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miércoles, 26 de marzo de 2014

La verdad sobre Venezuela: Una revuelta de ricos, no una "campaña de terror"

El periódico británico The Guardian publica un reportaje de Mark Weisbrot sobre la situación actual de Venezuela y el conflicto entre el gobierno y la oposición. 
Aprovechamos la excelente traducción que ha realizado el periodista español Emilio Arrojo para tratar de hacer un poco de luz sobre este controvertido tema. 







LA VERDAD SOBRE VENEZUELA: UNA REVUELTA DE RICOS, NO UNA "CAMPAÑA DE TERROR"

Mark Weisbrot (*Publicado en The Guardian, el jueves 20 de marzo de 2014).

Las imágenes forjan la realidad, lo que da a la televisión, los videos y hasta a las fotografías un poder con el que pueden cavar profundo en la mente de las personas, incluso sin que ellas se den cuenta. Pensé que también yo era inmune a los repetitivos retratos de Venezuela como Estado fallido en medio de una rebelión popular. Pero no estaba preparado para lo que vi en Caracas este mes: qué poco de la vida cotidiana parecía estar afectado por las protestas, la normalidad que reina en la gran mayoría de la ciudad. También yo había sido engañado por la imaginería mediática.
      Grandes medios han reportado que los pobres en Venezuela no se han unido a las protestas de la oposición de derecha, pero esto es un eufemismo: no es solamente que los pobres se abstienen – en Caracas, son casi todos excepto pocas áreas como Altamira, donde pequeños grupos de manifestantes se meten en batallas nocturnas con las fuerzas de seguridad, lanzan piedras y bombas incendiarias y corren del gas lacrimógeno.
        Caminando desde el barrio de clase trabajadora Sabana Grande hasta el centro de la ciudad, no hay señales de que Venezuela esté al borde de una "crisis" que requiera la intervención de la Organización de Estados Americanos (OEA), a pesar de lo que John Kerry diga. El Metro también trabajaba muy bien, aunque no pude bajarme en la estación Altamira, donde los rebeldes habían puesto su base de operaciones hasta que los sacaron esta semana.
       Logré ver las barricadas por primera vez en Los Palos Grandes, área de clase alta donde los manifestantes sí tienen apoyo popular y los vecinos gritarán a cualquiera que trate de remover las barricadas – algo arriesgado de intentar (al menos cuatro personas aparentemente han sido asesinadas a tiros por hacerlo). Pero incluso aquí en las barricadas, la vida era bastante normal, excepto por algún tráfico fuerte. El fin de semana, Parque del Este estaba lleno de familias y corredores sudando en un calor de 32 grados – antes de Chávez, había que pagar para entrar y los habitantes, según me dijeron, estaban decepcionados porque a los menos acomodados se les permitía entrar de gratis. Los restaurantes siguen llenos en la noche.
       Viajar ayuda a verificar la realidad un poco más, por supuesto, y yo visité Caracas principalmente para obtener información en el área económica. Pero vine escéptico respecto al cuento, reportado a diario en los medios, de que el desabastecimiento de productos básicos era la razón para las protestas. La gente a la que la escasez le crea más molestias es, por supuesto, los pobres y las clases trabajadoras. Pero los habitantes de Los Palos Grandes y Altamira, donde vi verdaderas protestas, tienen sirvientes que hacen cola para lo que necesitan y tienen el ingreso y el espacio para acumular algo de existencias.
       Esta gente no está sufriendo – les está yendo muy bien. Sus ingresos han aumentado a buen paso desde que el gobierno de Chávez tomó control de la industria petrolera hace una década. Incluso tienen un gran apoyo del gobierno: cualquiera con una tarjeta de crédito (excepto pobres y millones de la clase trabajadora) tiene derecho a $3.000 por año, a una tasa de cambio subsidiada. Después, pueden vender los dólares seis veces más caros de lo que pagaron, en lo que suma un subsidio anual multimillonario en dólares para los privilegiados – y todavía estos son los que abastecen la base y a las tropas de la sedición.
       La naturaleza de clase de esta lucha siempre ha sido cruda e irrefutable, ahora más que nunca. Caminando entre las masas que fueron a las ceremonias por el aniversario de la muerte de Chávez, el 5 de marzo, se veía un mar de venezolanos de la clase trabajadora, decenas de miles de ellos. No había ropas caras o zapatos de $ 300. Qué contraste con las masas descontentas de Los Palos Grandes, que tenían camionetas todoterreno Grand Cherokee de $ 40.000 portando el eslogan del momento: SOS VENEZUELA.
       En lo que se refiere a Venezuela, John Kerry sabe de que lado de la guerra de clases está. La semana pasada, justo cuando me iba, el Secretario de Estado de Estados Unidos duplicó su descarga de retórica contra el gobierno, acusando al presidente Nicolás Maduro de fomentar una "campaña de terror contra su propio pueblo". Kerry también amenazó con invocar la Carta Democrática Interamericana de la OEA contra Venezuela, así como de aplicar sanciones.
