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viernes, 17 de diciembre de 2010

Autorretrato

Ayer en el periódico hablaban de una mujer que había luchado contra su adicción a la heroína ayudándose con una cámara de fotos, haciéndose autorretratos en distintos momentos de su vida. Una forma de conocerse mejor, decía. Me pareció bien, de hecho, hace ya un tiempo que vengo pensando hacer lo mismo. No es por narcisismo, no es porque a uno le encante su efigie y esté deseando verla en las fotos, es por lo que dice Cristina Núñez, que es como se llama la autorretratista: “Sólo mi trabajo y mis autorretratos me hacían sentir bien”.
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Decidido a iniciar mi carrera de fotógrafo autorretratista voy a empezar por uno de los elementos más definitorios de mi imagen: mi mochila. La gente me ve por la calle como el tipo que va siempre con su mochila al hombro. Ayer mismo me preguntaba un amigo con el que me crucé qué era lo que llevaba en la mochila, si llevaba un ordenador portátil. Una compañera suya bromeaba un día a mi costa porque pensaba que era uno de esos fanáticos de la informática que llevan su portátil a todas partes. Nada más lejos de la realidad. Nunca llevo mi portátil salvo que lo necesite para algo. Pero eso sí, cuando lo necesito, mi ordenador es la cosa más valiosa del mundo, por ejemplo para contar estas cosas tan importantes que cuento en mi blog. Todas las mujeres llevan un bolso y ahí llevan un montón de cosas que piensan que van a necesitar, como por ejemplo, esas armas de mujer que son las pinturas para el maquillaje. A mí me gusta llevar siempre determinadas cosas que son importantes. ¿Un ejemplo? Pues el manual del móvil. El manual del móvil jamás lo he leído. Si tuviera que leerme todos los manuales de todos los aparatitos que manejo en casa, en el trabajo, en el coche, etc., no podría salir los fines de semana a cenar con los amigos, ni podría ir los domingos por la mañana a coger setas. Así que llevo siempre el manual del móvil conmigo por si me pasa como a un amigo al que le empezó a sonar el suyo en el entierro del padre de una amiga común y no sabía cómo apagarlo.
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Analizar lo que lleva uno en el bolso es muy peligroso porque eso sí que es desnudarse. Qué diría un sicoanalista de las cosas que llevo en mi bolso. Cosas del tipo de: lleva un lapicero para superar su complejo de castración.
Bueno, el caso es que por fin voy a desvelar el secreto más esperado, voy a contar con todo detalle lo que llevo en el bolso, a saber:

- el manual del móvil. (Un dos tres responda otra vez).
- Un lápiz y un bolígrafo.
- Una gorra de invierno por si hace frío o se pone a llover y no llevo paraguas, que a uno le quedan ya pocos pelos.
- Un cargador para el móvil, que nunca me acuerdo de ponerlo en carga en casa y en el trabajo se me acaba la batería a menudo.
- Tarjetas de visita de algún compañero, de clientes y otras propias.
- Muchos cablecitos: el cargador del iPod, los auriculares del móvil, etc.
- Un botecito con chicles.
- Un paquete de pañuelos de papel. Sirven para todo: para limpiar las gafas, la nariz, las manos manchadas del toner si no tienes lavabo a mano, o limpiarte la chaqueta cuando te gotea la tapa que te han puesto en un bar con la caña.
- Muchos papelitos. Normalmente de cosas que no debería olvidar, (aunque al final las olvido), como por ejemplo el recibo de “la contribución” para ir al banco a pagarlo, o una factura que me han dado y me produce cierta desazón tirarla a la papelera.
- Un adaptador para ponerme protectores solares sobre las gafas que siempre llevo. Gafotas.
- Una calculadora. Ahora el sicoanalista dice: es un tipo muy calculador. No señor, lo que soy es arquitecto técnico.
- Una tarjeta del taller para acordarme de que tengo que pedir cita para cambiar el aceite. Inútil, no me acuerdo nunca. Voy a quemar los pistones.
- Dos “pendrives”. Suelo llevar varios por las diferentes actividades a las que me dedico. Tengo uno profesional, otro académico y más.
- Un libro. Siempre llevo un libro por si alguien me hace perder el tiempo. Por ejemplo en la consulta del dentista.
- El iPod. Es para escuchar música, desde luego, pero también para practicar idiomas mientras ando por la calle. En mi ciudad siempre voy andando y eso me ocupa bastantes minutos al día.
Eso es lo que, tal día como hoy, llevo en la mochila, porque otros días puedo llevar otras cosas, como por ejemplo el periódico cuando vuelvo del trabajo, o una bufanda, si ha hecho mucho frío por la mañana y luego me sobra.



2 comentarios:

Luis Carlos dijo...

Pues sí, todo práctico.
Cuando te cuente lo que llevo en la mía, te caes de espaldas, jeje...
Ahora, el modelo de mochila, se lo pedirás a los reyes.

Un saludo Manolo.

manuel larios dijo...

Destápate y cuéntanos lo que llevas en la mochila.
Esta me la compré en Lisboa y es estupenda. Tiene compartimentos para todo.

Un abrazo.