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viernes, 28 de octubre de 2011

Flamenco Sketches.

Atardecía. Después del chaparrón, el agua  bajaba las calles como si de arroyos de montaña se tratara. Tomó  la Sexta Avenida en dirección al río, como podía haber tomado cualquier otra dirección. Cruzaba un semáforo cuando vio aquel tropel de muchachos que bajaban corriendo. Había mucho ruido, pero él no oía nada. Solamente escuchaba sus pensamientos como si fueran de otro. Se dio cuenta de que empezaba a compadecerse de sí mismo y eso le hizo sentirse aún peor. No paraba de preguntarse cómo podía haber llegado a esa situación. Hacía recuento de la gente y no encontraba nadie con quien pudiera tener una mínima relación más allá de las propias de los compañeros de trabajo. Sí, podía bajar a la cafetería de la esquina y tomar un café con cualquier compañero, pero sabía que si llamaba a alguno de los que hasta entonces había considerado amigos y le contaba que se le había estropeado el coche en el cruce con la Quinta, le respondería con evasivas: no tenía a nadie que viniera a echarle una mano. Eso le fastidiaba más aún que lo de su Ford. No podía entenderlo. Tampoco era un tipo especialmente taciturno, ni nadie que fuera por ahí tocándole las narices a la gente. Al contrario, hacía mucho tiempo que se había dado cuenta de que la gente no quiere problemas, ni quiere que nadie venga a contar milongas, razón por la cual él no lo hacía nunca. Procuraba sonreír, incluso reía las ocurrencias de los amigos que, muchas veces, no tenían maldita la gracia.  Cuando joven había disfrutado de la amistad de un magnífico grupo de muchachos vecinos, de compañeros de estudio, con los que se había criado en Rutherford, una pequeña población más allá del río, donde habían vivido todos hasta que poco a poco se fueron casando y abandonando el pueblo en dirección a la Gran Manzana.  Después había procurado alimentar aquellas antiguas amistades pacientemente, un día y otro, llamándolos por teléfono o quedando para cenar cuando coincidían de nuevo en el pueblo, pero no había servido de nada. Con el tiempo, cada uno había tomado una dirección y, el hecho de que se encontraran alguna vez, cuando iban a visitar a sus padres,  no evitaba el desapego que, imperceptiblemente, va poniendo una distancia entre personas que, solo unos pocos años atrás, habían sido amigos inseparables.
Se sintió abrumado. Fue un descubrimiento sorprendente, como si, de pronto, se le callera algo de las manos. Hasta aquel maldito día de marzo no se le ocurrió pensar que no tuviera a nadie a quien llamar para que viniera a recogerle y, tal vez, le ayudara a arrancar el condenado Falcon que se había negado a continuar rodando por las calles del Greenwich Village un día lluvioso de 1964. Finalmente tuvo que tomar un taxi, pues caía la noche y no solucionaba nada vagando por el barrio. El taxista era un hombre de color que llevaba la radio encendida, con las noticias de la política local que a él le ponían aún de peor humor.
Fue entonces cuando el taxista giró el dial del aparato y escuchó los primeros acordes de Flamenco Sketches, con el magnífico sexteto de Miles Davis, el sexteto del “Kind of Blue”. Finalmente la luna se elevó sobre el puente de Brooklyn al tiempo que se estiraba en el asiento de aquel taxi y se sumerjía en la extraordinaria música.

Algo parecido le pasó recientemente a Antonio Muñoz Molina. Él lo cuenta mejor en su entrada "dentro de un taxi" del 14 de octubre. 

miércoles, 26 de octubre de 2011

Denunciemos.

La palabra "denuncia" en España, no sé por qué, se toma con cierto sentido peyorativo. Denunciar es decirle a alguien: "Oiga, esto está mal y se lo demuestro. Por favor, intente hacerlo bien". (Francisco Díaz Albandor).

Estas cosas nos cuenta de nuevo Paco Díaz Albandor en una entrevista en Canal Extemadura en el fabuloso programa  "Escúchame" que se puede ver AQUÍ, dedicado a dar voz a las personas que no la tienen. 
De nuevo Paco vuelve a la lucha, cargado de razones, defendiendo los derechos de los que no caminan vertical. ¿Es posible que alguien utilice las plazas de aparcamiento reservadas para minusválidos sin serlo? ¿Se puede llegar a ese grado de insolidaridad? Delación es denunciar a inocentes. Denunciar los abusos del poder y denunciar a los insolidarios no es una delación, es un derecho y una obligación de todos. 