Alardear sobre la Carta Democrática contra Venezuela es casi como amenazar a Vladimir Putin con un voto de la ONU sobre la secesión en Crimea. Quizás Kerry no se dio cuenta, pero apenas unos días antes de sus amenazas, la OEA votó una resolución que Washington introdujo contra Venezuela y le dio la vuelta, declarando la "solidaridad" del organismo regional con el gobierno de Maduro. Veintinueve países la aprobaron y sólo los gobiernos de derecha de Panamá y Canadá se aliaron con Estados Unidos contra ella.
       El artículo 21 de la Carta Democrática de la OEA aplica ante la "interrupción inconstitucional del orden democrático de un Estado miembro" (como el golpe militar de 2009 en Honduras, al cual Washington ayudó a legitimar, o el golpe militar de 2002 en Venezuela, que tuvo aún más colaboración del gobierno estadounidense). Debido a este voto reciente, la OEA podría invocar la Carta Democrática más en contra del gobierno de Estados Unidos, por las muertes que causan sus drones a ciudadanos estadounidenses sin juicio, de lo que podría hacerlo contra Venezuela.
       La retórica de "campaña de terror" de Kerry está igualmente divorciada de la realidad y como era de esperarse provocó una respuesta equivalente del canciller de Venezuela, que llamó "asesino" a Kerry. Esta es la verdad sobre las acusaciones de Kerry: desde que comenzaron las protestas en Venezuela, resulta que más personas han muerto de la mano de los manifestantes que de las fuerzas de seguridad. De acuerdo a las muertes reportadas por el CEPR (Centro de Investigación en Economía y Política) durante el último mes, además de los asesinados por tratar de remover las barricadas puestas por los manifestantes, por lo menos siete aparentemente han muerto debido a las obstrucciones creadas por los manifestantes – incluyendo un motorizado que se degolló con una guaya colocada en la carretera – y cinco oficiales de la Guardia Nacional han sido asesinados.
Respecto a la violencia por parte de cuerpos de seguridad, presuntamente tres personas podrían haber sido asesinadas por la Guardia Nacional u otras fuerzas de seguridad – incluyendo dos manifestantes y un activista que apoyaba al gobierno. Algunas personas acusan al gobierno de otras tres muertes por civiles armados; en un país con un promedio de más de 65 homicidios por día, es completamente posible que esta gente actuara por su cuenta.
       Un total de 21 miembros de las fuerzas de seguridad están bajo arresto por supuestos abusos, incluyendo por algunos de los asesinatos. Esto no es una "campaña de terror".
Al mismo tiempo, es difícil encontrar una denuncia seria sobre la violencia opositora entre los más importantes líderes de la oposición. Según datos de encuestas, las protestas son rechazadas en gran medida en Venezuela, aunque se ven mejor afuera cuando son promovidas como "protestas pacíficas" por gente como Kerry. Las encuestas también sugieren que la mayoría de los venezolanos ven estos disturbios como lo que son: un intento de derrocar un gobierno elegido.
       La política interna de la postura de Kerry es bastante simple. Por un lado, tienes el lobby cubano-americano de la derecha de la Florida y sus aliados neoconservadores gritando a favor del derrocamiento. A la izquierda de la extrema derecha, bueno, no hay nada. A esta Casa Blanca le importa muy poco América Latina y no hay consecuencias electorales por hacer que la mayoría de los gobiernos del hemisferio se molesten con Washington.
       Quizás Kerry piensa que la economía de Venezuela colapsará y que eso llevará a algunos de los venezolanos no ricos a las calles contra el gobierno. Pero la situación económica en realidad se está estabilizando – la inflación mensual bajó en febrero y el dolar del mercado paralelo ha bajado drásticamente ante las noticias de que el gobierno está introduciendo una nueva tasa de cambio basada en el mercado. Los bonos soberanos de Venezuela tuvieron un rendimiento de 11,5% desde el 11 de febrero (el día que comenzaron las protestas) al 13 de marzo, el más alto rendimiento según el índice de bonos de mercados emergentes de Bloomberg. La escasez probablemente bajará en las próximas semanas y meses.
Por supuesto, esto es exactamente el principal problema de la oposición: la próxima elección será dentro de un año y medio y para esa fecha, la escasez económica y la inflación que han aumentado tanto en los últimos 15 meses se habrán aliviado. En este sentido, la oposición posiblemente perderá las elecciones legislativas, así como ha perdido cada elección en los últimos 15 años. Pero su actual estrategia insurreccional no está ayudando a su propia causa: parece que han dividido a la oposición y unido a los chavistas.
El único lugar donde la oposición parece estar ganando amplio apoyo es en Washington.

