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martes, 29 de mayo de 2012

Firma.

Yo ya he firmado AQUÍ.

Haz algo por tu propio bienestar y pide la dimisión de Carlos Dívar, Presidente del Tribunal Supremo.

Naderías nihilistas. O sea: nada.


Con ser grave lo que está pasando en este país lo peor no es eso. (¡Vaya, llegó el pesimista de guardia!) No. Lo peor es que esta terrible situación, que más perece una película de serie B que una situación económica, nos oculta la verdadera realidad. ¿Y qué es tal cosa? Noticia de segunda fila en el diario El Mundo: detectan radioactividad de Fukusima en atunes rojos ante las costas de Estados Unidos. Lo que sigue es un baile de cifras, un barullo sobre los límites aconsejables y demás, pero una cosa está clara, si en un punto del planeta se produce un desastre como el de Fukusima, sus consecuencias viajan por el globo de una punta a la otra y nadie está libre de ser contaminado con el atún de una ensaladilla rusa. Dice Ramón en El País: si no sabes qué respiras ni qué comes, ¿qué sabes?
Pues eso: nada.
Y como decía Monty Python en el memorable Always look on the bright side of live: ¿qué tienes que perder? Viniste de la nada, volverás a la nada, ¿qué puedes perder? NADA.
Pero sí podemos perder. Podemos perder un planeta que recibimos de las generaciones anteriores y que vamos a dejar hecho una piltrafa. Pero claro, esto son cosas de ecologistas y perroflautas. Las personas serias compran el Financial Times. ¿Qué dirá el Financial Times el día en que el cambio climático arrase la vida planetaria. ¿Pedirá la intervención del FMI?
De momento el cambio climático avanza: estas son los únicos boletus estivalis que hemos encontrado en Extremadura este año: prácticamente nada.



jueves, 24 de mayo de 2012

Para aumentar la productividad


Hay dos formas de trabajar: como lo hacen estos trabajadores que aparecen en los videos de más abajo, o como trabajan los ingenieros alemanes que diseñan coches de la máxima calidad trabajando en un hermoso laboratorio construido a base de luminosas cristaleras en una pequeña localidad cercana a Múnich, uno de esos pueblos con lago que hay camino de los Alpes.
Esto viene a cuento por el tema de la productividad. Dicen los empresarios que en España hay que aumentar la productividad.
¿A qué se parece más nuestra forma de producción, a la de los videos que he puesto más abajo o a la idílica situación que he descrito en el centro de trabajo alemán? Y lo que es más importante: ¿Quién obtiene mejores resultados?
Cuando la patronal dice que hay que aumentar la productividad se refiere a que el señor que está haciendo chapati y lazándoselos al compañero debería de ir más deprisa y perder menos tiempo echando un cigarro, (lo cual, además de la productividad mejoraría su salud, pero eso no viene ahora al caso). Tal vez incluso, el señor que transporta ladrillos podría echar alguno más sobre su cabeza y así aumentarían los beneficios de su empresario.
¿Cómo veo yo el tema de la productividad? Desde el siglo XVIII, incluso en algunos casos desde el siglo XV, sabemos, (nuestra cultura europea sabe), que la productividad depende más de la aplicación de la tecnología que de la fuerza bruta.  Lo sabía Leonardo da Vinci, quien murió en 1519, y lo sabían los empresarios y profesionales europeos que crearon a la revolución tecnológica. La Real Academia Española dice de la productividad:
2. f. Capacidad o grado de producción por unidad de trabajo, superficie de tierra cultivada, equipo industrial, etc.
3. f. Econ. Relación entre lo producido y los medios empleados, tales como mano de obra, materiales, energía, etc. La productividad de la cadena de montaje es de doce televisores por operario y hora.
Así que cuando hablamos de aumentar la productividad deberíamos de estar hablando de aumentar la organización, aumentar la formación, poner más medios que aumenten la producción, (medios cuyo saldo entre gastos e ingresos sea beneficioso para la productividad), poner más dinero para que esos medios estén disponibles, crear un entorno de trabajo donde el trabajador se encuentre más motivado en su tarea. Todo esto aumenta más la productividad que un látigo para conseguir que los trabajadores hagan su trabajo más deprisa y se distraigan menos.
En la elección de nuestros empresarios reside la desgracia de este país. Son empresarios cuya política de personal se parece más a la de las empresas de los videos que a la tecnológica empresa alemana que hemos puesto de ejemplo.
¿Qué necesitamos para salir de la situación actual? Dicen que producir más, aumentar la productividad. Dicen los empresarios que los trabajadores deberíamos parecernos más a los de las empresas del tercer mundo. Su política de empresa es una cruz para los trabajadores, es un desastre para el país y una ruina para sus empresas. Pero les da igual, ellos viven de las subvenciones y de los chollos y cuando la empresa se va al garete ellos cierran y se van a casa con los bolsillos bien llenos.  
Otro día hablaremos de que lo importante no es producir sino tener calidad de vida y del tema de paro, pero eso son otros temas.