FOTOS: Los colores del otoño en el pinar de La Acebeda (Segovia).




martes, 25 de octubre de 2011

Consecuencias de la crisis

Mensaje encontrado en la entrada del bar "El Callejón de la Plazuela" en la calle Felipe Checa:

lunes, 24 de octubre de 2011

Recetas para la crisis.

Desde el final de la II Guerra Mundial, en 1945, hasta el año 1980 trascurren 35 años, el periodo hábil de una generación. Ese periodo pasará a la Historia como uno de los más fértiles en la actividad humana. Es el periodo de los Beatles y de la liberación sexual, de la igualdad de los géneros, de los derechos humanos y del respeto a las minorías, es una época en que, en todos los regímenes del mundo, se producen avances porque el espíritu humano cuando encuentra la paz y la seguridad se vuelve muy creativo.
Los soldados que al terminar la gran contienda tenían 20 ó 25 años, tienen en 1980 entre 65 y 70 años. En ese momento se hace con el poder una generación que no vivió el trauma de la guerra y que no conoció los muchos padecimientos que sufrieron los europeos y el resto del mundo: las penurias de los años treinta, el fascismo y el estalinismo. Desde 1980 hasta el hundimiento de Lehmann Brothers, transcurren 27 años. Ese periodo será recordado por haber alumbrado el nacimiento del SIDA, los momentos más tensos de la Guerra Fría, el nacimiento de la guerra contra el terrorismo y el regreso de la intolerancia religiosa, el nacionalismo, la intransigencia, el fanatismo, la crisis ecológica, y finalmente la crisis financiera que abrirá una nueva era.
Cuando la II Guerra Mundial precisó de la concurrencia de los ciudadanos para salvar las economías de los ricos, éstos recibieron a cambio su pequeña parcela de poder, de riqueza y de libertad. Posteriormente, los ricos de verdad, aquellos a los que no conocemos personalmente, nos han ido dando de lado, hasta llegar a la lamentable situación actual. En 1980, los más ricos del mundo colocan al frente del país que lo domina a un actor de segunda categoría para que hiciera el papel de Presidente de los EE.UU. mientras ellos urdían sus planes para nuestro futuro, basados en democracias representativas que terminarían por no representar a nadie y todo el poder para la economía especulativa, para los bancos y los brokers. Es cuando el soso de Richard Gere realiza su papel más sonado con una “pretty woman” que no es otra que Julia Roberts, (que no es que sea una belleza impresionante, sino que es  simplemente una mujer que, como dirá su personaje posterior de Notting Hill, lleva toda la vida sin comer en condiciones). Esa película hace la exaltación del broker al que presenta como un tipo muy atareado pero interesante.
Todos sabemos que la fiesta ha terminado, que llevamos tres años en los que el mundo se dirige hacia un nuevo cambio, pero no sabemos cuál será su dirección. Dice César Molinas en El País de los negocios, (con esto de la crisis hasta me lo leo a menudo), que estas cosas se resuelven en una guerra. Tal vez lo diga para meternos el miedo en el cuerpo y que aceptemos su receta que consiste en que vayamos a la flexibilidad laboral.
Teniendo los sueldos de los ejecutivos bancarios tal vez encontraríamos buenas razones para aceptarla.
En caso contrario seríamos nosotros los que deberíamos de ofrecerle nuestras recetas a tan afamado especulador. De entrada el premio Nobel Paul Krugmann afirma en las mismas páginas que los que impulsaron la liberalización económica lo que crearon fue más diferencias entre ricos y pobres: minando la organización sindical, librándose de la “restricción de la indignación” que antes limitaba las nóminas de los ejecutivos, etcétera. Ah, y los impuestos de los ricos se redujeron drásticamente , por supuesto.
Ahora la derecha va a gobernar la piel de toro y nos trae sus recetas que, aunque se las calla para ganar las elecciones ya sabemos cuáles son: minar la organización sindical, librarse de la “restricción de la indignación” y bajar los impuestos a los ricos.
Pero la Historia no está escrita. Si no, que se lo digan a los tunecinos, a los egipcios y a los libios, aunque estos últimos con ayuda occidental porque tienen mucho petróleo, no como los Sirios o los pobres demócratas de Bahrein.




viernes, 14 de octubre de 2011

Haciendo su trabajo.