*Publicado en The Guardian, el jueves 20 de marzo de 2014.
Traducción de Emilio Arrojo.

jueves, 13 de marzo de 2014

Rectificación

Querer decir muchas cosas y apresurarse es mal método para la escritura porque la vuelve atropellada. Ayer publiqué una entrada que por no corregir lo suficiente estaba horrorosamente redactada. Ahora con más sosiego la he cambiado un poco. Ya es tarde y no espero que nadie pierda el tiempo en volver a leer lo que ya puse ayer, pero yo me quedo más tranquilo.

Recuerdo el día de la masacre de Atocha. El primer sentimiento fue el de un gran dolor al comprobar que nos había tocado a nosotros. Esas estaciones que uno conoce tan bien, por las que ha circulado a menudo. Defensor a ultranza del ferrocarril y del uso del tren en las ciudades, me gusta coger esos trenes de cercanías cada vez que tengo ocasión. Aquella gente que iba a trabajar, jóvenes que iban a la universidad de Alcalá o a Madrid. Fue horrible.
Por desgracia, en este país sabíamos ya entonces bastante sobre terrorismo como para que enseguida empezáramos a ver cosas raras en lo que había sucedido. La matanza de Hipercor en Barcelona fue un punto de inflexión que hizo que la gente pasara de pensar en el terrorismo como una guerra entre policías y terroristas a verlo como algo cuyas consecuencias podían alcanzar a cualquiera. No son tan imbéciles los terroristas de la banda como para no darse cuenta de que se estaba poniendo en contra suya toda la población, incluida la del País Vasco. Así que, desde Hipercor, los atentados se centraron de nuevo en la policía, extendiéndose además a los políticos que se oponían a la independencia vasca, es decir: P.P. y PSOE. Así que una matanza indiscriminada de cientos de personas que iban en los trenes, en su mayoría gente de clase obrera, inmigrantes, jubilados, estudiantes, chirriaba un poco. No porque la banda fueran un grupo de honestos luchadores más preocupados por la ética que por el poder que pretendían conseguir, sino porque era ir en contra de sus estrategias, modificando además el “modus operandi” habitual. De la misma manera, no era normal que después de un atentado la banda no diera un comunicado en la prensa abertzale o en un medio neutral haciéndose responsable del atentado. No se gana nada matando a casi 200 personas si no es para hacerle ver al estado que tienes una gran fuerza y que estás dispuesto a usarla si no se atienden tus reivindicaciones. Esto se hace para hacerse notar, no para ocultarse después.  
Así que cuando a última hora de la mañana, la policía y la investigación judicial, empezaron a decir que se trataba de un atentado de radicales islamistas, la mayoría empezamos a verlo tan claro como el agua. Recuerdo que a la salida del trabajo entramos a tomar una cerveza en un bar que, por entonces, había enfrente de la oficina. Un señor mayor que estaba en la barra estaba diciendo en ese momento que había sido cosa de ETA, me volví hacia él y, aunque no le conocía, le dije: acaban de decir en la SER que ha sido un atentado de extremistas islámicos. Él simplemente me contestó: no, ha sido ETA. Así han estado diez años: negando la evidencia.
En esas cadenas bochornosas del TDT Party, (algunas de ellas propiedad de la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana), se preguntaban, alguna con una encuesta de esas que hacen a la audiencia, si el 11-M fue decisivo para que el PSOE ganara las elecciones. No deja de escandalizarme la poca compasión cristiana que les queda a los miembros de ese rebaño. Porque lo primero que hay que decir es que es una desvergüenza centrar las consecuencias de la catástrofe del 11-M en la pérdida del gobierno del partido de la derecha en lugar de en las víctimas que sufrieron aquel drama, los heridos, sus familiares y sus personas queridas. Estamos hablando de mucha gente, hablamos de mucho sufrimiento.
