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lunes, 24 de octubre de 2011

Recetas para la crisis.

Desde el final de la II Guerra Mundial, en 1945, hasta el año 1980 trascurren 35 años, el periodo hábil de una generación. Ese periodo pasará a la Historia como uno de los más fértiles en la actividad humana. Es el periodo de los Beatles y de la liberación sexual, de la igualdad de los géneros, de los derechos humanos y del respeto a las minorías, es una época en que, en todos los regímenes del mundo, se producen avances porque el espíritu humano cuando encuentra la paz y la seguridad se vuelve muy creativo.
Los soldados que al terminar la gran contienda tenían 20 ó 25 años, tienen en 1980 entre 65 y 70 años. En ese momento se hace con el poder una generación que no vivió el trauma de la guerra y que no conoció los muchos padecimientos que sufrieron los europeos y el resto del mundo: las penurias de los años treinta, el fascismo y el estalinismo. Desde 1980 hasta el hundimiento de Lehmann Brothers, transcurren 27 años. Ese periodo será recordado por haber alumbrado el nacimiento del SIDA, los momentos más tensos de la Guerra Fría, el nacimiento de la guerra contra el terrorismo y el regreso de la intolerancia religiosa, el nacionalismo, la intransigencia, el fanatismo, la crisis ecológica, y finalmente la crisis financiera que abrirá una nueva era.
Cuando la II Guerra Mundial precisó de la concurrencia de los ciudadanos para salvar las economías de los ricos, éstos recibieron a cambio su pequeña parcela de poder, de riqueza y de libertad. Posteriormente, los ricos de verdad, aquellos a los que no conocemos personalmente, nos han ido dando de lado, hasta llegar a la lamentable situación actual. En 1980, los más ricos del mundo colocan al frente del país que lo domina a un actor de segunda categoría para que hiciera el papel de Presidente de los EE.UU. mientras ellos urdían sus planes para nuestro futuro, basados en democracias representativas que terminarían por no representar a nadie y todo el poder para la economía especulativa, para los bancos y los brokers. Es cuando el soso de Richard Gere realiza su papel más sonado con una “pretty woman” que no es otra que Julia Roberts, (que no es que sea una belleza impresionante, sino que es  simplemente una mujer que, como dirá su personaje posterior de Notting Hill, lleva toda la vida sin comer en condiciones). Esa película hace la exaltación del broker al que presenta como un tipo muy atareado pero interesante.
Todos sabemos que la fiesta ha terminado, que llevamos tres años en los que el mundo se dirige hacia un nuevo cambio, pero no sabemos cuál será su dirección. Dice César Molinas en El País de los negocios, (con esto de la crisis hasta me lo leo a menudo), que estas cosas se resuelven en una guerra. Tal vez lo diga para meternos el miedo en el cuerpo y que aceptemos su receta que consiste en que vayamos a la flexibilidad laboral.
Teniendo los sueldos de los ejecutivos bancarios tal vez encontraríamos buenas razones para aceptarla.
En caso contrario seríamos nosotros los que deberíamos de ofrecerle nuestras recetas a tan afamado especulador. De entrada el premio Nobel Paul Krugmann afirma en las mismas páginas que los que impulsaron la liberalización económica lo que crearon fue más diferencias entre ricos y pobres: minando la organización sindical, librándose de la “restricción de la indignación” que antes limitaba las nóminas de los ejecutivos, etcétera. Ah, y los impuestos de los ricos se redujeron drásticamente , por supuesto.
Ahora la derecha va a gobernar la piel de toro y nos trae sus recetas que, aunque se las calla para ganar las elecciones ya sabemos cuáles son: minar la organización sindical, librarse de la “restricción de la indignación” y bajar los impuestos a los ricos.
Pero la Historia no está escrita. Si no, que se lo digan a los tunecinos, a los egipcios y a los libios, aunque estos últimos con ayuda occidental porque tienen mucho petróleo, no como los Sirios o los pobres demócratas de Bahrein.




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