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viernes, 17 de mayo de 2013

Coronada Soledad





Durante la Edad Media la pérfida hembra era considerada por la Iglesia una fuente de pecado y poco más. Sin embargo, hacia los siglos XI y XII, por el desarrollo económico que se produce y el consiguiente desarrollo cultural, aparece el amor cortés: una visión sublimada del erotismo que amplía el relato que se suele manejar hasta entonces sobre las relaciones entre hombres y mujeres, que tiene su origen en los poemas de los trovadores franceses y que se extiende rápidamente por todo el continente europeo. A consecuencia de esto, la Iglesia Católica reacciona contraponiendo la figura de la madre de Jesús, la virgen María, pues teme perder parte de su influencia cultural a manos de los trovadores. Hasta esa fecha parece como si nadie se hubiera acordado de que Cristo tenía madre, pero es cierto que a partir de entonces el culto mariano se constituye en una parte fundamental de la parafernalia católica.

Resulta difícil entender la existencia de tantas vírgenes. Si la virgen es la madre de Cristo sólo habrá una. Sin embargo cada pueblo, cada ciudad, cada barrio, tiene una virgen que pretende que sea mejor que la de los otros. Antropológicamente esto denota una cierta dificultad entre la gente para aceptar el monoteísmo y pone de manifiesto lo permanente del politeísmo en la cultura popular. La jerarquía católica sabe que esto va contra las bases mismas del credo cristiano. Lo saben porque conocen los evangelios mejor que nosotros, pero ¿qué es lo que hacen? Pues fomentan esta idolatría mariana que le da muchos frutos en forma de una adhesión del pueblo a los viejos discursos religiosos, aunque esté encubriendo lo que ellos mismos han denominado, (para separar el trigo de la paja y diferenciar la fe verdadera, la cristiana, de las demás), como superstición.  

Se dirá que a qué viene tanta reflexión religiosa en un momento en que lo que nos preocupan son otras cosas. Pues viene a cuento de que uno está harto de ver por todas partes los prolegómenos de lo que será el próximo día 8 de junio la coronación canónica de la Virgen de la Soledad de Badajoz. Viene a cuento de que uno lleva un tiempo obsesionado con el hecho de que el desarrollo tecnológico no supone un desarrollo humano ni social, una mejora cultural de nuestro entorno, sino que por el contrario, se esconden muchos peligros en la sumisión fetichista a las nuevas tecnologías que de forma acrítica asumimos. Viene de que me ha llamado la atención un titular aparecido en la prensa católica local que dice: la Hermandad de la Soledad quiere emitir la coronación en pantallas gigantes.




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