En segundo lugar, decir que la derecha perdió las elecciones por causa del atentado es mucho decir. Los políticos, en general, se creen que la gente es más estúpida de lo que lo es en realidad. Si los atentados del 11-M fueran obra de ETA pensaba la derecha que sería más fácil ganar las elecciones, porque ellos siempre se han presentado como la mejor baza para ganarles. Sin embargo, la realidad es que la banda decidió abandonar la lucha durante el gobierno de Zapatero, bajo la presión inmensa de la policía que dirigía Rubalcaba. Eso es un hecho. Pero, volviendo a lo que nos ocupa, reconocer en aquel momento que se trataba de un atentado islamista era reconocer que nuestra presencia en la guerra de Irak, de la que tanto alardeaba el entonces presidente Aznar, había sido la causa de que se atentara contra España.
Eso pudo influir en el ánimo del electorado, (quién lo sabe). Pero de ninguna manera tenía el P.P. ganadas las elecciones el día 10 de marzo ni las perdió el 11 de marzo por los atentados. Ya a finales de 2002 decía Julián Santamaría (catedrático de Ciencia Política en la Universidad Complutense y que ha dirigido varias consultoras de encuestas y el C.I.S. en la época de Felipe González), que las elecciones del 2004 no estaban decididas y veía que las posibilidades de los socialistas aumentaban día a día.
Pero quién de verdad, inclinó la balanza para que las elecciones se decantaran del lado de la izquierda fue el propio Gobierno. Ya nadie recuerda al entonces ministro de Interior, y no se le recuerda porque se ocuparon de quitarlo de en medio y de que desapareciera de la vida política. Ángel Acebes, fue quien puso en marcha la campaña para acusar a ETA de la matanza. Acebes fue después secretario general del Partido Popular hasta 2008, fuera de la escena pública y después se dedicó a hacerse rico con la salida a bolsa de Bankia, junto con su amigo Rodrigo Rato, estando ahora imputado por “presunta comisión de delito de apropiación indebida, falsificación de cuentas anuales, administración fraudulenta o desleal, y de un delito de maquinación para alterar el precio de las cosas”, según la querella presentada por UPyD. Este presunto delincuente, es quien inició la campaña a favor de culpar a ETA de la desgracia sucedida el 11-M. Él fue quien consiguió que muchos votantes de izquierdas, los que teníamos muy claro que el PSOE no nos convencía lo suficiente como para ir a votarle, lo hiciéramos de forma masiva aterrorizados con la posibilidad de que a la desgracia del terrorismo siguiera la desgracia de la mentira adueñándose de la vida pública de este país. Él fue quien consiguió que Zapatero se hiciera con el poder en las elecciones celebradas al día siguiente de la matanza de Atocha.
Lo que vino después fue una falacia, un intento durante diez años de engañar a la opinión pública, que ha terminado cuando el partido de la derecha ha recuperado el Gobierno de España. Esta inmensa manipulación contó con la colaboración de “periodistas” cuya categoría ha quedado demostrada al prestarse al juego de seguir señalando a ETA como responsable de los atentados del 11-M, periodistas como Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos. 



Ayer decía esto Pablo Iglesias en CUATRO.


El siguiente vídeo de YouTube del año pasado, tampoco estaba mal. 



miércoles, 12 de marzo de 2014

Después de la muerte la mentira.