La Junta de Extremadura de Monago va a hacer 100 días. En este tiempo ha pretendido cargarse la Orquesta de Extremadura y va a recortar gastos por todas partes, pero no descansa. Están moviéndose para que la televisión regional pase a su control con el apoyo de sus socios de I.U., con los que, por lo que vamos viendo, van en coalición. 
Pedro Nevado por su parte defiende a sus cargos de confianza. Ni en cargos de confianza, ni en televisión, ni en campañas de autobombo (eso último lo empezaremos a ver pronto) va a haber recortes, eso lo tenemos claro.

Conversaciones en el ascensor.

Ayer, cuando volvía del trabajo, coincidí en el ascensor con un simpático vecino que, a falta de otra cosa que decir, me espetó: “qué calor hace, me encanta que dure el verano, es tan triste cuando está nublado y llueve.
*
Yo le contesté como sigue. Los refranes sirven lo mismo para un roto que para un descosido. Por ejemplo si decimos “no por mucho madrugar amanece más temprano” y luego decimos “a quien madruga Dios le ayuda”, parece como que hubiera contradicción entre uno y otro, porque los refranes, en contra de lo que piensan muchos, no siempre crean sabiduría, a veces sólo la adornan un poco. Cuando llegué a Extremadura me llamó la atención un refrán que decía así: ”el tiempo no se lo come el lobo”. Al principio no entendí muy bien qué quería decir, tratando de imaginarme a lobos comiéndose tiempos, cuando hace tanto que aquí no existen esos depredadores. Ahora sé que se refiere a que el tiempo atmosférico tiene que hacer su ciclo anual, es decir, en verano tiene que hacer calor y si no lo ha hecho en julio ni en agosto lo hará en septiembre y en octubre. Creo que ese refrán sí crea sabiduría. Mucha más que algunos investigadores, organismos científicos o instituciones meteorológicas que a principio del verano andan diciendo todos los años estupideces del tipo: “este verano va a ser especialmente caluroso”, como dijeron este año en el mes de junio, cosa que motivó muchos comentarios a la hora del primer café al entrar al trabajo. Como ya sabemos, el pronóstico falló, como suele fallar todos los años, (no queda mucho para que alguien diga que este invierno va a ser especialmente duro o especialmente templado y algún idiota lo suelte a la hora del café), pero lo que no suele fallar es el refrán del lobo y el tiempo, que se basa en el principios de la termodinámica que afirma que la energía  ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Porque el calor y la humedad existentes en el planeta son constantes y lo único que hacen es pasar de un lugar a otro y transformarse de una cosa en otra. Es fácil comprobar que siempre que aquí hay una sequía hay inundaciones en otro sitio. Esto quiere decir que el planeta funciona como un sistema en equilibrio, que tiene alteraciones internas localizadas y transitorias, pero que en su conjunto todo se conjuga para que funcione como un reloj, qué digo, mucho mejor que cualquier objeto creado por la mente humana,  por lo que muchos creen  que estas cosas, los planetas y las estrellas, han sido creadas por un Ser Supremo. Pero hay que tener en cuenta que si en un sistema equilibrado desde hace millones de años, introducimos nueva energía, por ejemplo la producida por la quema de combustibles, que estaba latente en el interior de la tierra y que se formó por la acción indirecta del sol pero que ahora hemos liberado y ha entrado a formar parte de la energía de ese elemento que llamamos el planeta tierra, se puede producir una alteración grave del equilibrio que acabe con todas esas cosas tan delicadas que conocemos como “la vida”. Porque son pocos los planetas que tienen vida en su interior y son pocos, que sepamos ninguno, los que la han desarrollado hasta los niveles en que lo fue en este planeta. De modo y manera que esta vida tan magnífica y que se basa en unos delicadísimos equilibrios, tanto en el plano biológico, como bioquímico, pero también en cuanto a la energía existente en el conjunto, equilibrios que el hombre es incapaz de controlar ni por asomo, (aunque al principio de cada estación digan que va a pasar esto o aquello, tal vez para que pensemos que lo tienen todo muy bien atado), esta vida, digo, se puede poner en cuestión, se pueden producir alteraciones que acaben desequilibrándolo todo y den al traste con millones de años de existencia en el planeta, por ir al trabajo en un coche privado donde no le veas la cara a esos tipos tan feos que van en el metro.
*
Cuando finalmente cerré la puerta del ascensor, a mi vecino, que había estado esperando mientras se enfriaba ya su comida en la mesa, le oí decir: “vete a tomar por culo, tonto de las narices, la próxima vez te va a saludar en el ascensor…” Dejé de oírle cuando llegó a su planta y salió de la cabina dando un portazo.

jueves, 13 de octubre de 2011

Conversar, dialogar de tú a tú.

