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lunes, 11 de octubre de 2010

El Nobel de Vargas Llosa.

Dice mi hija que le extraña no haber leído ningún comentario mío en este blog sobre la concesión del Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa. En primer lugar es porque cada vez me falta más tiempo. Tengo que organizar mi tiempo, hay tantas cosas que hacer, incluso hacer el vago de cuando en cuando, que no podemos abarcar todo lo que quisiéramos. Pero además, me parece tan unánime la alegría de todo el mundo que me he dedicado a leer lo que han escrito la gente que sabe hacerlo bien, los académicos, los escritores, los periodistas. Como a estas alturas me resulta tan difícil no satisfacer los caprichos de mi hija, si quiere que lo comenté, lo haré, pero tan solo desde el lado más personal, sin aportar nada a la noticia, que no hace falta.
Entre las primeras novelas que recuerdo haber leído cuando era joven está “La ciudad y los perros” de Vargas Llosa. Recuerdo que me gustó mucho. Trataba sobre unos adolescentes que hacían el bachillerato en una institución militar y era bastante autobiográfica pues allí había estudiado el escritor, obligado por su padre. Aquí no tenemos nada parecido, (por fortuna), así que me sorprendió conocer los episodios tan increíbles que vivían y, sobre todo, les hacían vivir a estos pobres. Aún adolescente, con diecinueve años, yo también me fui a hacer la mili y me sentía como el pobre Vargas Llosa, pero era una satisfacción que al menos los desagradables sucesos que teníamos que soportar en aquel ejercito que aún era el de Franco, (se murió por entonces), y que no diferían mucho de los de la novela, cuando menos habían sido relatados por un gran escritor para que el mundo lo supiese. De aquella primera novela me quedó un agradecimiento eterno y una simpatía por el autor peruano que aún conservo como entonces.
Después recuerdo haber leído “Pantaleón y las Visitadoras”, “La tía Julia y el escribidor”, “La guerra del fin del mundo”, una novela cosmogónica, que se refiere a un episodio brasileño del siglo XIX pero en la cual parece que estamos asistiendo al nacimiento de las naciones americanas, además de ofrecer una visión desde muchos ángulos de toda la realidad de entonces, una auténtica novela en su sentido clásico. Después dejé de leerle sin ningún motivo, solamente porque cada vez leo menos ficción, pero aún así, tengo empezado “La fiesta del chivo” y prometo retomarla en cualquier momento.
Cuando se presentó a las elecciones peruanas pretendiendo dirigir el país desde la derecha liberal me sentí alejado de sus ideales políticos que ya venía expresando desde hacía tiempo en sus colaboraciones en El País. Me parecía un enviado de los EE. UU., uno de esos políticos manipulados por la Central de Inteligencia. Claro que peor fue lo que hizo García Márquez: hacerse amigo del dictador de Cuba. A pesar de todo, me gusta tanto su forma de escribir, que he seguido leyendo sus artículos en El País, los que llama “Piedra de toque”.
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Me alegré mucho de que le dieran el Nobel. Para mí, los escritores que he leído con agrado y me han ayudado a vivir son como si fueran amigos.

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