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martes, 23 de agosto de 2016

Ciencia y Filosofía I

   
Hace poco, me decía un amigo que, hoy día, la filosofía no servía para nada, que la ciencia había solucionado todas las cuestiones que se había planteado la filosofía. En tan rotunda afirmación es fácil encontrar la reprobación a su propio razonamiento que vamos a sintetizar en dos calificativos: la filosofía es holística y crítica.  Es holística porque hace referencia a la totalidad, (del griego hólos), y ya decía Aristóteles que: “el todo es mayor que la suma de las partes”. Es crítica porque la filosofía trabaja haciendo preguntas, es decir, cuestionando la realidad, poniendo en duda lo ya sabido.

   ¿No te irrita comprobar lo estúpidas que son algunas de las soluciones tecnológicas que se dan en nuestra vida cotidiana y que la gente acepta de forma acrítica? Pondremos un ejemplo que, personalmente, me enerva por su irracionalidad. ¿Habéis visto esos carteles luminosos móviles que ponen en los comercios, con especial frecuencia en las farmacias, en los que un texto aparece desplazándose de derecha a izquierda? El comercial que lo ha vendido, (uno de ellos es un amigo mío que mantiene una gran empresa familiar que da de comer a mucha gente honestamente vendiendo estas y otras cosas), el comercial, digo, en el ejercicio de su oficio ha animado al dueño del comercio a que haga saber a los viandantes todo lo que le apetezca comunicar, pues el cacharro en cuestión lo permite, y el dueño, generalmente farmacéutico, ha puesto algo así: 

Farmacia Galán y Garrido. Todo tipo de especialidades farmacéuticas, homeopatía, preparados, fórmulas magistrales. Abierto todos los días de 9 a 14 horas por la mañana y de 17 a 21 horas por las tardes, sábados hasta las 22 horas. Cerramos los domingos y festivos. 12:45 horas. 57º 

   Éste último dato, que es el único que a mí me interesa cuando miro estas cosas, suele estar muy modificado al alza cuando le da el sol al luminoso. Yo he visto a una persona salir corriendo espantada hacia su casa al ver la cifra de grados centígrados que aparecía en la farmacia de mi calle.

   ¿Algún farmacéutico se ha creído que alguien va a estar parado algunos minutos en mitad de la acera leyendo un texto como éste? Primero eran unas cruces de farmacia (es decir verdes) que daban la hora y la temperatura de la calle, alternándose. Pero algún genio de la electrónica pensó que tal cosa podía evolucionar hacia la aberración que estamos comentando ahora. Y lo hizo. Nadie se va a parar a leer eso porque para poderlo ver bien en un espacio tan corto se necesita que las letras viajen a una velocidad excesivamente lenta, con lo cual la lectura de tan edificante texto te puede llevar un par de minutos o más. ¿Habéis visto a gente parada en mitad de la calle leyendo con interés el texto de uno de estos cacharros? ¿A que no? De modo que casi nadie en mi barrio conoce lo que se afirma en el cartel de la farmacia de mi calle.  Si has tenido la suerte de que al pasar te daban la temperatura actual, pues eso que te has encontrado; si no, sólo has visto unas letras que caminan de derecha a izquierda y nada más.

   Para hacer una crítica de una cosa hace falta cuestionarla y eso no está de moda, por eso se dice que la filosofía no se lleva. Naturalmente que no: a ningún fabricante le interesa que la gente se pare a evaluar su producto, es mejor que lo acepte acríticamente. Hoy día se ha instalado una mentalidad que supone que todo lo que es nuevo es mejor que lo que había antes y esto no siempre es cierto. Vale, acepto que en muchas ocasiones tal afirmación es cierta y la tecnología nos ayuda a mejorar la vida cotidiana, pero, ¿es mejor, por ejemplo, escuchar música en un teléfono que en uno de esos equipos de sonido antiguos con sus altavoces de madera? La virtud del teléfono móvil es que te permite escuchar sonidos (en ningún caso llegaría yo a calificarlos de música), y que lo puedas hacer en cualquier momento y en cualquier lugar, pero el problema es que, a partir de la generalización de los teléfonos móviles, la gente ya no compra equipos de sonido. Están superados, dicen acríticamente. Un teléfono móvil no supera a un équido de sonido a la hora de escuchar algo como puede comprobar cualquiera que no sea sordo. Pero ahí estamos: escuchando música con peor calidad que lo hacían nuestras abuelas cuando la escuchaban en los transistores de pilas.


   Todo esto no quiere decir que no me gusten las novedades y que no reconozca las aportaciones que la ciencia primero y la tecnología después han supuesto para la mejora de la vida humana como ya pronosticaba al final del Renacimiento Sir Francis Bacon. Lo que no me gusta es que se acepten las cosas acríticamente porque entonces hemos abierto las puertas de par en par para que nos engañen y eso es exactamente lo que están haciendo las grandes empresas de monopolios multinacionales y los políticos, que son sus lacayos en el negocio de engañar a la gente.