Tenía varias cosas para comentar sobre la crisis económica, algo había escrito al respecto, pero al final las he mandado al infierno. En su lugar traigo una conversación en video que es una nueva forma de publicidad del Banco de Sabadell. Sientan a hablar a dos personas sobre el futuro y las ilusiones, algo que tiene una relación muy clara con los servicios que presta el Banco, pero lo han  hecho muy bien porque han traído a personajes muy interesantes. Ya se habla por ahí del diálogo que ha mantenido Pep Guardiola con Fernando Trueba.
Aquí traigo al psiquiatra Rojas Marcos con Estrellita Morente, por quien tengo una especial predilección.

lunes, 10 de octubre de 2011

Entre mastines y somieres oxidados.

Solemos dejar aquí constancia de nuestros paseos por el campo, poniendo alguna foto, algún comentario de lo que nos gusta porque, en general, salir al campo a andar, a montar en bicicleta o para recolectar, (ya sean espárragos trigueros, algún tipo de trufa como las criadillas de tierra, cardillos y, sobre todo, setas), son las únicas actividades parecidas a un deporte que nos gusta practicar. 
*
Salí la mañana del domingo a montar en bici por los alrededores. Sin carriles bici uno se mueve entre las aceras y las calzadas según las ganas que tenga de jugarse la vida, de lo que pueda molestar a los peatones o de la intensidad del tráfico en ese momento. Así hice yo hasta que llegué a las afueras de la ciudad. Nada más tomar el primer camino de tierra y andar aproximadamente un kilómetro vi un coche que venía por otro arenoso sendero levantando una gran nube de polvo. Me paré un poco donde se cruzan los dos caminos para dejarle pasar, pero cuando el vehículo llegó a mi altura se detuvo, descendió su único ocupante y se dirigió a mí, para decirme que acababa de ser asaltado por un perro que había metido la cabeza por la ventanilla con evidente intención de morderle. “Si vas hacia la izquierda”, me dijo, ”ten mucho cuidado”. “No, voy por el camino de la derecha”, le contesté. Así que seguí mi ruta, una vez lo hizo el coche, pero no dejé de mirar hacia atrás, no fuera que aquel enorme perro que veía a medio kilómetro y que no había dejado de ladrar en todo el rato se arrancara hacia mí. Al poco llegué a una zona de chalets construidos en mitad del campo. Urbanizaciones que aparecen así, en mitad de los caminos, como si tal cosa. Me tranquilizó, porque podría encontrar algún refugio si el excitado perro decidía perder su tiempo en seguirme para atacarme por el mero hecho de pertenecer a la raza humana, pues estos perros, los llamados cimarrones, tienen su  peligro  y más de una vez me los he topado recorriendo con la bici esos caminos que no son ni de Dios ni de los hombres.
Verdaderamente el peligro disminuyó, pero no las ansias agresivas de los perros hacia mí. A cada nueva parcela, aparecía uno de esos enormes mastines, (o dos, o tres, o cuatro), con los que los propietarios de esos minúsculos terrenos suburbanos quieren proteger no-sé-qué propiedades suyas. Tal vez esos somieres abandonados que usan para hacer una cerca, esos escasos bloques de hormigón que sujetan una única plancha de fribrocemento, o tal vez esos pallets de madera que nadie, ni ellos mismos, saben que utilidad puedan tener en tan descarnada finca, en la que sólo un único chopo deja constancia de que allí ha habido un ser humano con la intención de mejorar el medio después de haber arrasado todo lo que la naturaleza había puesto en esa media hectárea que ahora está vallada con alambres de espino, como si temieran el paso de invasores extranjeros.  
Un pequeño bosquete de alóctonos eucaliptos donde no había mastín alguno que se tirara con sus cuatro patas hacia la valla metálica y me volviera loco con sus ladridos de apariencia desesperada me sirvió para un pequeño descanso que aproveché para preguntarme qué hacía yo una mañana de domingo soportando tanto alboroto de mastines que interrumpen mi tranquilo deambular.
El resto del camino fue un continuo padecer con la máquina que me transportaba. Perdí el aire de una rueda y tuve que cambiar la cámara. Al poco noté que me volvía a quedar sin aire y fui a una gasolinera a tratar de arreglarlo. Finalmente acabé la jornada andando y arrastrando la bicicleta hasta casa.
El campo estaba abrasado por la canícula. Hasta que las primeras lluvias del otoño traen la vida de nuevo y los suelos de Extremadura vuelven a cubrirse milagrosamente de un manto verde, el aspecto del campo es semidesértico, sólo enormes cardos más altos que yo, salen al camino a saludarme.
De vuelta a casa se divisaban enormes nubes de humo producto de la ancestral costumbre española de quemar los rastrojos antes de que lleguen las lluvias. El humo se pega al suelo y se mete hasta las casas. Cuando llegué a la ciudad un coche de bomberos salía por la carretera en dirección a algún incendio en el campo. Alguien había perdido el control y la quema de los rastrojos se le había ido de las manos.
Finalmente al llegar a casa, mis vecinos comentan en el ascensor que están encantados con este “buen tiempo”.
*
Es por todo eso que hoy no habrá bonitas fotos del campo en este blog.

