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lunes, 29 de diciembre de 2014

Aquellas navidades.

No debería gustarme la Navidad, pero me gusta. Me gusta la nieve, o el tiempo seco y frío, el reencuentro con la familia y los amigos que tenías un poco olvidados, me gusta comer y beber bien, ¿por qué no habrían de gustarme estas fiestas? Es verdad que algunas de las personas que más quería desaparecieron por estas fechas, pero no las recuerdo porque sea Navidad, siempre las tengo en mi recuerdo, así que eso no es suficiente para que odie estas fiestas. El año se acaba y eso hace que uno haga nuevos propósitos y las ciudades están llenas de gente, sus calles iluminadas y hay muchos niños que van con sus padres a ver los reyes (o el Papá Noel). ¿Por qué no habría de gustarme?
Sí, la Navidad no es el aniversario del nacimiento de Jesús, es la fiesta, la orgía del consumismo. Bueno, eso tiene fácil arreglo: no salgas a comprar quédate en casa. Como me gusta la Navidad me gusta esa canción de Wham, Last Christmas; es mi preferida, me produce una cierta emoción escucharla. Pongo el video en YouTube y disfruto viendo a George Michael, (que entonces aún no había salido del armario), con ese grupo de amigos muy ingleses que celebran las fiestas yéndose a esquiar, (seguramente a Suiza), y hacen una cena en una enorme Gasthof que disfrutan ellos solos.
¡Ah, la música pop inglesa! ¡Me encanta! Pero de repente te das cuenta. Esa canción es del año 1984. Los hippies han muerto, el Punk se ha extendido por toda Europa y América, la juventud se revela agriamente contra lo establecido, pero, en esto, aparece el héroe que va a acabar con todo ello, el cawboy se llama Ronald Reagan y su escudero es la dama inglesa, la Dama de Hierro, esa hija de la clase media burguesa, de un padre propietario de supermercado que los domingos era pastor metodista que llegó a ser Baronesa de Thatcher Kesteven por razón de los servicios prestados a los muy ricos.
Llevaban cuatro años tratando de derrumbar los valores consensuados en la posguerra para darle todo el poder al oro y allí estaban: aprovechando el entretenimiento para inculcar nuevos valores. Los jóvenes ya no debían ser solidarios, no tenían que ser como sus padres, no debían ser auténticos, debían ser nuevos ricos. Ahora todos íbamos a ser nuevos ricos. Y nos lo creímos. Eso mismo tardó un poco más en llegar a España, hubo que culminar la transición, el ingreso en Europa, pero también se hizo y, como dice Iñaki Gabilondo, un pueblo como el nuestro que se había caracterizado por la austeridad y el saber vivir sin alharacas, también se embebió de ese sueño y ese sueño nos ha llevado aquí.
Oigo esa canción y veo ese vídeo y me produce una extraña mezcla de melancolía y de lúcida actualidad, de alegría y tristeza.

Last Christmas I gave you my heart
But the very next day you gave it away
This year to save me from tears
I'll give it to someone special

Pues eso, yo me quedo haciendo esas rosquillas que hacía mi madre, que no es que sean las mejores del mundo, pero son las de siempre, y, además, no llevan más que harina, huevos, azúcar y poco más.


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