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martes, 21 de octubre de 2008

El gran Inquisidor.

Cuando yo era joven, (sí, hace mucho tiempo, ya lo sé), te paraba la policía en la calle y te pedían la documentación. Te identificaban como si hubieras robado un banco y, si querían, te mandaban a comisaría para aclarar qué estabas haciendo en medio de la Universidad o de alguna de las grandes fábricas que habían nacido a la sombra del INI, las fábricas con las que se enriquecían los privilegiados del régimen, mientras a ti, te pedían la documentación en cualquier sitio. En las librerías estaban prohibidos la mitad de los libros del mundo, ya fuera por estar escritos por marxistas o izquierdistas, por hacer referencias al sexo, o porque a un funcionario inquisidor, que se llamaba censor, le había parecido que no debía yo leerlos. Había gente en los años sesenta y aún en los setenta que se pudría en la cárcel por el tremendo delito de ser militante del Partido Comunista, de Comisiones Obreras, o por haber nacido catalán y hablar su lengua en la intimidad. El día uno de mayo, en que se hacía una exhibición nacional de falangistas que levantaban el brazo haciendo el saludo que puso de moda Adolfo Hitler, la policía metía en la cárcel a todos los disidentes, sindicalistas o militantes de partidos que tuviera fichados, para evitar alborotos.
Esto eran cosas que pasaban en los años sesenta y setenta. Sin embargo, el auto del Juez Garzón no se refiere a estas actuaciones del franquismo que yo conocí, sino a las que se llevaron a cabo antes de que yo naciera, desde el 18 de julio de 1936 hasta el año 1952 en que, derrotados los nazis, el régimen empezó a interesarse en llevarse bien con los americanos. El juez Garzón no se refiere a la inmensa basura de represión, pisoteo de las libertades públicas y privadas, etc, que sufrimos todos los que vivimos aquellos años y no levantábamos el brazo haciendo saludos fascistas (salvo cuando nos obligaba el maestro en la escuela). Tampoco se refiere a las que tenemos que seguir aguantando cuando tenemos que escuchar las sandeces que aquellos fascistas o sus hijos nos refieren aún hoy a diario. No. El auto del juez Garzón se refiere a los 114.266 españoles que desaparecieron por la represión franquista, principalmente cuando la guerra estaba acabada y el otro bando derrotado.
¿Y ahora dice el fiscal, (como siempre haciéndose eco de la voz de su amo, el gobierno), que el inquisidor es el juez Garzón?.


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