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martes, 4 de octubre de 2011

Abusos de poder.

El domingo publicaba EL PAÍS dominical un informe sobre lo sucedido en la CAM. Hoy trae la noticia de que tres altos ejecutivos de Novacaixagalicia se han llevado 23,6 millones de euros, es decir unos 1.400 millones de pesetitas para vivir como marajás el resto de sus días. El blog “el debate”, que es de ese periódico, se pregunta quién es el responsable de estos desmanes. Que si el director del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que si los que se han llevado el dinero. Pero hay una cosa que debe estar clara, lo hicieron porque pudieron legalmente hacerlo. Es decir, nadie se lo ha impedido.
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En realidad lo que sucede es que hay unas élites de poder ligadas a los partidos políticos que se reparten no digo ya el pastel sino todos los pasteles. Esas élites controlan todos los ámbitos de la vida pública. Controlan la cultura, que vive de las subvenciones que reciben de esos poderes, controlan a los escritores, que publican en medios que, a su vez, también son afines a uno u otro partido; controlan la universidad, el mundo de la investigación, controlan a los historiadores, a los pensadores, a los que hablan en la radio, a los que informan en la televisión, a todos los medios, de manera que crean unas corrientes de opinión que inundan la calle y a las que todos nos acercamos, ya sea desde el P.P. Party, ya sea desde las posiciones supuestamente progresistas del PSOE. Pero la cosa no se queda ahí. Los dos partidos, controlan la judicatura, con esos repartos de jueces que son un escándalo: tres jueces progresistas para mí y dos conservadores para ti, que yo tengo más votos que tú; de manera que si algún día nos pillan en un escándalo de corrupción ya tenemos allí a quien nos proteja de “la maraña de la justicia”. Por otra parte, los dos partidos controlan las cajas de ahorros. Organismos que deberían ser públicos, puesto que no tienen ánimo de lucro y para lo único que están es para gestionar el ahorro y el crédito de las personas normales y de las pequeñas empresas, pero que están dirigidas por ejecutivos nombrados desde las comunidades autónomas, las diputaciones provinciales y demás entes de poder. Lo que se proponen, en realidad, es que nuestro ahorro sirva para apoyar a estos organismos a los que se les conceden créditos en las mejores condiciones y ya de paso enriquecer a unos pocos de estos “amigos” que a su vez les hacen favores a ellos, aunque todo con nuestro dinero. ¿Por qué el Banco de España no pone coto a estos desmanes? También el director del Banco de España es un hombre próximo al partido que lo nombra.
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De manera que, como hemos visto, los partidos poderosos, a los que hay que unir CIU en el ámbito de Cataluña, el PNV en Euskadi y demás, despliegan su poder en todos los entornos públicos, más allá de lo que la Constitución dice que debe ser el entorno de los partidos. Porque la constitución no dice que los partidos deban detentar todos los poderes ni controlar toda la  actividad pública. Pero cuando la cosa se pone fea y llega un momento en el que los llamados “mercados” se hacen con nuestra economía, el ciudadano común se pregunta por qué el estado no nos defiende. Y el estado contesta diciendo que no puede hacer nada frente a ellos. El mismo estado que ha controlado nuestra vida en todos sus aspectos no puede defendernos ahora de los ataques de “los mercados”. A ellos no puede controlarlos.
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¿Para qué queremos el estado los que no tenemos poder ninguno?
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Esta situación me recuerda lo que se contaba sobre cómo Franco había organizado la defensa de Madrid: no para defender Madrid de un ataque extranjero, sino para defender a El Pardo de un ataque de los madrileños. Así funciona nuestro estado. No pueden evitar que estos ladrones se lleven miles de millones pero sí pueden controlar nuestros sueldos, nuestras pensiones y toda nuestra vida. No pueden controlar los paraísos fiscales, ni los mercados especuladores, no pueden conseguir que los ricos paguen más, pero pueden subirnos los impuestos a todos los que no tenemos poder y quitarnos la sanidad y la educación públicas.
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Lo más grande es que están ahí porque los hemos votado.

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