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sábado, 21 de marzo de 2015

No todo vale para ganar unas elecciones.

No vale todo para ganar unas elecciones, o para arrancar unos pocos votos que pueden ser decisivos. Que el día de reflexión de las elecciones andaluzas titule en portada el que fuera el mejor periódico de España durante décadas (El País) una información que dice textualmente: el fiscal pide investigar a Monedero por insultar a la policía; es una maniobra de tal bajeza que da asco.
Resulta que un determinado fiscal, (que pronto logrará mejorar su posición en la carrera profesional), se aviene a seguirle el juego al partido del gobierno y acusa a Monedero de unas declaraciones que hizo hace dos años y que fueron denunciadas por un sindicato policial. Esa denuncia fue archivada por el juez y, ahora, dos años después y el día antes de las elecciones andaluzas, al astuto fiscal las saca de nuevo a la palestra y pide a la judicatura que se vuelva a investigar.
Las declaraciones, que fueron hechas cuando aún no existía Podemos, se refieren a la opinión del catedrático de ciencias políticas de que la policía introdujo la heroína a gran escala en el País Vasco y luego en el resto del estado, en un momento en el que la movilización de los jóvenes era muy fuerte, con la intención de neutralizarla.
Curiosamente, esa opinión y la sospecha de que en su país también sucedió así es un clásico entre la nueva izquierda de los Estados Unidos y uno recuerda habérselo leído a muchos autores, que por cierto no fueron procesados por defender esas opiniones. Aquí, lo ha afirmado Pepe Ribas en su libro “Los 70 a destajo”, en el que cuenta la historia de la mítica revista libertaria Ajoblanco, sin que ningún fiscal haya tratado de limitar su libertad de expresión, por afirmar que, también en Barcelona, era la policía la que introducía la heroína en los barrios marginales y entre los grupos alternativos de la época.
Yo, señor fiscal, me uno a esa opinión aunque no tengo pruebas que lo demuestren, pero cada uno puede opinar lo que quiera y yo opino que usted no tiene la dignidad necesaria para desempeñar el encargo que ha recibido de la sociedad, que no es otro que vigilar que se cumple la ley y no el de bailarle el agua a sus superiores.

Es indecoroso por parte del gobierno promover esta acción. Indecoroso de la fiscalía por aceptar defenderla. Indecoroso de la vieja izquierda por aprovechar sus viejos medios de comunicación, (hoy vendidos a extraños intereses oligárquicos), para airearla en el momento oportuno.


O acabamos pronto con ellos, o ellos acaban pronto con nosotros y todo lo nuestro.