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martes, 19 de octubre de 2010

El Millás.

En la anterior entrada no puse la dirección a la edición digital de El País en la que se puede leer el artículo de Juan José Millás al que me refería. Hay que leerlo porque todo lo que dice en él es cierto. En este blog no sólo mencionamos las fuentes sino que facilitamos su lectura, así que con esta entrada corregimos el error.

lunes, 18 de octubre de 2010

¿Alguien entiende esto?



Refiere Juan José Millás una de esas imágenes célebres en que aparece el Presidente Rodríguez Zapatero reunido con un grupo de inversores. La conclusión a la que llega el articulista es que si en lugar de inversores fueran militares todos entenderíamos que nuestro país ha sufrido un golpe de estado y eso es lo que ha pasado, según nos dice el escritor, pues da igual que sean militares o banqueros, el caso es que hemos perdido la soberanía sobre los asuntos de la patria. Llevamos décadas negociando unas leves cesiones de soberanía a la autoridad europea sin que hayamos avanzado poco  más que en los asuntos relativos a la liberalización del comercio y de los capitales y ahora resulta que, de la noche a la mañana, toda una política económica y social que el presidente había enunciado a bombo y platillo durante meses y que muchos habíamos aplaudido como muy acertada se desmonta un día porque le han dicho que esto no puede seguir así.
Uno es tan bruto, que se mantiene en sus trece al sostener que no tenemos que seguir la política que nos marque el mundo financiero que son esos que nos guardan nuestro dinero, lo invierten donde les da la gana, incluso en operaciones muy rentables pero arriesgadas y nos cobran por ir a sacarlo o por hacer cualquier gestión con él y a los que, para colmo, hemos tenido que salvar poniendo los recursos de todos a su disposición.
Ante este estado de cosas, uno decide ir a la huelga y se encuentra al día siguiente con que no ha ido ni el Tato, es decir, ni los representantes sindicales que viven de esto. Me dicen que el problema está en que no entiendo cómo funciona la cosa, que hay que ser realista. Yo contesto que no, que lo que quieren es robarnos la cartera una vez más.
Cuando empiezo a pensar si me estaré volviendo loco, porque no puede ser que sea el único cuerdo en esta historia, aparecen los franceses y vienen a decir conmigo que la política económica, como todo en la vida, es negociable y que no van a dejarse amedrentar por los mercados que, además, en lugar de sacarnos de la crisis nos están metiendo en ella. Claro que allí tienen un Presidente de derechas y, además, menguante, como ya hemos dicho aquí, que ha perdido su crédito entre la clase media con el asunto de arrimarse a la extrema derecha a costa de los pobres gitanos rumanos y nosotros tenemos más miedo a que cambie el gobierno que a un nublado. Los jóvenes franceses han entendido muy bien que si se aumenta la edad de jubilación disminuyen sus posibilidades de encontrar trabajo.
*
El presidente del gobierno me baja el sueldo más de un 5% y mi madre se preocupa más del futuro de éste que del de su hijo.
¿Alguien entiende esto?



viernes, 15 de octubre de 2010

Las edades del hombre.

Uno sabe la edad que tiene y no pretende ser más joven de lo que es. Para ser exactos nací en 1.955 y tengo en la actualidad 55 años, (cuántos cincos). Poco a poco vamos envejeciendo hasta el día, (espero que lejano), en que se nos acabe nuestro propio calendario, pero francamente no tengo problemas ni me supone un trauma alcanzar una edad cómo la que tengo. Pero hay cosas que, da verdad, fastidian un poco. Hay por ahí un anuncio que habla de las personas que están en el grupo de edad de 55 a 80 años. Y ya está, ya te han encuadrado en el grupo de los viejos. Es como si dejáramos de ser personas activas para convertirnos en jubilados indolentes que no tenemos nada que decir. Nada, salvo hacernos el seguro que propone el anuncio, porque esa edad parece como una frontera infranqueable, (de hecho nadie de entre los que los han cumplido ha vuelto, o se ha muerto o ha seguido cumpliendo). Pero no es lo mismo tener cincuenta y cinco que ochenta, digo yo. Lo mejor para saber dónde estás es compararte con la gente de tu edad, los que nacieron en aquel lejano año. Aquí está la lista de mis coetáneos:
Poderosos políticos, empresarios o jueces como Bill Gates, Nicolas Sarkozy, Josep Piqué, Baltasar Garzón.
Actores, como los extranjeros Bruce Willis, Kevin Costner, Whoopi Goldberg, Mr. Bean, Mickey Rourke, Jeff Daniels, Willem Dafoe; o los españoles Ana Obregón, El Gran Wyoming, Juanjo Puigcorbé, Jesús Bonilla, Verónica Forqué, Ángela Molina.
Directores de cine como Fernando Trueba.
Escritores como John Grisham.
Músicos pop como Eddie Van Halen, Ramoncín, Luis Auserón, Manolo García. Músicos clásicos como la mezzo-soprano Anne Sofie von Otter, el violonchelista Yo-Yo Ma o el director de orquesta Simon Rattle.
Presentadores de T.V. como Pedro Piqueras.
Deportistas, (estos sí jubilados como tales), como José Antonio Camacho, Michel Platini, Juan Antonio San Epifanio “Epi”.
Diseñadores como Donatella Versace.

