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lunes, 31 de marzo de 2008

FOTOS: Cañada de Sancha Brava




¿Quién hubiera aguantado este país sin Rafael Azcona?


El pisito (1958)
Se vende un tranvía (1959)
El cochecito (1960)
El secreto de los hombres azules (Le tresor des homes bleus) (1960)
Le italiane e l'amore (1961)
Plácido (1961)
Il mafioso (El poder de la mafia) (1962)
La muerte y el leñador [episodio de Les quatre vérités] (1962)
Una storia moderna: l'ape regina (1963)
El verdugo (La ballata del boia) (1963)
La donna scimmia (Se acabó el negocio) (1963)
Un rincón para querernos (1964)
Il profesore [sketch de Controsesso] (1964)
Una moglie americana (Una esposa americana) (1965)
L'uomo dei cinque palloni [sketch de Oggi, domani e dopo-domani] (1965)
Break up [versión completa de L'uomo dei cinque palloni] (1965)
Marcia nuziale (1966)
L'estate (1966)
Il fischio al naso (¡Qué dulce es morir así!) (1967)
L'harem (1967)
Peppermint frappé (1967)
La boutique (Las pirañas) (1967)
Tuset street (1968)
Los desafíos (1969)
La madriguera (1969)
¡Vivan los novios! (1970)
Las secretas intenciones (1970)
El jardín de las delicias (1970)
El monumento (1970)
El ojo del huracán (1971)
Un omiccidio perfecto a termini di legge (Homicidio al límite de la ley) (1971)
L'udienza (La audiencia) (1971)
La cera virgen (1972)
Si può... fare, amico (En el oeste se puede hacer... amigo) (1972)
Tarots (Ángela) (1972)
Una razón para vivir y una para morir (1972)
Ana y los lobos (1973)
La grande bouffe (La gran comilona) (1973)
Permette, signora, che ami vistra figlia? (1974)
Tamaño natural (1974)
Instant coffee (Malos pensamientos) (1974)
El poder del deseo (1974)
La prima Angélica (1974)
Touche pas la femme blanche (No tocar la mujer blanca) (1974)
Alla mia cara mamma nel giorno del suo compleanno (1974)
La revolución matrimonial (1974)
La adúltera (1975)
Pim, pam, pum... ¡Fuego! (1975)
L'ultima donna (La última mujer) (1976)
El anacoreta (1976)
Mi hija Hildegart (1977)
Una noche embarazosa (Il Pupazzo) (1977)
Ciao, maschio (Adiós al macho) (1978)
La escopeta nacional (1978)
Un hombre llamado Flor de Otoño (1978)
La miel (1978)
La familia bien, gracias (1979)

viernes, 28 de marzo de 2008

En el lago Malawi (4)


Maggie, nuestra piloto de helicópetero keniata, tenía la importante misión de sobrevolar el lago para procurarnos los avistamientos de aves necesarios para determinar sus movimientos, al tiempo que, desde tierra y mediante anillamiento de sensores electrónicos, se realizaba la misma tarea desde una central que seguía el vuelo de las aves mediante una especie de radar electrónico. Cuando aterrizaba en el aeródromo de Lichinga tomábamos un todoterreno y nos llevaba hasta el hotel. En el camino solíamos escuchar música, lo que dio pie a que comentara con ella mi admiración por algunos músicos africanos y el interés que tenía por esta música e incluso por los instrumentos musicales empleados. A ella también le gustaban Richard Bona y Saif Keita, así que hablábamos y hablábamos de las músicas locales. De esta manera surgió el tema de la música de Mozambique. Fue la primera vez que oí hablar de la timbila y de Eduardo Durao.

En el lago Malawi (3)