miércoles, 23 de mayo de 2012

lunes, 21 de mayo de 2012

Historias.


Contar historias. Según Antonio Muñoz Molina, por alguna razón que están estudiando los neurólogos, los seres humanos necesitamos contar historias. Historias que sirvan para explicarnos la vida, que es algo inexplicable, que sirvan para enseñar a vivir, que es algo que nunca se aprende y que sirvan para dejar constancia de lo que es inconstante, incongruente e inconsistente. La narración de historias es un universal: está en todas las culturas. Por muy atrasada y pobre que sea una cultura, ha creado una gran cantidad de historias, historias complejas y muy elaboradas. Estas historias pueden ser cuentos de transmisión oral, pueden ser narraciones cortas, poemas, novelas o verterse en comics, obras de teatro o películas de cine, pero al final son siempre las mismas historias: de abandono y de encuentro, de amor y de desamor, de solidaridad y de soberbia, de justicieros y de injusticias, de vida y de muerte. Cuando el lunes llegamos a la oficina, lo primero que hacemos es un corto relato del fin de semana: estuve en la playa, vino mi familia, fuimos a una boda, me quedé en casa con un tremendo catarro. Cuando narramos algo le damos coherencia a una cosa que no la tiene, porque la vida no tiene coherencia. Ese fin de semana que resumimos diciendo que fuimos a la playa, fue en realidad una enorme acumulación de instantes en los que tuvimos multitud de experiencias a veces contradictorias, a veces difíciles de comprender, otras absurdas y nosotros somos los que ahora las ordenamos en un relato que dice que fuimos a la playa. Pero como decía León Felipe: “el miedo del hombre… ha inventado todos los cuentos”. El miedo a la incoherencia de todos esos momentos inconexos en los que la vida nos lleva por derroteros inesperados. Porque no sólo fuimos a la playa, también estuvimos a punto de sufrir un accidente que hubiera cambiado nuestra vida de forma radical, porque discutimos antes de salir de casa por cualquier cosa nimia y estuvimos enfadados casi todo el fin de semana. En una tienda encontré un libro que llevaba mucho tiempo buscando que no me compré y me dormí porque en la televisión ponían un programa muy aburrido y no nos habíamos llevado nada para leer.  En lugar de contar todo eso contamos que estuvimos en la playa, que el tiempo fue soleado y que el agua estaba aún fría. Los relatos son siempre parciales, no contamos todo, con lo cual hacemos una transmisión de datos tergiversada, a veces de manera inconsciente, otras de forma consciente para defender una idea que queremos transmitir y que sólo parcialmente se corresponde con lo que realmente sucedió. Fuimos a la playa y lo pasamos muy bien, fuimos felices durante todo el fin de semana porque el sol lucía espléndidamente y el agua estaba fresquita.

viernes, 18 de mayo de 2012

Visto en una camiseta:

YoTube 
un curro

jueves, 17 de mayo de 2012

¡Que bien resiste.!