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martes, 1 de octubre de 2013

Viaje a Berlín III



MIERCOLES, 18 de SEPTIEMBRE.
Por fin conseguimos la auténtica Berliner Welcome Card (Museen Insleln), que nos permitía viajar durante tres días por Berlin, llegar hasta Potsdam y visitar los museos de la isla por 36 € cada una. Aprovechamos así el día porque las previsiones hablaban de lluvias intensas, como así fue casi todo el día.   
Empezamos por la mañana visitando el Neues Museum, con importantes muestras del Antiguo Egipto.
Ese día comimos en el Berliner Republik, donde solíamos ir a tomar la cerveza vespertina. Demasiada comida para la pausa de mediodía. El turismo es un trabajo duro y uno no puede hacer excesos hasta que la jornada se ha terminado.
Por la tarde empezamos con el Pergamon Museum donde pudimos ver el Altar de Zeus de la ciudad de Pergamo, una muestra del arte griego (siglo II a.C.) en la Magna Grecia (Turquía), la Portada del Mercado de Mileto (siglo II) y la Puerta de Istar de las murallas de Babilonia, (más algo de arte de Asiria, Sumeria y Babilonia), todos estos monumentos reconstruidos allí dentro del museo. Se trata de un conjunto que impresiona. Nos fijamos unos objetivos limitados y no visitamos los museos completos, lo que podría ser agotador y poco instructivo. Concrétamente en el de Pergamon nos centramos en estas tres salas y declinamos la invitación a visitar las salas del arte islámico que quedan para otra visita posterior. De esta manera siempre quedan cosas para la siguiente visita, pues sino podría uno llevarse la falsa sensación de que lo ha visto todo en la ciudad, cosa que es prácticamente imposible si no se queda uno a vivir allí una buena temporada.
No contentos con esto, aún nos quedó tiempo para una visita selectiva de la  Alte Nationalgalerie, centrándonos en la obra pictórica de Caspar David Friedrich, la del arquitecto Karl Friedrich Schinkel y Karl Blechen. También pudimos ver interesantes cuadros impresionistas, sobre todo de Manet y Monet, y poco más. Exhaustos llegamos a nuestra cervecería Go Gärtchen para disfrutar de unas Warsteiner de barril bien tiradas y una cena bien preparada, pues cada noche alguno del grupo ofrecía al resto una cena española. 




JUEVES 19 de SEPTIEMBRE

El jueves lo dedicamos a viajar a Potsdam con nuestros billetes de transporte y turismo. Al llegar a la estación nos quedamos mirando para todas partes sin saber a dónde ir y en seguida llegó una joven española que al ver nuestro despiste nos indicó el tranvía que llevaba al centro. Hay muchos españoles y latinoamericanos en Berlín. Algunos están con la beca Erasmus pero muchos otros se han buscado allí la vida y trabajan en la ciudad ante la falta de oportunidades existente en sus países de origen. El centro está nada más pasar el río, pero nosotros no nos dimos cuenta y seguimos en el tranvía. Tuvimos que volver.
Lo primero que llama la atención de Potsdam es el poco cuidado que tuvieron las autoridades (de la extinta RDA) con el patrimonio histórico. Junto a la gran iglesia Nikolaikirche se construyó un centro que parece haber sido educativo aunque hoy está sin uso que casi se adosaba a esta. Tras una visita rápida a la iglesia (reconstruida) y a la plaza del mercado, pasamos por la plaza de la Reunificación, (reunificación que, por cierto, se celebra pasado mañana día 3 de octubre), para llegar al barrio holandés, con sus características casas al estilo de los Países Bajos. Llegando a la iglesia de San Pedro y San Pablo se coge el eje de la calle Brandenburger Straße que termina en la torre del mismo nombre, también centrada en el eje de la misma. Toda la calle, peatonal, está rehabilitada y tiene mucha animación comercial y turística. Atravesándola se puso a llover, de modo que nos metimos en un Kebab turco a comer algo mientras amainaba. La calle Schopenhauer está llena de palacios y lleva enseguida a los jardines palaciegos. Dentro de los jardines, en un cruce de caminos, hay una gran fuente rodeada de hermosas estatuas, la Große Fontäne, y a la derecha está la escalinata que asciende el Belvedere cuya cima está ocupada por el famoso palacio barroco de Sanssouci. Los jardines están tapados por unas carpinterías acristaladas que los protegen del frío, lo que les permite cultivar higueras, vides y otras plantas mediterráneas o de climas cálidos. El palacio, en cuyo diseño influyó el propio Kaiser Federico II El Grande, está incluido en el Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y es un magnífico ejemplo de estas construcciones en Alemania. Además del palacio existe un pabellón construido con una estructura de malla metálica que alberga la reproducción de la escutura “Betenden Knaben“ (el niño que reza), y un patio posterior que tiene dos columnatas que forman un semicírculo que encierra la cour d’honneur, el patio donde se recibía a los invitados en sus coches de caballos. Los jardines tienen un recorrido de varios kilómetros que incluye una casa china, un capricho romántico con esculturas doradas de figuras orientales y diseño falsamente chino, unos baños romanos, igualmente falsos aunque muy hermosos que incluyen un pequeño templo clásico, y sobre todo el palacio Charlottenhof, una auténtica maravilla del arquitecto berlinés Karl Schinkel, un palacete neoclásico de comedido diseño y de una gran belleza y bajo cuyos soportales nos tuvimos que resguardar de la lluvia que volvió a aparecer. Al palacio nuevo (Neues Palais) no llegamos por falta de fuerzas para seguir andando.

Al regresar a Berlín nos acercamos al Berliner Dom, la catedral protestante, que recorrimos por dentro, aunque lo que más me llamó la atención fueron sus magníficas fachadas llenas de estatuas, cúpulas doradas y columnas neoclásicas. Al salir pude fotografiarla a pleno sol, cosa que, hasta entonces, no había podido hacer.   

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