Digo yo que tampoco estamos tan pasados todavía…
Bueno, Ana Obregón como bomba sexual sí.

jueves, 14 de octubre de 2010

Buenas noticias desde Chile.

Se suele decir que sólo son noticias las malas noticias. Pues esta vez no es así. Todos los periódicos del mundo han abierto sus ediciones con una muy buena noticia: el salvamento de los 33 mineros atrapados en la mina de Chile. Desde Aljazeera en Oriente Medio hasta el Süddeutsche Zeitung de Munich, desde la prensa inglesa a la española, todos los medios informan de esta gran noticia. Me alegro por los mineros y me alegro por Chile. Éste es un país que ha sufrido mucho y que se merecía lo que le está pasando ahora: lleva varios años en una recuperación económica que le está colocando entre los países más desarrollados del mundo. Lugar que le corresponde porque Chile fue, hasta la llegada del criminal dictador, la democracia más antigua de América Latina.
Dice la prensa que el salvamento va a costar entre 10 y 20 millones de euros. El editorial de El País afirma que con menos dinero se hubiera evitado el derrumbe. No estoy de acuerdo, hubiera costado más porque las medidas de seguridad que hay que tomar deberían de imponerse en todas las minas del país, lo que, a la larga, costará más de 20 millones de euros. Pero eso es lo más importante. Este rescate es espectacular y hay que felicitar a los responsables chilenos por su eficacia, pero la verdadera eficacia consiste en que no vuelvan a suceder derrumbes y accidentes como el que acaba de terminar. Cueste lo que cueste.

miércoles, 13 de octubre de 2010

FOTOS: Otoño en la dehesa.


Por fin llega el otoño a la dehesa. No el que señala el calendario, que no siempre coincide con la estación en lo meteorológico, sino el que hace que el secarral del campo se transmute en cierto frescor atemperado. Este fin de semana es posible que empiecen a salir las primeras setas si todo va bien. Ya veremos.

lunes, 11 de octubre de 2010

El Nobel de Vargas Llosa.

Dice mi hija que le extraña no haber leído ningún comentario mío en este blog sobre la concesión del Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa. En primer lugar es porque cada vez me falta más tiempo. Tengo que organizar mi tiempo, hay tantas cosas que hacer, incluso hacer el vago de cuando en cuando, que no podemos abarcar todo lo que quisiéramos. Pero además, me parece tan unánime la alegría de todo el mundo que me he dedicado a leer lo que han escrito la gente que sabe hacerlo bien, los académicos, los escritores, los periodistas. Como a estas alturas me resulta tan difícil no satisfacer los caprichos de mi hija, si quiere que lo comenté, lo haré, pero tan solo desde el lado más personal, sin aportar nada a la noticia, que no hace falta.
Entre las primeras novelas que recuerdo haber leído cuando era joven está “La ciudad y los perros” de Vargas Llosa. Recuerdo que me gustó mucho. Trataba sobre unos adolescentes que hacían el bachillerato en una institución militar y era bastante autobiográfica pues allí había estudiado el escritor, obligado por su padre. Aquí no tenemos nada parecido, (por fortuna), así que me sorprendió conocer los episodios tan increíbles que vivían y, sobre todo, les hacían vivir a estos pobres. Aún adolescente, con diecinueve años, yo también me fui a hacer la mili y me sentía como el pobre Vargas Llosa, pero era una satisfacción que al menos los desagradables sucesos que teníamos que soportar en aquel ejercito que aún era el de Franco, (se murió por entonces), y que no diferían mucho de los de la novela, cuando menos habían sido relatados por un gran escritor para que el mundo lo supiese. De aquella primera novela me quedó un agradecimiento eterno y una simpatía por el autor peruano que aún conservo como entonces.
Después recuerdo haber leído “Pantaleón y las Visitadoras”, “La tía Julia y el escribidor”, “La guerra del fin del mundo”, una novela cosmogónica, que se refiere a un episodio brasileño del siglo XIX pero en la cual parece que estamos asistiendo al nacimiento de las naciones americanas, además de ofrecer una visión desde muchos ángulos de toda la realidad de entonces, una auténtica novela en su sentido clásico. Después dejé de leerle sin ningún motivo, solamente porque cada vez leo menos ficción, pero aún así, tengo empezado “La fiesta del chivo” y prometo retomarla en cualquier momento.
Cuando se presentó a las elecciones peruanas pretendiendo dirigir el país desde la derecha liberal me sentí alejado de sus ideales políticos que ya venía expresando desde hacía tiempo en sus colaboraciones en El País. Me parecía un enviado de los EE. UU., uno de esos políticos manipulados por la Central de Inteligencia. Claro que peor fue lo que hizo García Márquez: hacerse amigo del dictador de Cuba. A pesar de todo, me gusta tanto su forma de escribir, que he seguido leyendo sus artículos en El País, los que llama “Piedra de toque”.
*
Me alegré mucho de que le dieran el Nobel. Para mí, los escritores que he leído con agrado y me han ayudado a vivir son como si fueran amigos.

