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viernes, 24 de octubre de 2008

Mendigos

Si queremos sentar bases razonables de convivencia debemos desechar ciertos comportamientos. La violencia es siempre condenable. La violencia gratuita no ha causado tantas muertes como la violencia “científica”, “culta” y “razonada” de Hitler, Stalin, Mao, las distintas guerras que en el mundo han sido o el Sistema Judicial de algunos países aún por civilizar, como los EE.UU. Verdaderamente esa violencia “científica” es la más peligrosa y es ante la que debemos estar más atentos. Pero todo lo que traigo dicho hasta aquí no impide que, personalmente, me resulte insoportable la violencia que une a sus efectos dañinos el hecho de ser gratuita. Es decir, que se produce sin un motivo aparente o por motivos que bajo ningún criterio presentan atisbos de verosimilitud. Soy de esos que no terminaron de ver nunca Pulp Fiction y lo pasé muy mal viendo “La Naranja Mecánica” de Kubrik y “Calígula” de Tinto Brass, película que era considerada en su época muy fuerte por las escenas sexuales, pero que más me parece a mí que lo era por las escenas de violencia gratuita.
Viene esto a colación por el juicio que se celebra en Barcelona contra dos jóvenes que mataron a una mendigo en un cajero automático. Ya sé que un blog que tiene miles de lectores, (tal vez millones), como es éste, no debería tomar partido antes de que lo haga la Justicia para no interferir en las decisiones de los jueces, pero si el New York Times se atreve a apoyar a Obama, (al que están apoyando ahora hasta los republicanos), ¿por qué tendría yo que guardarme mis opiniones en este otro asunto?.
Mi opinión sobre esto es que la violencia de estos individuos no es gratuita, es violencia fascista, pura y dura. El fascismo defiende el recurso a la violencia y la violencia del fuerte sobre el débil. No es una opinión mía, es una opinión de ellos. Se basa en una interpretación maliciosa del pensamiento de Nietsche, al que frecuentemente acudían los nazis alemanes para justificar su “pensamiento”.
Lo que sí es una opinión mía es la de que el mundo está lleno de nazis y debemos estar muy atentos para saber distinguirlos en medio de la masa. Discernir dónde hay un nazi y dónde una persona razonable es muy difícil en un mundo que se basa en apariencias, porque, efectivamente, los nazis no van por ahí con su uniforme, sus cruces gamadas y sus cascos alemanes, (bueno, algunos motoristas sí). Pero en cuanto que nos olvidamos de las apariencias y hurgamos en el pensamiento de las personas, deja de ser difícil encontrar nazis por la calle. Esto no es una propuesta paranoica, no digo que vayamos mirando con lupa el alma de las personas para encontrar fascistas, (como en "The Stranger" de Orson Welles) y ponerlos a disposición judicial, entre otras cosas porque en este país ser un fascista no es ningún delito, al contrario de lo que sucede en Alemania. Lo que digo, es que hay que estar atentos para descubrir la mentalidad que hace que una persona pierda su condición de ser humano razonable para transformarse en un nazi.
La xenofobia, el militarismo, el desprecio por los débiles, el nacionalismo…

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