Itinerario en helicóptero de Kamuzu a Lichinga



Tuvimos que cruzar el lago en uno de esos terribles aparatos que, afortunadamente, Maggie conducía con evidente pericia, lo cual, al menos, era un pequeño consuelo en medio de tanta adversidad. El lago Malawi es conocido por las tribus locales como Nyasa, palabra que significa precisamente, eso: lago; y es que se trata de un charco de 560 km. de longitud, prácticamente un mar. Como curiosidad, dice la wikipedia que en este lago se produjo al inicio de la Primera Gran Guerra el ataque de un barco inglés a un acorazado alemán que patrullaba por él. Cuando leí eso me acordé de una de mis películas preferidas: La Reina de África; la película de John Huston protagonizada por Humphrey Bogart y Katharine Hepburn.
Atravesarlo en helicóptero fue toda una experiencia. Es una imagen conocida, esa famosa escena de National Geographic en la que la cámara sobrevuela por encima de un mar de flamencos que alzan el vuelo al ruido del motor. No había flamencos entonces, pero era igual de espectacular, con la diferencia de que aquello estaba siendo contemplado en vivo y no era una película.
El aeropuerto de Lichinga no puede llamarse aeropuerto en rigor. Se trata de una pista de aterrizaje con unas pequeñas instalaciones. Pero era más que suficiente para la pericia de Maggie, que con su helicóptero apenas necesitaba pista. Tampoco el hotel era lo que por aquí conocemos como tal, pero era suficiente y la ducha, aún con agua fría, era más que reconfortante, espeicalmente para la temperatura que teníamos. Después comimos pescado del lago, según mi amigo biólogo “oreochromis lidole”, aunque aquello en realidad lo llamaban chambo: pescado frito acompañado de patatas y cerveza. El lago había dado empleo a multitud de pescadores, pero la sobreexplotación estaba dejando sin trabajo a muchos. Ya no se obtenían tan buenas capturas como antaño, las redes llegaban vacías la mayor parte de las veces y la gente se estaba quedando sin su medio de vida.

jueves, 27 de marzo de 2008

La joven guardia roja.


Habla la insigne inteligencia de Jiménez Losantos para hacer una ironía sobre la autocrítica, ahora que algunos sensatos en la derecha se han dado cuenta (a base de recuento de votos) de su error estratégico. Habla (escribe), y no para, de las infamias cometidas por las comunistas a lo largo de su historia, para así desacreditar el propio concepto de autocrítica. El sabe mucho de eso. Yo no. Nunca fui comunista, ni aún en aquellos difíciles años del final del franquismo. El fue de Bandera Roja, una organización de élites comunistas identificada con los máximos excesos del maoísmo: la llamada revolución cultural.
Ahora aprovecha esa experiencia para seguir asumiendo la vanguardia de la derecha recalcitrante. Dios bendiga a Losantos, reza en voz baja Pepiño Blanco.
Quiere seguir al frente de la revolución cultural, ahora la de mi primo Rouco Valera.

En la muerte de una víctima de ETA.


Leo en la prensa el obituario sobre la muerte del que fuera presidente de la Audiencia Nacional, Fernando de Mateo Lage y el periódico El Mundo aprovecha para hacer un comentario sobre el luctuoso día en que recibió el paquete bomba que le cortó las dos manos y acabó casi con su vista. De todo ello me quedo con un dato. Los criminales colocaron su insensata carga mortal cobardemente escondida en un libro: El espía secreto de John Le Carré. ¿Qué pensarían estos estúpidos sátrapas que con la insana intención de hacer valer sus putrefactas ideologías decimonónicas se empeñan en la asquerosa empresa de acabar con la vida de personas y pretenden rodear su vil faena de un halo de culta erudición reivindicando su oficio con tan inmerecidas referencias?
¿Podrá esa bendita tierra del Norte volver alguna vez a ser un lugar de bien después de haber albergado a tan repulsiva troupe.

En el lago Malawi (2)



Caía una lluvia que parecía no tener fin. Tras los cristales se veían las pistas del aeropuerto Internacional de Kamuzu como si fuera un lago natural. Los vuelos de Madrid a Londres y de Londres a Kinshasa habían sido bastante buenos. No había habido incidencias y todo se desarrolló según las previsiones, pero de Kinshasa a Kamuzu me había sentido desolado. En medio de las turbulencias y montado en ese antiguo avión ruso me había preguntado qué pintaba yo en todo esto. Cuando, por fín, llegamos aquí pensé que nos habíamos ganado una ducha y un buen descanso pero las cosas no iban a ser como yo pensaba.
Cuando Lorenzo me presentó a Maggie, nada hacía prever que a nuestra Odisea le faltara un último episodio, aún más difícil de superar que los anteriores. Maggie era una joven keniata, de Nairobi, que al quedarse huérfana de madre se propuso hacerse piloto de helicópteros y no paró hasta conseguirlo. Era puro nervio y pura acción. Un ejemplo de optimismo y espíritu de superación de esa nueva África que no se plantea el futuro en base a la resignación, sino que quiere coger la vida por los cuernos y no se arredra por nada. Maggie era todo un ejemplo de superación.
La mala noticia era que el viaje no había terminado. La expedición era al lago Malawi pero en la orilla del mismo en Mozambique. El lago sirve de frontera entre los dos países, el homónimo del lago y la antigua colonia portuguesa. Descubrí por fin el interés de mi amigo para que le acompañara en esta aventura: quería aprovecharse de mi conocimiento de la lengua de Camões.