jueves, 7 de octubre de 2010

La obra.

La sierra se había cubierto de nubes espesas. Cuando empezaron el trabajo aún brillaba el sol, pero se fue oscureciendo y, al cabo de un par de horas, aquello no se parecía al paisaje con que empezaron la jornada. Donde antes se veían los rebaños de vacas rumiando en los pastos, ahora la oscuridad lo cubría todo. Donde antes el sol se levantaba por encima de las colladas, cabecera de las gargantas que bajan de la sierra con sus corrientes de agua fría saltando alegres hasta el río, ahora las nubes lo tapaban todo. Donde antes el ánimo de la gente se había despertado afanoso y dinámico, ahora se mostraba sombrío y molesto. Ante la perspectiva halagüeña con que habían inaugurado la jornada habían preparado un tajo amplio y generoso para un buen día de trabajo. Ahora ese tajo debía de ser realizado y no se podía detener a la mitad de su ejecución. Se lo dijo Julián, el encargado, a sus oficiales:
- “Una vez se ha empezado el hormigonado debemos acabar el tajo, no podemos hacer cortes”.
- “Pues estamos apañados. La mañana no está por la labor “.
- “Hay que acabar toda la hormigonera, porque si no se estropeará el material”.
El tiempo les había jugado una mala pasada. Nadie esperaba que fuera a cambiar de esa manera. Por eso nadie le culpaba de falta de organización. La lluvia se les había echado encima de manera traicionera, sin avisar. Así es en la sierra: amanece un día espléndido, aparece de pronto una nube, al cabo de un rato empieza a llover y al poco a diluviar. En efecto, a rachas, el viento se enfurecía y dificultaba incluso el manejo de las herramientas. Por otra parte la temperatura no debía de pasar de los diez grados, así que la sensación de frío era intensa. Extendían el hormigón con unos rodos, mientras que los oficiales iban enrasando la masa con una regla de madera sobre las maestras que habían colocado previamente: unos tablones de encofrar, nivelados y sujetos al suelo con unos tochos de recortes de ferralla. Después, otro peón, venía compactando el material con un vibrador de aguja, (el vibro le llamaban), que sumergía a cada poco.
“El Guille” ya había mandado a su hijo a por una botella de vino y estaba a punto de darle fin, pero le daba largas porque pararse suponía parar el trabajo de todos. Finalmente se incorporó, dejando la regla sobre la maestra y les dijo a sus compañeros:
- “¡Vale ya! En todos los oficios se fuma.”
Y sacó un cigarro de la cajetilla que encendió como pudo porque el viento se lo ponía difícil.
- “Así no acabaremos nunca. Y nosotros aquí poniéndonos como una sopa.”
Le contestó Luis que era el único que se atrevía a hacerlo, aparte de Julián, claro está. Pero “El Guille” se había detenido porque Julián había tenido que ir un momento al nivel para comprobar unos puntos que tenía más adelante, pues de no ser por eso, no habría tenido el valor suficiente para detener el trabajo.
- “Chico, acércate a la señora Benita y que te de una botella de blanco, que luego se la pago.”
A su hijo le ponía de los nervios ver a su padre gastar botellas de vino, una tras otra, y que lo hiciera así, delante de todos los compañeros y poniéndole a él en la desagradable tarea de servirle de proveedor. Su cara no ocultaba su mal humor.
Finalmente la dichosa hormigonera se acabó y se pudo lavar la canaleta por donde bajaba el hormigón, ya que de no hacerlo se endurecería y luego sería más difícil. Juan, el conductor de la hormigonera se afanaba en ello mientras el resto de la cuadrilla recogía los trastes para poderse poner a resguardo.
