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viernes, 1 de abril de 2011

El cernícalo primilla y los muros de Madrigal de las Altas Torres.


Félix Portillo plantea un doloroso dilema en su blog sobre Madrigal de las Altas Torres. Parece ser que después de mucho tiempo, por fin se va a acometer la restauración de las ruinas del Convento Extramuros. Según Portillo la parte de la construcción más grandiosa es obra de Nicolás de Vergara, arquitecto relacionado con Juan de Herrera. Supongo que será el claustro, un patio renacentista de una calidad extraordinaria, por lo que podemos ver en las fotos que ofrece esta página llamada madrigal.aatt.net. Estos patios que en aquella época solían ser obras eminentemente civiles, en la España de la contrarreforma los solemos encontrar en claustros de conventos y monasterios. Los hemos visto también en Portugal, en el Convento de Cristo de Tomar, según las trazas de Juan de Castillo, (arquitecto cántabro que terminó el Monasterio de los Jerónimos de Lisboa y que realizó obras también en Alcobaça y Batalha). En definitiva, el claustro de Madrigal de las Altas Torres parece que es un ejemplo magnífico del renacimiento español y ya es hora de que alguien se decida a acometer las obras de restauración de esta construcción singular, declarada Bien de Interés Cultural en el 2007.
Pero resulta que cuando por fin las obras se van a iniciar, sale un artículo de la SEO/Birdlife (Sociedad Española de Ornitología) diciendo que eso está muy bien pero estamos en pleno periodo de cría del cernícalo primilla, que permanece en Madrigal de mitad de Febrero hasta Agosto, y habría que esperar a que pase el verano para empezarlas. A lo que Félix Portillo contesta, más o menos, que lo primero es lo primero y que teme que los dineros al final se vayan a otro sitio, que con esto de la crisis no sabemos lo que puede pasar.
Desde luego es un gran dilema y entiendo el planteamiento de nuestro amigo, toda vez que, me consta, lleva años detrás de que estas obras se inicien para evitar más deterioros en el claustro, lo mismo que muchos otros ciudadanos conscientes de ese pueblo abulense. Pero no es menos cierto lo que está pasando con nuestra fauna.
Estando, como estamos aquí, acostumbrados a tener en nuestro cielo y en nuestras tierras una gran variedad de aves, no somos totalmente conscientes de lo que sería perder este patrimonio natural, a mi juicio, tan importante cultualmente como el patrimonio edificado, pero con la diferencia, además, de que se trata de una parte de la naturaleza, de la que, no nos olvidemos, nosotros formamos también parte. Uno puede recorrer países enteros, en los que apenas podrá ver nada más que algunas especies “oportunistas”, como por ejemplo algunos grajos en el campo o palomas y gorriones en las ciudades. Ese panorama desolador de una biodiversidad perdida es algo que en nuestro país hemos decidido rechazar. Porque la fauna de esos países desapareció por causas tan peregrinas como la que se ha suscitado en el pueblo de Ávila. Al demoler un edifico, al construir otros con tecnologías modernas, superficies limpias que impiden que las aves encuentren huecos donde anidar, por la contaminación, el ruido o cualquier circunstancia relativa a la acción humana, los pájaros y las aves dejaron de tener espacios donde vivir. La industrialización, la agricultura tecnificada, todo fueron razones para que, al final, sólo quedaran en estas regiones de Europa unas pocas especies de aves oportunistas.
Creo haber dicho ya aquí que en mi edificio teníamos en tiempos un nido de cernícalos primilla que cada primavera se veía lleno de polluelos hasta que alguien decidió eliminar esas alimañas de la cubierta de la casa. Ahora no tenemos cernícalos y, en su lugar, tenemos decenas de palomas que nos llenan el edifico de suciedad y que nos molestan a menudo.
Parece difícil conciliar en este caso los intereses conservacionistas en conflicto: los del edificio antiguo y los de las aves migratorias. No obstante tampoco es fácil que la legislación actual recoja excepciones como la que plantea en su blog nuestro amigo de Madrigal de las Altas Torres.
El cernícalo primilla es una pequeña rapaz que se diferencia del cernícalo común, (que no emigra), en que su plumaje es más vistoso. Estas aves han criado siempre en los cortados de los riscos y roquedos, pero desde que el hombre empezó a construir altas paredes de piedra, se adaptaron bien a hacer sus nidos en los edificios, estableciendo una especie de simbiosis con los humanos, pues no hay que olvidar que estas aves se alimentan fundamentalmente de insectos y lagartijas. Es fácil verlos, sobre todo en el campo, cernidos en el aire, (por eso se llamarán cernícalos, digo yo), de una manera que a mí me recuerda las representaciones iconográficas del Espíritu Santo.
De modo que el drama está servido. Espero que termine en comedia y que podamos disfrutar del Convento Extramuros rehabilitado, (al menos para impedir su deterioro), y que en las altas torres de Madrigal sigan anidando los cernícalos primilla, como por otra parte, vienen haciendo desde hace siglos.

1 comentario:

Félix Portillo dijo...

Amigo Manolo, completamente de acuerdo contigo, la naturaleza es muy importante, de ahí el DILEMA que se me plantea. A veces en la vida hay que elegir entre dos amores...
Por ahora van ganando los Cernícalos, pero si el convento se cae, adiós monumento y adiós pájaros.