jueves, 20 de marzo de 2008

En el lago Malawi (1)


Apareció por casa mi amigo Lorenzo. Hacía dos años que no le veía, pero a pesar de eso, se presenta como si nos hubiéramos visto la tarde anterior, saludando con una gran sonrisa y abanicándose con dos billetes de avión que traía en su mano derecha. Entró hasta el salón mientras yo iba a por unas cervezas. Eran unos billetes para Kinshasa, me explicó cuando volví con los botellines. En Kinshasa había que esperar un par de días hasta coger otro vuelo que iba a Kamuzu en Malawi. Mi amigo Lorenzo es biólogo y está muy introducido en el mundillo universitario de los ornitólogos. Parece ser que se había creado un grupo de trabajo en Londres para anillar aves en el lago Malawi y mi amigo había sido elegido en este selecto grupo internacional. Como quiera que los gastos de sus desplazamientos estaban previstos para dos personas, puesto que muchos de los egregios biólogos que componen la expedición viajaban con sus cónyuges, fui invitado como pareja de hecho intelectual de mi amigo Lorenzo. Para mí la ornitología es una afición, no tiene nada de académico. Tengo un cierto conocimiento de las aves que pueden ser avistadas en España, en realidad soy un birdwatcher, palabra que en España no tiene traducción por una razón evidente: no lo necesita, porque por estos lares no hay nadie que dedique su tiempo de ocio a tan vano entretenimiento. Había trabajado con Lorenzo en varias ocasiones, en la laguna de Gallocanta, en el delta del Ebro y otros enclaves patrios en los que realizaba sus estudios, viajes que yo aprovechaba para realizar mis observaciones y grabar el canto de las aves. Pero lo que ahora me proponía era otra cosa. La cara de disgusto con que nos despidió mi mujer en Barajas no era suficiente para ocultar su auténtico regocijo al verse liberada durante unas semanas del vínculo conyugal.

jueves, 13 de marzo de 2008

Edificio colgado del cielo.


Ahora que hemos dejado atrás las elecciones y sus consecuencias podemos empezar a preocuparnos de las cosas importantes.



Hay una arquitectura que intenta deslumbrar mediante efectos grandilocuentes, digamos efectos de trazo gordo y otra más sutil que busca el efecto pero mediante una llamada al público inteligente, al observador curioso. Entre los primeros en España tenemos al arquitecto-ingeniero de Valencia-Zurich: Santiago Calatrava. Entre los segundos he visto cosas divertidas del portugués Alvaro Siza en el pabellón de Portugal de la Expo de Lisboa con una losa de hormigón finísimo, (que ocultaba un progresivo engrosamiento), que daba la impresión de que era apenas un lienzo de hormigón; o el museo de arte contemporáneo de Santiago de Compostela, donde presenta un vano imposible, engaño que en realidad es una obra apoyada perpendicularmente a lo que aparenta. El edificio del Caixaforum en Madrid de los suizos Herzog y de Meuron está en esta última onda. Central eléctrica decimonónica restaurada, parece que hubieran suspendido el edifico en el vacío, edificio de pesados muros de ladrillo que parecen flotar en una calle próxima al Paso del Prado de Madrid y que, para colmo, presenta un jardín vertical en sus inmediaciones.


En la foto parece como si las mujeres, asombradas, buscaran la explicación del prodigio de un edifico que no se sustenta en el terreno.



