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jueves, 17 de abril de 2008

Suiza


Los países ricos (como las personas) lo son no solo porque consigan más dinero, sino también porque gastan menos. Por ejemplo, el arquitecto valenciano Santiago Calatrava tiene dos estudios: uno en Valencia y otro en Zurich. En Valencia ha realizado las obras más espectaculares, ese Palacio de las Artes Reina Sofía que debe ser como un parque temático, como una feria. Su arquitectura de espectáculo ha tenido éxito en los países mediterráneos. En Lisboa hizo la estación del ferrocarril cuando la Expo: la estación de Oriente y ha hecho puentes en Barcelona, Mérida, Sevilla y otros.
Sin embargo, pese a que siempre ha tenido estudio en Zurich, donde hizo la carrera de ingeniero, no ha conseguido que le encarguen un puente en Suiza. En esa ciudad hizo una estación austera, con bóvedas de hormigón, o la remodelación de la Universidad y en el resto del país algún proyecto comedido como el Teatro Tabouretti en Basilea. Nada de espectáculos deslumbrantes.
Tengo unos amigos ya mayores que han vivido casi toda su vida en Suiza como emigrantes que cuando vienen a mi casa se quieren quedar en la cocina porque tenemos parquet en el resto y no quieren pisarlo. En Suiza se descalzan para pisar en madera, para que no se estropee. Además de ser muy limpios son muy cuidadosos y se preocupan mucho de que las cosas no se gasten. Para los mediterráneos su mentalidad es fundamentalmente tacaña.
Para nosotros malgastar las cosas es algo cultural. Como hacer enormes esculturas de cartón piedra para quemarlas en un momento durante la noche de San Juan. Además pensamos que su forma de vida es aburrida. Nos consolamos pensando lo aburrido que es vivir en esas ciudades sin las tabernas ruidosas, las calles sucias y ruidosas con los atascos de coches ruidosos, sin gentes simpáticas y ruidosas como nosotros.
Felix de Azúa en el Boomerang ha estado hablando de Suiza porque ha debido de hacer un viaje al país alpino. Se ríe como todo español de las cosas de ese país al que, como todo español, tilda de ser simplemente la cueva (bancaria) de Alí Babá.
Aquí por el contrario tenemos la costumbre de no preocuparnos por el futuro. En mi tierra, cada vez que hay sequía, en lugar de avisar sobre los problemas que puede ocasionar el despilfarro del agua, los políticos, periodistas y demás dirigentes de la opinión pública se dedican a tranquilizar al personal diciéndoles que hay mucha agua embalsada. He visto informaciones que hablaban de agua para varios años, para tres, para dos, para todo el año que viene, etc. La última, igual de optimista y complaciente que las anteriores, habla de agua para todo el verano. El cerco se estrecha. Cuando quede agua para una semana ya no podremos hacer nada. No vamos a ser a como esas hormiguitas calvinistas. El genial autor del informe, asesorado por los tranquilizadores responsables de la cuenca del Guadiana, después de reconocer que todos los pantanos están con problemas resume: "Hoy por hoy, la situación no preocupa demasiado, pero no hay que echar las campanas al vuelo. La sequía acecha y obliga a hacer un uso racional del agua". Claro que eso es hor por hoy, mañana por mañana ya veremos. De economizar no habla nadie que eso es tacañería. Llegado al presente estado de sequía se dice, tan solo, que "hay que hacer un uso racional del agua".
Pues, ¡Qué viva España!.

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