viernes, 7 de octubre de 2011

Muñoz Molina saluda a la duquesa.

Antonio Muñoz Molina propone un texto de Valle Inclán para comentar la foto del día:

Max Estrella: Nuestra tragedia no es tragedia.
Don Latino: Pues algo será.
Max: El esperpento
***
Max Estrella: Deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la miserable vida española.
***
Max Estrella: España es una deformación grotesca de la civilización europea.
***
Max Estrella: Ricos y pobres, la barbarie ibérica es unánime.

Valle-Inclán: Luces de Bohemia, 1922

jueves, 6 de octubre de 2011

¿A quién le importa?

Esto de la crisis está ocultando las verdaderas crisis que se están produciendo en el mundo.
Esta es una: 

-        Según UNICEF
         Población infantil en el Cuerno de África (de una población total de 132.624.000 personas): 46,99
-          Tasa de mortalidad infantil (por cada 1000 habitantes): 76,5
-          Acceso a agua potable: 54,7%
-          Esperanza de vida al nacer : 54
-          Tasa de matriculación escolar: 52% 

Esta es otra: 

Según El País
Las Administraciones se sacuden la responsabilidad de la polución
Las grandes ciudades sufren niveles insalubres de contaminación - Madrid ni siquiera tramitó a tiempo la petición de una moratoria a la UE. 

Lo demás son desarreglos contables.

martes, 4 de octubre de 2011

Pesimismo.

Ya sé que me pongo muy pesadito con esto de la crisis, pero es que si uno mira los periódicos la cosa es para echarse a temblar. Estos son los primeros titulares de El País en edición digital, (sin entrar a ver las catástrofes terroristas y naturales que vienen después):
Goldman Sachs prevé una recaída en la recesión en España.
Europa acepta el plan de Grecia pero aplaza la entrega de la ayuda.
EDITORIAL: Los tipos deben bajar.
El agravamiento de la crisis: Dexia, de sobresaliente a suspenso en menos de tres meses.
Francia y Bélgica preparan un nuevo rescate para Dexia.
Los mercados prorrogan el castigo con la banca al frente de las caídas.
Fannie Mae supo de los abusos hipotecarios en 2003 y no los detuvo.
El Gobierno entierra a tres meses del final de año sus previsiones de creación de empleo.
Cospedal plantea una revisión de la cobertura actual del desempleo.
Alto seguimiento en el cuarto día de huelga contra los recortes educativos en Madrid.
Sube la preocupación de los españoles por la educación, según el CIS.
La pérdida de clientes de Telefónica en móvil y banda ancha se agrava.
Un estudio señala a Suiza, Islas Caimán y Luxemburgo como los paraísos fiscales más activos: Los investigadores de Tax Justice Network concluyen que la lista negra del G-20 ha sido ineficaz en la lucha contra el secretismo financiero.- España, la más transparente entre las 72 jurisdicciones analizadas.
 Novacaixagalicia destina 23,6 millones a pagar la salida de tres ejecutivos: Los nuevos directivos de la caja nacionalizada intentarán deshacer los contratos.- La vicepresidenta Salgado reconoce que los pagos son "inadmisibles".