Recuerdo el día de la masacre de Atocha. Lo primero que sentimos fue un gran dolor al comprobar que nos había tocado a nosotros. Esas estaciones que uno conoce tan bien, por las que ha circulado a menudo. Defensor a ultranza del ferrocarril y del uso del tren en las ciudades, me gusta coger esos trenes de cercanías cada vez que tengo ocasión. Aquella gente que iba a trabajar, jóvenes que iban a la universidad de Alcalá o a Madrid. Fue horrible.
Por desgracia, en este país sabíamos ya entonces bastante sobre terrorismo como para que enseguida empezáramos a ver cosas raras en lo que había sucedido. La matanza de Hipercor en Barcelona fue un punto de inflexión que hizo que la gente pasara de pensar en el terrorismo como una guerra entre policías y terroristas a verlo como algo cuyas consecuencias nos podían alcanzar a cualquiera. Tampoco son tan imbéciles los terroristas de la banda como para no darse cuenta de que se estaba poniendo en contra suya toda la población, incluida la del País Vasco. Así que, desde Hipercor, los atentados se centraron de nuevo en policías y se extendieron a los políticos que se oponían a la independencia vasca, es decir: P.P. y PSOE. Así que una matanza indiscriminada de cientos de personas que iban en los trenes, en su mayoría gente de clase obrera, inmigrantes, jubilados, estudiantes, chirriaba un poco. No porque la banda fueran un grupo de honestos luchadores más preocupados por la ética que por el poder que pretendían conseguir, sino porque era ir contra sus estrategias y su “modus operandi”. De la misma manera, no era normal que en cuanto que se producía un atentado no saliera la banda dando un comunicado en la prensa abertzale o en un medio neutral haciéndose responsable del atentado. No se gana nada matando a casi 200 personas si no es para hacerle ver al estado que tienes una gran fuerza y que estás dispuesto a usarla si no se atienden tus reivindicaciones. Esto se hace para hacerse ver, no para ocultarse después.  
Así que cuando a última hora de la mañana, la policía y la investigación judicial, empezó a decir que se trataba de un atentado de radicales islamistas, la mayoría empezamos a verlo tan claro como el agua. Recuerdo que a la salida del trabajo entramos a tomar una cerveza en un bar que, por entonces, había enfrente de la oficina. Un señor mayor que estaba en la barra estaba diciendo en ese momento que había sido cosa de ETA y me volví hacia él y, aunque no le conocía, le dije: acaban de decir en la SER que ha sido un atentado de extremistas islámicos. El simplemente me contestó: no, ha sido ETA. Y así han estado diez años: negando la evidencia.
En esas cadenas bochornosas del TDT Party, (algunas de ellas propiedad de la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana), se preguntaban, alguna con una encuesta de esas que hacen a la audiencia, si el 11-M fue decisivo para que el PSOE ganara las elecciones. No deja de escandalizarme la poca compasión cristiana que les queda a los miembros de ese rebaño. Porque lo primero que hay que decir es que es una desvergüenza situar la catástrofe del 11-M en la pérdida del gobierno del partido de la derecha en lugar de en las víctimas que sufrieron aquel drama, los heridos, sus familiares y sus personas queridas. Estamos hablando de mucha gente, hablamos de mucho sufrimiento.
En segundo lugar, decir que la derecha perdió las elecciones por el atentado es mucho decir. Los políticos, en general, se creen que la gente es más estúpida de lo que lo es en realidad. Si los atentados del 11-M fueran obra de ETA pensaba la derecha que sería más fácil ganar las elecciones, porque ellos siempre se han presentado como la mejor baza para ganarles, aunque la banda decidió abandonar la lucha durante el gobierno de Zapatero, bajo la presión inmensa de la policía que dirigía Rubalcaba. Eso es un hecho. Pero, volviendo a lo que nos ocupa, reconocer que fue un atentado islamista era reconocer que nuestra presencia en la guerra de Irak, de la que tanto alardeaba el entonces presidente Aznar, había sido una razón de que se atentara contra España.
Eso pudo influir en el ánimo del electorado, (quién lo sabe). Pero de ninguna manera tenía el P.P. ganadas las elecciones el día 10 de marzo ni las perdió el 11 de marzo por los atentados. Ya a finales de 2002 decía Julián Santamaría (catedrático de Ciencia Política en la Universidad Complutense y que ha dirigido varias consultoras de encuestas y el C.I.S. en la época de FelipeGonzález), que las elecciones del 2004 no estaban decididas y veía que las posibilidades de los socialistas aumentaban día a día.
Pero quién de verdad, inclinó la balanza para que las elecciones se decantaran del lado de la izquierda fue el propio Gobierno. Ya nadie recuerda al entonces ministro de Interior, y no se le recuerda porque se ocuparon de quitarlo de en medio y de que desapareciera de la vida política. A la sazón el ministerio estaba en manos de Ángel Acebes, que fue quien dirigió la campaña para acusar a ETA de la matanza. Acebes fue nada menos que secretario general del Partido Popular hasta 2008. Después se dedicó a hacerse rico con la salida a bolsa de Bankia, junto con su amigo Rodrigo Rato, y ahora está imputado “por presunta comisión de delito de apropiación indebida, falsificación de cuentas anuales, administración fraudulenta o desleal, y de un delito de maquinación para alterar el precio de las cosas”, según la querella presentada por UPyD. Este señor, presunto delincuente, es quien inició la campaña a favor de culpar a ETA de la desgracia sucedida el 11-M. Él fue el que consiguió que muchos votantes de izquierdas que teníamos muy claro que el PSOE no nos convencía lo suficiente como para ir a votarle, lo hiciéramos de forma masiva aterrorizados con la posibilidad de que a la desgracia del terrorismo siguiera la desgracia de la mentira adueñándose de la vida pública de este país. Él fue quien consiguió que la izquierda moderada de Zapatero se hiciera con el poder en las elecciones celebradas al día siguiente de la matanza de Atocha.

