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miércoles, 14 de mayo de 2014

Paisanos de rojo pasado: Sánchez Dragó.

Muy bien instalado en su colegio de curas, Sánchez Dragó debió de ser un estudiante algo heterodoxo pero tremendamente conocedor de las técnicas del halago. Se le puede imaginar en aquella época: “Sí, Padre Rector, pero es que no termino de entender a Santo Tomás de Aquino cuando afirma que no es el error sino el orgullo engreído de los que piensan”.  Debió de ser un buen estudiante y un joven religioso. ¿Por qué lo sé? No lo sé, pero no es difícil de imaginar viendo las cosas que ha hecho después. Todo se le vino encima a los veinte años de edad, cuando supo que los que habían asesinado a su padre habían sido ellos, los curas, los militares y la gente de orden, que cenaban sopa que la servidumbre dispensaba con un cucharón de plata, corriendo de un lado para otro para que no se enfriara.

Desde ese día el pobre Sánchez Dragó ha vivido en la ignorancia más supina. Se hizo del Partido Comunista, (joder, en aquella época dejaban entrar a cualquiera en el partido), para luego decir que era anarquista católico, después sostener que Jesucristo no fue más que uno más de tantos sanadores que pululaban por el oriente del Mediterráneo en aquella época y defender que su referente anarquista era Margaret Thatcher. Después de esto, abrazó la fe budista, que es una religión sin fe, para después contar que en Japón se acostaba con niñas. Es íntimo del presidente Aznar y señora, (lo vimos con nuestros espantados ojos en la tele), pero arremete contra los americanos y sus guerras, afirmando finalmente que lo que le gusta es Marine Le Pen y que le da pena de que en España no exista un partido tan facha. También le gusta Putin y odia a los moros, pero se fuma todas las noches un porro de hachís o de yerba (ya no me acuerdo). Tal vez todo este lío que tiene en su cabeza le viene de esta costumbre. ¡Ya veis niños los efectos que a largo plazo pueden tener estas sustancias!

Estos personajes no están exentos de peligros para la sociedad. El que subscribe se dejó engatusar por sus Gárgoris y Habidis a finales de los setenta.

Afortunadamente, Tele Madrid se arruinó dándoles a personajes como éste sueldos de 1.2 millones de euros al año, pero eso sirvió para que el bardo se pudiera retirar a su casa de Castilfrío de la Sierra en Soria y nos dejara un poco en paz con sus ausencias de la vida pública. Dejémosle descansar en esa villa y que Dios o Buda o quién-sabe-qué le premie con su inspiración. 

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