es extraño que hiciera falta un pesimista tan grande para prevenirnos de lo que vino porque en la base de esta crisis hay un problema de optimismo, de lo que en este blog llamamos optimismo irresponsable. Por eso ningún economista vislumbró la posibilidad de que llegáramos a donde hemos llegado, porque estábamos sujetos a un entorno mundial de optimismo que cegaba a todo el mundo, incluso a esos premios Nobel de economía que saben tantas matemáticas. Roubini dice que él, en lugar de fiarse de las matemáticas, lo que hace es viajar mucho. No me parece mal sistema. 
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En el dominical del mismo periódico escribe Javier Marías sobre economía. Se pregunta, en primer lugar, si vamos a salir de la crisis reduciendo personal como están haciendo las empresas. Dicen los expertos que una de las dificultades que tiene España es su alto índice de paro. Eso supone dos cosas: la primera, que tengamos que destinar el doble de recursos para cubrir el desempleo que el resto de los países de nuestro entorno, la segunda, que la demanda interna no prospere porque disminuyen las posibilidades de consumir del conjunto de la población, lo que produce recesión. En consecuencia, el paro es malo para los que lo padecen, pero también es malo para el conjunto del país. A mi entender, la cosa no termina ahí. Me explicaré. 
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Uno, que hace como Roubini y viaja lo que puede, (que no es mucho), ha visto que en los países del entorno, como Francia y Alemania, hace tiempo que han disminuido drásticamente el uso de la mano de obra en determinadas tareas. Como ya comentamos en su día, en el metro de Berlín no hay un solo empleado a la vista. Solamente los conductores de los trenes, que todavía son humanos, representan a la empresa metropolitana. Lo demás lo solucionan con unas máquinas expendedoras de billetes, (que te hacen perder una gran cantidad de tiempo si eres turista y no te has sacado el abono del mes, como supongo que harán ellos), y unos inspectores que no se ven pero que son suficientes para que la gente no deje de pagar sus billetes: el miedo guarda la viña. Con esto quiero decir que en España todavía sobran empleos. Pronto instalarán unas máquinas de éstas y despedirán a un gran número de empleados. En Francia hay muchas gasolineras que funcionan con máquinas expendedoras que te cobran directamente de la tarjeta y por tanto sin ningún empleado. A la empresa le ingresas el importe vía cajero automático y ellos están en algún despacho de la Défense de París haciéndose ricos mientras tu te llenas el deposito en Burdeos y se lo pagas en la máquina automática. En España hay mucho que hacer aún para aumentar el paro y de que lo haremos no hay duda. Por esto es por lo que viene diciendo la derecha y los empresarios que en España hay poca productividad. Hay poca productividad porque se emplea mucha mano de obra en hacer lo mismo que en otros países de Europa se hace con menos personal. Así que lo que Javier Marías ha visto no es más que el principio de lo que viene. Por eso han insistido tanto en que había que abaratar el despido, porque hay mucha gente que despedir aún en España. En Alemania el paro es la mitad que aquí porque hay muchas ocupaciones en que trabajar, mientras que aquí sólo teníamos la especulación inmobiliaria y ahora tenemos poco. El futuro no va a ser que aumenten los empleados que atienden al público, como reivindica Javier Marías.


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Uno se pregunta si todo esto quiere decir que España no tiene solución. En realidad sí la tiene, pero no va a ser cosa de meses sino de muchos años. Entre tanto hay una generación de optimistas irresponsables bien preparados que no saben dónde van a encontrar trabajo. Cuando algún joven bien preparado, con talento y ganas de trabajar me pide un consejo, le respondo siempre: estudia alemán.
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P.D. El último párrafo es una licencia narrativa. Ningún joven bien preparado con talento y ganas de trabajar me ha pedido jamás consejo.  

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