Lo que vino después fue una falacia que ha durado hasta que el partido ha recuperado el Gobierno de España, con la colaboración de “periodistas” cuya categoría ha quedado demostrada al prestarse al juego de seguir señalando a ETA como responsable de los atentados del 11-M, periodistas como Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos. 

Ayer decía esto Pablo Iglesias en CUATRO.

El siguiente vídeo de YouTube del año pasado, tampoco estaba mal. 

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martes, 11 de marzo de 2014

En Casa Marcos


Eran exactamente las dos menos cinco minutos. Es decir, sabía que le quedaban cinco minutos de trabajo antes de que sonara la sirena. Siguió golpeando la piedra con la bujarda hasta que finalmente sonó. Se levantó despacio, se fue hacia la percha, se sacudió un poco el polvo y se colocó su vieja chaqueta de pana.

Al llegar a Casa Marcos pidió lo de siempre. Del tiempo. Le sirvió Marcos de la botella y le llenó la copa. Le puso, además, un platito con aceitunas.

“Yo siempre he dicho que no hay nada como una copa de vino blanco y unas aceitunas antes de comer”.

Al poco sonó su teléfono móvil y contestó. Estuvo un rato escuchando y luego Marcos escuchó lo que decía. Hablaba alto, haciendo pausas entre frase y frase, incluso es posible que al otro lado le estuvieran contestando o haciendo algún comentario corto:

 “Hace tan poco tiempo que éramos unos críos, unos adolescentes.
 Yo, cuarenta años después me he convertido en un hombre que camina inexorablemente hacia la vejez y que es aún más ignorante de lo que era en ese tiempo. Todavía entonces pensaba que sabía alguna cosa, ahora no. Ahora no sé nada.
“Como polvo esparcido al azar”. Sin una misión, sin un objetivo, sin un fin. 
Si pudiera te contaría algo gracioso, algo que te hiciera reír, pero como no soy capaz, te cuento estas tonterías, para intentar llamar tu atención. O tal vez, sólo quiero decirte que siento mucho no haber sabido nunca contarte algo interesante. Ya me hubiera gustado, sobre todo algo que te hiciera reír que es lo que importa. ¿Hay mayor satisfacción para un hombre que hacer reír a una mujer, especialmente a una mujer guapa? Yo creo que ni hacer el amor. No se arrepiente uno de lo que ha hecho mal, (ya sabes), sino de lo que no ha hecho. Nunca hicimos el amor y tal vez nunca te hice reír. No tengo fracasos siquiera comparables con éstos. Y tengo unos cuantos. Pero no me gusta ir de fracasado por la vida. No se lo digas a nadie.”

“Marcos, ponme otra”. Le dijo. El sol entraba por la cristalera haciendo daño a la vista.