*
La verdad es que la gente estaba un poco desmoralizada. Sabían que tendrían que comer en el único bar que había en aquella aldea, un bar que no ofrecía nada decente que llevarse a la boca, tenían frío y estaban cansados. Julián conocía muy bien a su gente y sabía lo que pensaban. Conocía su desánimo perfectamente, de manera que se puso manos a la obra para solucionar en lo posible la situación. Cuando hubieron terminado de recoger y colocar la herramienta en el almacén provisional que venían utilizando, (una vieja nave a las afueras del pueblo), se dirigieron al bar. Entró Julián en la cocina y habló con la mujer, Herminia, que era quien estaba al cargo del negocio en ese momento pues el marido trabajaba en los montes cercanos. Al poco salió y, dirigiéndose a Javier, el peón más joven, le dijo:
- “Acércate a la señora Benita y que te den unos ajos, un kilo de arroz, dos kilos de patatas y una pieza de bacalao, la mejor que tengan.”
Con esos materiales y algún otro que había en la cocina como aceite o pimentón, se puso Julián manos a la obra para hacer una buena perola que saciara el hambre de la cuadrilla. No solo era el jefe a la hora de dirigir los trabajos, también era el que animaba el cotarro cuando la situación se venía abajo.¡ Y era un extraordinario cocinero!. Cuando se fueron sentando en las dos mesas que Herminia había juntado para dar cabida a los ochos integrantes de la cuadrilla, apareció Julián con la perola que, destapada, dejaba salir un oloroso vapor capaz de resucitar a un muerto.
Julián fue sirviendo uno a uno a todos los integrantes de la cuadrilla y, cuando hubo terminado, se sirvió, cortó un buen trozo de pan y se dispuso a probar el guiso.
- “Esta bueno.” Dijo Julián.
- “Buenísimo.” Contestaron algunos con la boca llena.
La situación anímica mejoraba por momentos cuando el encargado pidió dos botellas de Rioja a la señora Herminia, que las trajo a la mesa al poco. Ya se gastaban bromas. Empezando siempre por los más jóvenes a los que se les dedicaban las más inoportunas. Después se iba pasando de unos a otros hasta que toda la cuadrilla hubiera sufrido las bromas de los demás. A todo el mundo se le decía algo. Incluso a Julián.
- “Menos mal que se acabó el tajo, que si no nos tienes allí todo el día, con el temporal que había...”
- “De eso puedes estar seguro, “Guille”.”
- “Te conozco como si te hubiera parido.”
En efecto, no lo había parido pero lo conocía bien desde que hicieron juntos la mili en Melilla. Después habían coincidido en casi todas las obras. Julián seguía llamando al “Guille” aunque cada vez compraba más botellas de vino blanco. Esto molestaba mucho a Julián, pero no le fallaba. Cada vez que empezaba una obra volvía a llamarlo, aunque hubiera acabado la anterior harto de los excesos de su compañero.
Herminia trajo los cafés y una copa para cada uno. Unos tomaron pacharán, otros Chinchón seco. Empezaron a jugar a las cartas todos menos Julián, que se fue a dar una vuelta al tajo, ya que el chaparrón había amainado hasta convertirse en una suave lluvia.
*
Observaba con atención el aspecto superficial del hormigón, pendiente de si se había erosionado algún tramo con la tormenta, al objeto de corregirlo antes de que estuviera fraguado. Pero todo estaba bien. La fina lluvia en que había quedado aquel chaparrón no dañaba la superficie y era muy beneficiosa para el estado final que alcanzaría el material una vez endurecido.
*
Por eso, Julián observaba satisfecho el tajo que habían hecho aquel día.

viernes, 1 de octubre de 2010