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martes, 9 de marzo de 2010

Mientras no toquen lo mío







Un amigo mío decía a menudo en los estertores del franquismo: ¡Qué tiempos estos en que hay que luchar por lo que es obvio!

Es muy esclarecedor para ilustrar el sentido que tenemos en este país sobre la independencia de los funcionarios y de los poderes públicos lo que está pasando con la justicia. Hace unos años oí decir a algún socialista que las personas que más odiaba en España eran Pedro J. Ramirez y el juez Garzón. Creo que era una opinión compartida por muchos socialistas cuando el juez investigó toda la trama de los GAL. Véase la entrada GAL de la Wikipedia y hágase una búsqueda de la palabra Garzón y se verá el trabajo que hizo el juez antes y después de haber pasado por el gobierno socialista de González en el que sólo estuvo nueve meses, (al cabo de los cuales abandonó no sé si por diferencias con el presidente por el caso GAL o porque no le dieron ningún cargo relevante). Quien recuerde aquellos años habrá de reconocer que la actitud militante de Garzón para acabar con la corrupción socialista y procesar a todos los implicados, (proceso que alcanzó hasta a meter en la cárcel al ministro de Interior del gobierno socialista, Barrionuevo), tuvo una gran influencia en la caída del gobierno González y la llegada de la derecha al poder en la persona de José María Aznar. En aquel entonces Garzón era un juez valiente para la derecha. También lo fue cuando dirigió la operación Nécora para acabar con el narcotráfico gallego y todas las operaciones que hizo para acabar con ETA cuando no había en España nadie que tosiera a la banda criminal. Es verdad que siempre ha sido un juez espectáculo, pero es que hacía las cosas que no hacía ningún otro juez ni ningún funcionario judicial en España.

Siendo Aznar presidente, le disgustó la persecución que hizo Garzón de Pinochet, no sé por qué, (persecución que le valió ser propuesto al Nobel de la Paz por grupos latinoamericanos). Pero lo que le molestó de verdad fue su clara oposición a la guerra de Irak que tan irresponsablemente apoyaba el Presidente del Gobierno. Sin embargo, lo que destapó las iras de la familia Aznar fue el procesamiento del amigo de su yerno, Francisco Correa, el director de la trama Gürtel. A partir de ahí, todo el entramado de la derecha y de la extrema derecha española se puso como una sola persona a atacar por todos los flancos al juez Garzón: la judicatura, la prensa, los grupos de presión económicos, el partido. Se le acusa de querer investigar los crímenes del franquismo, cosa por la que, según la denuncia de Falange Española y de las J.O.N.S. ,(aceptada por los jueces), debe ser condenado. Cuando lo lógico en cualquier país democrático sería que el partido con el que nació el fascismo en España estuviera ya prohibido. Se le acusa de malversación de fondos cuando estuvo becado en EE.UU. y lo último es que el director de la trama de corrupción, Francisco Correa, le acusa de haber utilizado escuchas ilegales en su procesamiento. En esto el presidente del gobierno dice discretamente que Garzón persiguió valientemente el terrorismo, que es mérito que ningún español debería negarle y toda la prensa del bunker Aznarista se le echa encima. Quien tenga estómago para ello puede escuchar a Pedro J. hablando en su periódico de esto y echar pestes del otrora valiente juez.

¡Cuánto echamos de menos todavía a Valle Inclán!

¿Qué nos quedará por ver aún en este Ruedo Ibérico ahora que Cataluña quiere aniquilar las tradiciones castizas que no son catalanas?

¿Hasta dónde llegará el esperpento de la Patria con esta derecha con quien nos ha tocado vivir?

¿Cuándo podremos vivir en paz en esta bendita tierra?

El año que viene, si Dios quiere.

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