Abusos de poder.

El domingo publicaba EL PAÍS dominical un informe sobre lo sucedido en la CAM. Hoy trae la noticia de que tres altos ejecutivos de Novacaixagalicia se han llevado 23,6 millones de euros, es decir unos 1.400 millones de pesetitas para vivir como marajás el resto de sus días. El blog “el debate”, que es de ese periódico, se pregunta quién es el responsable de estos desmanes. Que si el director del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que si los que se han llevado el dinero. Pero hay una cosa que debe estar clara, lo hicieron porque pudieron legalmente hacerlo. Es decir, nadie se lo ha impedido.
*
En realidad lo que sucede es que hay unas élites de poder ligadas a los partidos políticos que se reparten no digo ya el pastel sino todos los pasteles. Esas élites controlan todos los ámbitos de la vida pública. Controlan la cultura, que vive de las subvenciones que reciben de esos poderes, controlan a los escritores, que publican en medios que, a su vez, también son afines a uno u otro partido; controlan la universidad, el mundo de la investigación, controlan a los historiadores, a los pensadores, a los que hablan en la radio, a los que informan en la televisión, a todos los medios, de manera que crean unas corrientes de opinión que inundan la calle y a las que todos nos acercamos, ya sea desde el P.P. Party, ya sea desde las posiciones supuestamente progresistas del PSOE. Pero la cosa no se queda ahí. Los dos partidos, controlan la judicatura, con esos repartos de jueces que son un escándalo: tres jueces progresistas para mí y dos conservadores para ti, que yo tengo más votos que tú; de manera que si algún día nos pillan en un escándalo de corrupción ya tenemos allí a quien nos proteja de “la maraña de la justicia”. Por otra parte, los dos partidos controlan las cajas de ahorros. Organismos que deberían ser públicos, puesto que no tienen ánimo de lucro y para lo único que están es para gestionar el ahorro y el crédito de las personas normales y de las pequeñas empresas, pero que están dirigidas por ejecutivos nombrados desde las comunidades autónomas, las diputaciones provinciales y demás entes de poder. Lo que se proponen, en realidad, es que nuestro ahorro sirva para apoyar a estos organismos a los que se les conceden créditos en las mejores condiciones y ya de paso enriquecer a unos pocos de estos “amigos” que a su vez les hacen favores a ellos, aunque todo con nuestro dinero. ¿Por qué el Banco de España no pone coto a estos desmanes? También el director del Banco de España es un hombre próximo al partido que lo nombra.
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De manera que, como hemos visto, los partidos poderosos, a los que hay que unir CIU en el ámbito de Cataluña, el PNV en Euskadi y demás, despliegan su poder en todos los entornos públicos, más allá de lo que la Constitución dice que debe ser el entorno de los partidos. Porque la constitución no dice que los partidos deban detentar todos los poderes ni controlar toda la  actividad pública. Pero cuando la cosa se pone fea y llega un momento en el que los llamados “mercados” se hacen con nuestra economía, el ciudadano común se pregunta por qué el estado no nos defiende. Y el estado contesta diciendo que no puede hacer nada frente a ellos. El mismo estado que ha controlado nuestra vida en todos sus aspectos no puede defendernos ahora de los ataques de “los mercados”. A ellos no puede controlarlos.
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¿Para qué queremos el estado los que no tenemos poder ninguno?
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Esta situación me recuerda lo que se contaba sobre cómo Franco había organizado la defensa de Madrid: no para defender Madrid de un ataque extranjero, sino para defender a El Pardo de un ataque de los madrileños. Así funciona nuestro estado. No pueden evitar que estos ladrones se lleven miles de millones pero sí pueden controlar nuestros sueldos, nuestras pensiones y toda nuestra vida. No pueden controlar los paraísos fiscales, ni los mercados especuladores, no pueden conseguir que los ricos paguen más, pero pueden subirnos los impuestos a todos los que no tenemos poder y quitarnos la sanidad y la educación públicas.
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Lo más grande es que están ahí porque los hemos votado.