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lunes, 12 de marzo de 2012

¿Hay que trabajar más?


Escribe hoy Joaquín Estefanía en El País bajo el título de “los años bárbaros” sobre el deterioro tan alarmante que está sufriendo el Estado de Bienestar europeo. Dice en el mismo periódico Dolores de Cospedal que los españoles tenemos que trabajar más horas. Vamos a explicarle a la Sra. Ministra que eso no es así.
Como todo el mundo sabe, el llamado Estado de Bienestar es un logro que se produce después de la II Guerra Mundial y que tiene su origen en el acuerdo de todas las fuerzas políticas y sociales para resolver las peligrosas diferencias que habían llevado en los años treinta a una lucha encarnizada que culmina más que dramáticamente con la citada guerra. Fascismos, comunismos, lucha de clases, eran monstruos que había que apaciguar como fuera. Los poderosos regidores del capitalismo mundial tenían muy presente la creación del espacio soviético y temían la extensión del mismo a otros países occidentales. “ ...Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes...". Era el inicio del Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Tras una debacle como la sucedida en Europa y con la división creciente del mundo en dos bloques, la solución que encontraron las personas razonables fue crear un enorme consenso europeo que resolviese los problemas acuciantes de la clase obrera a cambio de conseguir la paz social y la renuncia de los trabajadores a la revolución.
Desde que cayó el muro de Berlín y se derrumbó el Imperio Soviético viene el propio Joaquín Estefanía avisando de que la falta de un contrapoder hará que más pronto que tarde el capitalismo se enseñoree por el mundo avanzado y quiera imponer su discurso a los trabajadores, sin necesidad de negociación ni pacto. ¿Para qué vamos a pactar con ellos si ya no nos dan miedo? Piensan las grandes lumbreras económicas.
Esto es una consecuencia evidente de lo que los marxistas llamarían “una nueva correlación de fuerzas”. Si ya no tenemos miedo y no hay nadie que ponga en cuestión nuestro sistema económico ya no tenemos por qué seguir manteniendo los pactos de “no agresión” con las clases proletarias, con aquellos que sólo aportan a la economía su trabajo.
Entre tanto, se ha producido una nueva revolución tecnológica que, unida a la anterior revolución industrial, ha hecho que la producción de bienes y servicios sea mucho más fácil de lo que lo era en el siglo XIX, cuando el capitalismo maduro se extendió por todo el occidente industrial. Pero por mucho que queramos producir más y más bienes de consumo para seguir creciendo, el sistema se colapsa por todos los lados: económicamente porque no se puede mantener el consumismo mientras que la mayoría de la gente no mejora sus condiciones económicas, ambientalmente porque el planeta empieza a colapsarse al no poder asumir los desequilibrios que esta actividad frenética le ocasiona, políticamente, en las relaciones internacionales, etc.  
De modo que lo que debería ser una ventaja, (la mayor productividad con menos esfuerzo humano), se convierte en un problema. ¿Por qué? Porque el beneficio que la mayor productividad alcanzada por la tecnología permite es asumido en exclusiva por el empresario, que es el dueño de los medios de producción. Pero el problema para el trabajador no es sólo este. Hay otro más grave que consiste en la depreciación que se produce en el valor económico de la fuerza de trabajo. Los trabajadores, sean de la categoría que sean, aquellos que sólo aportan su fuerza de trabajo a la economía, están sometidos al mercado como todo en el capitalismo: a mayor abundancia de un bien menor es su precio, mientras que los bienes escasos alcanzas precios mayores. Por eso los empresarios en ocasiones tiran al mar sus productos agrícolas, para que no caiga el precio de los mismos.
Tenemos un bien que es cada vez más escaso: el trabajo, cuya oferta decrece y escasea cada vez más porque la tecnología hace que sea menos necesario. Al tiempo tenemos una cada vez mayor demanda  de trabajo que son los parados, los que quieren entrar al mercado laboral y no pueden. ¿Que sucede? Que, cada vez más, la fuerza de trabajo vale menos. Habría que tirar los parados y los trabajadores al mar para que la fuerza de trabajo subiera de valor, se cotizara más alta y los empresarios dieran más por ella. Pero como la solución evidentemente no es tirar a la gente al mar, la alternativa es trabajar menos horas, para que el valor de la hora trabajada suba de precio.
Nos han contado el cuento de que la crisis económica es algo que atañe a todos y que debemos solucionar entre todos. Esta es la gran falacia de nuestro tiempo. De momento la crisis la han creado los especuladores y la han pagado los trabajadores que están transfiriendo su dinero hacia los verdaderos culpables, hacia los que crearon la crisis.  
No debemos trabajar más, debemos trabajar menos, Sra. Cospedal.

Después del cierre de este "post" un amigo me ha mandado este texto que incluyo aquí porque viene al caso y lo suscribo en su totalidad, (con las variantes personales de cada uno).

 FRANCISCO PASTOR GUZMÁN - Castellón - 17/01/2012 Trabajo desde hace 14 años en I+D y desde hace 10 años lo compatibilizo con unas horas semanales de profesor en la universidad. Me esforcé de niño y adolescente en intentar aprender, sacar buenas notas y pasarlo bien. Me esforcé en la universidad para sacar la carrera y pasarlo bien. Me esforcé luego dando clases particulares y continúo ahora esforzándome en mis dos trabajos. Hace 10 años, junto a mi pareja, compramos un piso que entraba dentro de nuestras posibilidades. Ahora, tras 10 años de esfuerzo, hemos ahorrado el dinero suficiente para pagar lo que nos queda de hipoteca. Llevo años esforzándome y nunca he vivido por encima de mis posibilidades. Podía permitirme coches más caros pero no los he comprado, nunca he pedido un crédito para irme de vacaciones, reformé mi piso cuando tuve dinero para hacerlo. Me esfuerzo en educar a mis hijos lo mejor posible, los llevo a la escuela pública y me esfuerzo en la asociación de padres para ayudar a mejorarla. Cuando mis hijos enferman los llevo a la sanidad pública y si me queda jarabe en casa le digo al médico que no me haga una receta que no necesito.Ahora estoy a punto de quedarme sin trabajo gracias a los que han vivido "por encima de nuestras posibilidades". Ahora me piden "un esfuerzo más". Yo siempre he pagado puntualmente la hipoteca y lo sigo haciendo así que no he hundido a la banca. Yo no he hecho bajar la Bolsa, no he hundido los mercados, no he inflado la economía, no he especulado con la vivienda, no he organizado carreras de coches en mi ciudad, no necesito un aeropuerto sin aviones, no tengo yate para ver la salida de la Copa América, no he ido nunca a ver la ópera en el Palau de les Arts. Yo no he deteriorado la escuela ni la sanidad públicas, no he tenido becas ni subvenciones, no he cobrado nunca el paro ni he provocado déficit al Estado, la autonomía ni la Seguridad Social. Yo no conozco a Modios, Finch ni Standard & Poors pero sí conozco a los que vivieron por encima de mis posibilidades. Yo no les voté, a mí no me representan.

Soraya, el esfuerzo se lo pides a ellos.

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