FOTOS: Transformación urbana: Herzog & de Meuron


martes, 11 de marzo de 2008

In memoriam

El día después

La derecha española está metida en un callejón del que no sabemos si va a salir o si nos meterá a todos en él.
Todo viene de lo que podríamos llamar el “error Aznar”. El error Aznar consistió en haber considerado en 1996 que el ciclo de la transición se había acabado y que ahora tocaba un ciclo reaccionario (una reacción a la transición) para dar marcha atrás y volver al franquismo (sin Franco) del que nunca deberíamos haber salido, según su extremada visión histórica. El deterioro del “felipismo” permitió que la derecha reaccionaria alcanzara el poder y su plan era mantenerse en él durante un periodo de tiempo tan largo que permitiera recuperar las bases franquistas que la transición se planteó desmontar. La segunda transición se llamó el libro del ex-presidente, que era una declaración de intenciones. Por eso la pérdida del poder en 2004 no fue asumida por la derecha, que dedicó cuatro años a atacar, sin importarles la forma, la labor de gobierno de Zapatero, rompiendo consensos de larga tradición en nuestro sistema democrático, como el apoyo al gobierno en la lucha contra el terrorismo. El mensaje furioso de esa oposición ha tenido, por fortuna, el resultado por todos conocido el pasado 9 de marzo. Este periodo está muy bien analizado en el libro colectivo: La derecha furiosa, de la editorial Sepha:
http://www.trasversales.net/df2005.pdf .
¿Sabrá la derecha española rectificar sus errores o adoptará la estrategia de sostenella y no enmendalla?.
En el caso más que probable de que se decante por lo segundo, tenemos un problema de difícil solución, al carecer de una alternativa viable al poder de la izquierda moderada.
Cabe pensar, por otro lado, que grandes sectores de la derecha española se encuentran sin representación, por cuanto que existe un público de derechas que defiende valores liberales y contrarios a lo que representó el franquismo que no puede encajar en las propuestas de Aznar, propuestas que en este último embate fueron presentadas por la figura de Rajoy.

lunes, 10 de marzo de 2008

Kap (en La Vanguardia)


¿Quién tiene la culpa de la derrota del PP ?
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LA VANGUARDIA, el diario más vendido en Catalunya. Copyright La Vanguardia Ediciones S.L. All rights Reserved

viernes, 7 de marzo de 2008

Sobre la manipulación política.

Oportunamente, Carlos Boyero escribe en El País sobre la manipulación política, ahora que estamos a dos días de las elecciones, y menciona la película Julio Cesar de Mankievich, con el impresionante monólogo de Marlon Brando haciendo de manipulador.




miércoles, 5 de marzo de 2008


martes, 4 de marzo de 2008

Los tercios

Una forma sociológica de entender España sería mediante la analogía de los tercios. No me refiero a los Tercios de Flandes del Duque de Alba, sino a que la población española se divide, entendiéndolo de forma simplista, en tres tercios: la derecha, el PSOE y el resto, donde entran los restos de la izquierda que quedan en IU, los nacionalistas, ecologistas y otros. El impulso centrífugo de la política hace que, en la práctica, esto tienda hacia el bipartidismo, pero esto no es real, está motivado por la ley electoral: en mi provincia nunca ha salido ningún diputado a Cortes que no fuera candidato de los grandes partidos y no parece que esto vaya a cambiar, para qué voy a votar a otro que sé que no va a salir. Quedarse en casa o votar a uno de los dos parecen las únicas alternativas.
España tiene un problema con la derecha que representa el PP. Este grupo que en la transición era un grupo minoritario que nunca consiguió hacer frente al reformismo de Suárez, se quedó con toda la herencia de la derecha de la noche a la mañana por culpa del desmoronamiento que sufrió la UCD. Pero existe una incompatibilidad entre la gente de derechas que promueve la democracia, la libertad, la participación de la gente en los asuntos públicos, que no son pocos y la gente de derechas que es simple y llanamente franquista. Conozco gente de derechas (incluso militantes del PP) que reconocen en privado que no soportan a estos franquistas y que echan de menos los tiempos de la UCD.
Después de encontrarse con los beneficios derivados del hundimiento de la UCD, el PP se encontró con los restos del naufragio del PSOE del tándem González-Guerra. Eso fue en las elecciones de 1996, las que dieron el triunfo al candidato franquista del PP, José María Aznar. Ahí vieron que podían ganar practicando una política de derecha dura, en el límite de lo democrático (con unas bases claramente franquistas que aceptan la democracia porque no les queda otro remedio pero a la que maldicen todos los días), aunque la primera legislatura tuvieron que ponerse la piel de cordero para gobernar con apoyos de CiU (cuando hablaban catalán en la intimidad).
Pero no ganaron por esa política, ganaron porque el electorado de izquierdas estaba asqueado de los episodios de corrupción y no acudía a las urnas. El 11-M no fue lo que hizo cambiar la intención de voto, fue la actitud del gobierno Aznar y de su beato ministro del interior, el abulense Acebes, mintiendo a todo el país, preocupados con no perder las elecciones, en lugar de enfrentarse al gran problema que su falta de previsión para frenar el terrorismo islámico había producido. Después de la infamia de la guerra de Irak, aquello fue bastante para que la gente fuera a votar. Lo de la abstención de la izquierda es endémico en España. En la república la izquierda ganó siempre que los anarquistas de la CNT-FAI no pidieron la abstención.
El error Rajoy ha sido seguir en esa línea dura, no admitir su derrota del 2004 y practicar una política intransigente y al borde de lo democrático. Sostener durante cuatro años que ETA estaba detrás de los atentados con toda su armada mediática detrás, vilipendiar al presidente porque negociaba con la banda, como había hecho Aznar en su etapa de gobierno, la guerra que han montado con Cataluña, para decir ahora que lo único que les interesa es la economía, toda vez que han visto con alegría como se desmoronan los indicadores económicos. Pero aún tenían una última baza de extrema derecha para ofrecer a su tropa: la inmigración. Sólo por esto último se merecen perder estas elecciones y que el electorado vaya a votar.

Desde aquí pedimos a nuestros miles de lectores que el próximo domingo vayan a votar. Que voten a lo que quieran, al PSOE, a IU, a los distintos nacionalismos, a los ecologistas o al Partido Anti-taurino (que también existe), a cualquier cosa con tal de no votar a ningún partido reaccionario y xenófobo como el PP.
Y el que no quiera votar a ningún partido que regale su voto a un inmigrante.

lunes, 3 de marzo de 2008

España en el Financial Times

Entre tanto reaccionario uno a veces piensa si no será un peligroso izquierdista, un rojo irredento. Bueno, resulta que el Financial Times piensa más o menos como yo sobre las cuestiones de la patria hispana. Claro que para eso son enemigos de la patria.
Hoy mencionan los periódicos una información del periódico londinense sobre la campaña española, pero buscando en los archivos (virtuales) me encuentro con un artículo del 23 de agosto, esos rellenos periodísticos del verano titulado: Exorcizar los demonios de la España franquista, que merece una rápida traducción para los miles de lectores de este blog.

Exorcise the demons of Francoist Spain.
David Gardner.
Last updated: August 23 2007 19:22
Visitado el 3 de marzo de 2008

Hay imágenes que dicen más que cien palabras. Como una imagen ampliamente reproducida esta verano en España: José Luis Rodríguez Zapatero, el primer ministro socialista, haciendo todo lo posible para estrechar la mano de Mariano Rajoy, líder de la oposición desde el Partido Popular, a la entrada del palacio gubernamental de La Moncloa. El Sr. Rajoy mira como pensando que no va a ser capaz de llegar al primer ministro; mira la mano extendida de Zapatero mientras se toca el reloj en su mano izquierda (o quizás se esté contando los dedos). Desde luego, según señalan los diarios, el apretón de manos se produjo.

Pero la sola duda de realizar un simple acto de educación (Piénsese en Yitzhak Rabin y Yassir Arafat en el porche de la Casa Blanca), es un acertada instantánea del lamentable descenso en la incivilidad de la vida pública española: marcada por la falta de moderación partidista que hace imposible cualquier punto de vista común sobre los intereses nacionales.

La cumbre entre los dos dirigentes fue otro fallido intento de alcanzar un acuerdo para luchar contra ETA, el miserable patio trasero del separatismo vasco que acaba de anunciar el fin de la tregua. Esta es una cuestión de estado que el PP bajo la dirección del Sr. Rajoy (y la de su predecesor, José María Aznar, el anterior jefe de gobierno), ha manipulado frecuentemente por razones partidistas.

Tanto la retórica como el fundamento de esta polarización va más allá de la baja política relativa al enfrentamiento partidista, para revivir el idioma visceral de “las dos Españas” de la guerra civil de 1936-1939.

Esta no es la forma de preparar algo como un conflicto armado. Es simplemente que los traumas de la conflagración fratricida están aún tristemente presentes, sin haber sido solucionados por la sobrevalorada transición de la dictadura franquista a las primeras elecciones democráticas hace 30 años.

Para empezar, esta falta de sutileza política es simplemente un tema de mala fe, malos perdedores y mala sangre.

En marzo del 2004, después del horror del estallido de las bombas en los trenes de Madrid que mataron a 191 personas, los españoles expulsaron sumariamente a un gobierno del PP que esperaba la reelección y una imperceptible transición entre el Sr. Aznar y el Sr. Rajoy. El PP lleva gritando su basura desde entonces, en un estridente y confuso intento de impugnar la legitimidad del gobierno (y presumiblemente también del electorado).

La única conspiración que tuvo lugar fue la atrocidad perpetrada por los jihadistas, principalmente magrebís, islamistas radicales influidos por al-Qaeda.

Los ciudadanos españoles no se estremecieron al confrontar con el hiper-terrorismo. Por el contrario: respondieron con un despliegue ejemplar de convicción democrática. Primero, más de 10 millones de personas llenaron las calles para repudiar a los asesinos. Después, se fueron en igual número a votar.

Normalmente, los ciudadanos se vuelven hacia sus gobernantes en momentos de una gran tensión social. La mayoría de los españoles no lo hicieron porque estaban indignados por lo que vieron como una manipulación de la tragedia por el Sr. Aznar y sus ayudantes, que insistían en que ETA era el culpable después de que pareciera irrefutable la autoría de los jihadistas. Parece ser que el Sr. Aznar necesitaba revalidar sus tácticas duras; en las previas elecciones la retórica inflamada del gobierno puso en contra a gran parte de los vascos pero supuso un aumento de votos en el resto de España.

El asunto debería haber acabado entonces. Los españoles sin duda juzgaron esta petulancia política como similar a las manzanas podridas de los socialistas cuando perdieron en 1996. En esa época, los socialistas se engañaron ellos mismos creyéndose víctimas de una conspiración de la prensa derechista, más que de la insolvencia política en estado de corrupción moral después de 14 años en el poder.

Pero como demuestra el juicio a los asesinos que sobrevivieron, esto no ha terminado. Los varones del PP no solo siguen manteniendo que los terroristas vascos tuvieron parte en los asesinatos sino que incluso tratan de introducir vagas evidencias para probarlo. Aquí hay una visión del mundo diferente.

Bajo el mandato de Zapatero, los socialistas han estado dispuestos a negociar la transferencia de mayores poderes a los gobiernos locales, como los catalanes, que piden las transferencias fiscales que los vascos ya disfrutan. España es más fuerte de lo que el aumento del federalismo asimétrico pudiera hacer pensar, pero esto se debe hacer con equidad. Por ejemplo, la solidaridad fiscal entre regiones ricas y pobres que hace que la nación se mantenga unida. El PP enarbola estas cuestiones, pero lo hace jugando con fuego: sacando los espectros del franquismo y de la guerra referentes a la ruptura de España.

Cuando el general José Mena Aguado, comandante de la armada española, el año pasado insinuó veladas amenazas de intervención si los catalanes conseguían más poder del que tenían, fue fulminado. Pero el PP pareció pensar que tenía un punto de partida, especialmente
haciendo referencia a los debates de 1932 sobre la autonomía catalana. Esto es reaccionario, en el más estricto sentido, y muy peligroso.

También resulta muy reveladora la hostilidad del PP a dos leyes conflictivas: la de “la memoria histórica” y la de la educación para la ciudadanía.

La primera quiere poner fin a la amnesia convenida en la transición post-franquista, según la cual los crímenes de la guerra civil y sus secuelas más vengativas debían ser olvidadas (y sus evidencias destruidas). Esto negaba un entierro decente a los miles de republicanos represaliados, cuyos restos están siendo excavados a lo largo de todo el país; alrededor de 500 fosas comunes se han encontrado solo en Andalucía. El PP está furioso, y tiene el apoyo de la Iglesia. Ellos prefieren la memoria selectiva.

Así, los obispos españoles pretenden la beatificación por el Vaticano este octubre de 498 “mártires” asesinados por republicanos anti-clericales en el periodo 1931-1939, que se añadirían de forma provocativa a los 233 mártires franquistas beatificados en 2001.

En el segundo litigio, la jerarquía ultramontana española sostiene que la educación para la ciudadanía “colonizará las mentes de los jóvenes”, especialmente al proponer la tolerancia hacia la homosexualidad. Muchos obispos anhelan un regreso a los tiempos de Franco, cuando el concordato con el Vaticano, (que haría llorar de envidia a los ayatollahs), daba a la Iglesia la facultad de crear y controlar las escuelas. También hizo del catolicismo la única religión y puso a los clérigos por encima de la ley.

La moderna sociedad española ha hecho meritos para algo mejor que la nostalgia por el nacional-catolicismo. Aunque el Sr. Zapatero ha actuado para llevar las leyes hacia la tolerancia de tal sociedad, España podría también hacerlo moderando el ala militante y jacobina del partido socialista. Los españoles que han afrontado sus emergencias democráticas con valentía y entusiasmo, imaginación y orgullo cívico, se merecen algo más de sus líderes.

Necesitan una derecha moderna, que vea España como un esfuerzo común, y no la lucha de todo cuanto sea posible para impedir el progreso de la ilustración.